Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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04/08/2011


Además de inquisidor, cazador de filtradores


Además del decreto que lo faculta a ejercer el derecho de réplica y presentar demandas por daño moral a nombre del gobierno de estado, Sergio Ramírez fue investido por el gobernador Moreno Valle de otro tipo de poderes, esto es, por decirlo de alguna forma, extraoficiales. El director de Comunicación Social, en sus funciones de Torquemada, se encargará de construir el Blindaje Periodístico de la administración. Esto es, perseguir y sancionar a los funcionarios acusados de filtrar información a los periodistas. Una especie de Buró de Asuntos Internos con capacidad de interrogar, cruzar información, cambiar adscripciones y, en última instancia, ordenar el despido. Fuentes del ISSSTEP narran que Ramírez Robles estrenó sus nuevas funciones, el Blindaje Periodístico, cuando corrió al Enlace de Comunicación del Organismo Jerónimo Morales, padre del también despedido hace unos días de la Secretaría de Salud, Fortino Morales, luego de que el director general Roberto Rivero Trewartha descubriera filtraciones de su oficina. Tras la investigación respectiva, el vocero del gobierno estatal ordenó su despido fulminante.


Las mismas fuentes refieren que el poder de Ramírez Robles ahora es al interior de la administración y a su exterior. En el segundo caso, actuando como Torquemada, Supremo Inquisidor de la Prensa Local. Y al interior, como la Fiscalía de Asuntos Internos con capacidad de ejercer una purga: abrepuertas, ujieres, choferes, secretarias, particulares, directores y hasta subsecretarios podrán caer en sus manos. Para la próxima semana, se dice, abandonará el gobierno estatal un número indeterminado de burócratas bajo la acusación de filtradores. Y con pruebas en la mano.


Las dos medidas tomadas por la administración morenovallista para dotar de nuevos poderes al titular de Comunicación confluyen en una clara limitación al trabajo informativo. Por una parte, contener las filtraciones que los periodistas reciben desde el poder. La otra, dotar de la personalidad jurídica necesaria a un funcionario, Sergio Ramírez Robles, para llevar a cabo todas las acciones legales para ejercer el derecho de réplica y, como ayer mismo lo definió, en los casos extremos presentar las demandas por daño moral. ¿Y qué se entiende por casos extremos? Aquellos, afirma Ramírez Robles, en que exista una calumnia evidente.


La información presentada por CAMBIO, Intolerancia y Puebla Online inmediatamente generó un gran debate en Twitter. Ramírez Robles prácticamente se enfrentó a muchos de los mejores periodistas y, en honor a la verdad, ninguno pudo realizar grandes argumentaciones. El debate fue pobre porque los periodistas poblanos no encuentran cómo combatir a un funcionario que no tiene miedo al golpeteo, sino que en realidad parece disfrutarlo, una cualidad que parece fascinarle a Rafael Moreno Valle.


El trabajo periodístico se complica en Puebla y los peores escenarios vienen a confirmarse. Pero como en muchas ocasiones he afirmado tomando la expresión de Julio Scherer, el oficio periodístico es rudo por naturaleza. El poder político nunca hace concesiones y abre sus compuertas para que los reporteros entren a olisquear. Su esencia es el secreto y la opacidad, se llame como se llame el gobernante. El oficio de periodista es derribar los muros que esconden todo aquello que el poder no quiere que la sociedad vea.

 

¿Que hay riesgos de demandas? Ello provocará un periodismo más riguroso y la distancia de los excesos a los que muchos recurren en ausencia de profundidad. ¿Que castigarán a los filtradores? Eso redundará en un periodismo de mayor investigación, documentado, que en el tradicional “me contaron”. ¿Que las condiciones han empeorado? Solamente para aquellos que no han renunciado al periodismo crítico. Los demás, cómplices con su silencio vergonzante, todavía esperan que les tiren mendrugos de pan.

 



 
 

 

 
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