Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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04/11/2010


Miguel Quirós Pérez, la mano detrás de Lastiri


La nueva dirigencia estatal del tricolor puede verse con los ojos del vaso medio vacío y medio lleno. Alguien sin duda ponderará la capacidad de inclusión mostrada desde el primer momento, su ascenso a la clase política estatal proviniendo desde una carrera regional que comenzó como alcalde de su natal Zacatlán, le siguió una diputación local, varios cargos administrativos, su culminación como diputado federal y la inclusión al gabinete como secretario de Desarrollo Social. El vaso medio vacío subraya su falta de preparación académica, un bajo nivel discursivo, la carencia de relaciones nacionales y, sobre todo, la falta de financiamiento para un partido que vivirá seis años de vacas flacas. Lo cierto es que Lastiri tiene dos ventajas evidentes: una, que su auténtico padrino político es un cuadro probado en la grilla local, uno de los legendarios cinco lobitos que surgieron en el sexenio del general Moreno Valle, don Miguel Quirós Pérez, quien atestiguó ayer en el Camino Real la unción de su ahijado favorito. Dos, que no es un invento sexenal a diferencia de Javier López Zavala; la carrera política de Lastiri tiene una ruta definida en los últimos 18 años, pues comenzó con Bartlett, creció con Melquiades Morales y se consolidó con Mario Marín. Gracias a ese largo recorrido ha trabajado con todos los grupos y no le debe todo exclusivamente a alguien, salvo al propio Miguel Quirós.


Los priistas todavía no resienten su andadura hacia el desierto que los espera el primero de febrero. Quizá no alcanzan a comprender que sus vacas flacas durarán por lo menos seis años. De alguna forma ven el lado optimista de la grave situación que enfrentan, pues creen que la parada presidencial del 2012 les dará el aire y dinero que necesitan con la hipotética victoria de Enrique Peña Nieto y la recuperación del Ejecutivo federal. Pero tal victoria hasta hoy es una hipótesis que, en caso de confirmarse, requiere que el PRI poblano, sus candidatos a senadores y diputados federales aporten una buena votación, pero es difícil que no sean arrasados por un gobernador que poseerá en exclusiva el manejo de los programas sociales federales y locales. De alguna forma, la cruda de la borrachera marinista será despiadada y al frente habrá un líder con buenos consejeros y experiencia en la operación electoral.


Pase lo que pase con Peña Nieto, el PRI poblano sufrirá la penuria de la pobreza por lo menos en el tramo 2011-2012. El partidazo que nació asociado al gobierno deberá aprender a vivir sin él, sin el control de la burocracia y los mecanismos de coacción a las organizaciones corporativas, sin vehículos, choferes, celulares, asistentes, papelería. Tampoco habrá el clásico embute o privilegios para mantener la lealtad de los medios de comunicación, y lo que más extrañarán será el manejo de los programas sociales que permitían la manipulación de los pobres. En los años ochenta, Gabriel Zaid se preguntaba si habría vida sin PRI. La misma pregunta tendrán que hacerse en el 2010 los tricolores poblanos.


Lastiri es la última imposición de Mario Marín, pero por su animada recepción pareciera que no. La mano que Enrique Doger siempre le negó a Javier López Zavala rápidamente se la extendió al ya ex secretario de Desarrollo Social, al igual que lo hicieron Ignacio Mier y Luis Antonio Godina. Quizá porque, aconsejado por su mentor Miguel Quirós Pérez, mantuvo una disposición a conciliar que el ahora mozo de Murillo Karam siempre rechazó. Los comentarios mordaces y despectivos del ex alcalde se transformaron en bromas pesadas sobre el apodo de “Campesino Holandés” que siempre acompañaron a Lastiri, pero el ambiente es nuevo y se notó ayer en el evento del Camino Real.


Decíamos que Lastiri es la última imposición marinista, pero la mayoría de los grupos saben que no será un adicto a Mario Marín. Es cierto que deberá defender su gestión, pues formó parte de ella la mayor parte del sexenio. Pero dado que su carrera política le permitió entrar en contacto con todos los grupos, no se la jugará a muerte con el hecho de que Marín o Zavala busquen la senaduría.


Lo mejor es que el nuevo dirigente parece entender el papel de oposición que jugará el PRI a partir de febrero del 2011 y que se basará en los pocos ayuntamientos de peso que pudieron salvar del naufragio, como San Martín Texmelucan o Teziutlán, y una presencia importante en el Congreso local en la que las divisiones entre Enrique Doger, Víctor Hugo Islas, Jesús Morales Flores y José Luis Márquez pueden pulverizar la bancada.


Por último: algo que se puede regatear a Juan Carlos Lastiri es reconocer su valentía, pues ofrecerse a conducir un partido en tiempos de desgracia, pobreza y orfandad es digno de alabarse. A soportar seis años de cruda tras la bacanal del marinismo.

 

 



 
 

 

 
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