Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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04/01/2012


Dèjá vu: del desbordado optimismo al fatalismo acelerado


Enrique Peña Nieto es un desaparecido en acción. Tras su diciembre desastroso, el candidato presidencial del PRI abandonó el sistema mediático para evitar nuevos traspiés que profundizaran su caída en las encuestas. Combinado con el milagro de la resucitación de Andrés Manuel López Obrador fundado en el discurso del amor, un nuevo escenario se dibuja cuando falta un largo semestre para los comicios. El mexiquense reedita el drama que ya vivieron en su momento Francisco Labastida Ochoa y Roberto Madrazo Pintado: el paso del desbordado optimismo en noviembre a un fatalismo acelerado conforme avanza la campaña. A Peña Nieto y la nueva dirigencia tricolor encabezada por Pedro Joaquín Codwell —el mismo que pidió a los priistas no hacerse bolas— les falta enfrentar lo peor: la designación de candidaturas a diputados federales y senadores, tanto de mayoría relativa como plurinominales. Los descontentos, como siempre ocurre, engrosarán las filas del movimiento lópezobradorista y fortalecerán su estructura territorial. Para el PRI, lo peor está por venir.


Hasta hace unas cuantas semanas López Obrador no aparecía en el radar de las elites financieras y políticas nacionales. El giro discursivo del tabasqueño, combinado con la serie de tropezones del tricolor, ya tiene un reflejo en las encuestas del CEN priista. La ventaja originaria de 20 puntos ya se redujo a un máximo de 12 y un mínimo de 8. Y además, falta la resolución del proceso interno del PAN del que todo indica —pese a los esfuerzos desesperados del presidente Calderón— que emergerá con la fortaleza de aglutinar a su partido. El escenario, de continuar un curso natural, prevé una batalla de tercios del electorado.


Los problemas de Peña Nieto se mueven en tres niveles diferentes. El primero es, para variar, la ausencia de cohesión al interior del partido, y también dentro de la coalición con Nueva Alianza. Pese a los esfuerzos de cordialidad, Manlio Fabio Beltrones no termina por dar su brazo a torcer. La entrega del CEN tricolor a uno de sus cercanos tras la caída de Humberto Moreira no selló el pacto, puesto que los beltronistas quieren posiciones en las listas a diputados federales y al Senado. El problema es que el acuerdo firmado con Jorge Emilio González y Elba Esther Gordillo reduce la asignación de candidaturas a grupos y a gobernadores.


Un ejemplo del despelote ocurre en el epicentro del proyecto del “Gel Boy”. Al gobernador Eruviel Ávila no lo calienta ni el sol porque en el convenio de coalición la segunda fórmula al Senado le fue entregada al Partido Verde. Y si tomamos en cuenta que existe un acuerdo para darle la primera al edil de Huixquilucan Alfredo del Mazo pues resulta que el gobernador del Estado de México, la mayor cuota electoral del país, se va a quedar sin senador. Por supuesto, ante tremendo atropello, Eruviel es el primero que desea ver a Peña Nieto hundido en el infierno.


Atropellos semejantes ocurren en todo el país como en los casos de Chiapas, Sinaloa y Puebla. La unidad, se sabe, es el ingrediente primario que asegura las victorias del tricolor. Y si los priistas de a pie están descontentos, varios gobernadores también. Manlio Fabio encabeza las muestras del descontento, poco futuro puede tener la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto.


La serie de pifias protagonizadas por el mexiquense en su diciembre horribilis, a su vez, tiene varios niveles. Una cosa es que Peña Nieto no sepa de autores o literatura. Otra es que no sea capaz de reunir neuronas suficientes para improvisar una respuesta en un escenario no controlado. Pero lo más grave es que su equipo de asesores carece de una estrategia básica de control de daños. Los Hermanos Limón, quienes ya hundieron a Javier López Zavala en 2010, ya demostraron que su empresa By Power carece de la envergadura para conducir la campaña del PRI. ¿Quién es el verdadero estratega del tricolor?
Por último, en su camino al despeñadero, el PRI encontrará un enemigo serio en el gobierno federal de Felipe Calderón que buscará ganar en la mesa lo que pierda en las urnas. La campanada de despojar al tricolor de su victoria en la alcaldía de Morelia es un anticipo de lo que puede ser la anulación del polémico triunfo de Fausto Vallejo en Michoacán. Lo único que pudo decir Enrique Peña Nieto fue que la resolución del Tribunal Electoral era una injusticia, y además, movilizó a un ejército de abogados para retener la gubernatura. A estas alturas, parece que Calderón encontró la forma de darle oxígeno a su hermana Cocoa. Si no es por las buenas, será por las malas.

 

Desunión en el tricolor. Desbanda de la militancia en la disputa de las candidaturas a diputaciones federales y senadurías. Un candidato escaso de neuronas. El gobierno federal activísimo en uso de sus recursos legales e ilegales para retener Los Pinos. ¿Cuántos siguen apostando por la victoria arrolladora de Enrique Peña Nieto?

 

 



 
 

 

 
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