Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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05/01/2012


Alcalá quiso pasarse de lista y quedó como tonta


Si Javier López Zavala vive en el estado demencial de gobernar un lugar imaginario denominado Zavalandia, Blanca Alcalá sufre el trastorno de la negación de la realidad. Ambos son dignos candidatos, pero a un psiquiátrico. El candidato fallido a la gubernatura no sorprende a nadie con sus barrabasadas, pero cada vez va más lejos en la osadía de su ignorancia. La exalcaldesa —quizá— sufre una condición agravada al creer que puede abanderar una candidatura al Senado cuando tiene cuentas pendientes con el Órgano Superior de Fiscalización por su ejercicio 2010 y los 45 días correspondientes al 2011. Sólo en su cabeza puede creer que Enrique Peña Nieto se va a arriesgar a que a media campaña estalle un escándalo por los irregulares gastos en obra pública ejecutada por Alcalá. Pero parte de su ingenuidad es fingida, al igual que su discurso cursi sobre la igualdad de género en la asignación de candidaturas. Además de su poca palabra, lo peor es que se cree más inteligente que el gobernador Moreno Valle. Pero no lo es.


Sabedora del doble juego que tuvo con el morenovallismo y los riesgos que corre, Alcalá tuvo una idea genial para darle la vuelta al pago de facturas. Durante los últimos meses de Víctor Manuel Hernández Quintana al frente del OFS y con el apoyo de la mafia de contadores encabezada por Armando Garcés Cozar —su tesorero— logró colar a Adrián Albicker en el organismo. ¿Y quién es él? Nada más y nada menos que quien fungió como su director de Egresos en todo el trienio. En efecto: quien hizo los pagos irregulares se coló al OFS como un topo para arreglar las cuentas finales del Ayuntamiento. El crimen perfecto. Hasta que Alcalá fue descubierta con las manos en la masa tras la destitución de Hernández Quintana y la llegada de David Villanueva.


Las medidas correctivas fueron tomadas oportunamente. Y tan triste es el destino de Blanca que hoy ni siquiera conoce el pliego de observaciones por su cuenta pública 2011. Es decir, no tiene a manos los elementos para una posible defensa, a excepción de las cifras contenidas en el dictamen de entrega-recepción elaborado por el regidor Pedro Gutiérrez y que ascienden a los 700 millones. Alcalá tiene tendida la cama. Y ni las manos podrá meter. Vive en un limbo tortuoso porque ni siquiera tiene en sus manos la primera notificación que abre el procedimiento. No es necesario dispararle a quemarropa o ponerla tras las rejas. La sola incertidumbre sobre sus cuentas públicas cancela cualquier aspiración. A menos que Peña Nieto quiera un incendio en plena campaña.


Javier López Zavala es un político profesional que busca trascender la condición de invento sexenal que lo llevó a perder la gubernatura. Con evidentes capacidades como operador electoral y con derecho de picaporte en Casa Puebla para coadyuvar en negociaciones legislativas y con alcaldes, pierde seriedad cada vez que pronuncia barrabasadas como aquella de atribuirse los logros del gobernador Moreno Valle durante su primer año de gobierno. Soberano de una tierra imaginaria llamada Zavalandia, provoca la hilaridad de aquellos que pretende lo tomen en serio.


Sus dislates verbales hacen aún más compleja una eventual candidatura al Senado, aunque nadie le niega como premio de consolación una diputación federal en la lista plurinominal. Su trabajo como operador de campo en elecciones como en Guerrero, Estado de México y Michoacán le han granjeado un cierto aprecio y presencia en el Comité Ejecutivo Nacional. Poco a poco se desprende de la etiqueta de “hijo de Marín”. Pero sus limitadas capacidades verbales y poca preparación intelectual lo hace una presa fácil para Manuel Bartlett Díaz y Javier Lozano Alarcón.

 

Blanca Alcalá, pese a tratar de pasarse de lista con el gobernador Moreno Valle, vive en un estado cercano al limbo. Javier López Zavala puede seguir gobernando Zavalandia y rendir tranquilamente su imaginario Primer Informe de Gobierno en esa tierra fértil. A Juraidini lo conoce el 1 por ciento de los poblanos y a Fernando Morales Martínez el 2 por ciento. Si el PRI quiere tener un candidato competitivo, con galones para enfrentarse a dos figuras nacionales como Bartlett y Lozano, además de rescatar a Aréchiga del inframundo, no hay otros que los tocayos Enrique Agüera y Enrique Doger. Todo lo demás es digno de un loquero.

 



 
 

 

 
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