Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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05/07/2010


La triste historia de una gubernatura perdida a manos de la soberbia


Y al final, gobernador no puso gobernador, aunque en su infinita soberbia Mario Marín pensó que podía quebrantar tal ley histórica. Si suya iba a ser la victoria, es completo propietario de la derrota. Fue él quien garantizó ante las instancias nacionales de su partido que su doble delfinato arrasaría en los comicios. No pudo lograrlo, y ahora acarreará el desprestigio de ser el primer gobernador priísta en entregar el poder a la oposición tras 80 años de hegemonía. En Tiempos de Nigromante te fuimos los primeros y únicos en escribirlo: en la capital del estado habría un tsunami que arrastraría en primera instancia a Mario Montero y con él los distritos de la capital. También fuimos los únicos en comentar que la ventaja original de 23 puntos se redujo y redujo progresivamente a un nivel mínimo de 4 puntos al finalizar la campaña, y que la tendencia a la baja de Javier López Zavala nunca pudo detenerse. También a tiempos advertimos un “factor de desviación” en las encuestas, una corrección en la realidad de 10 puntos siempre a favor de la oposición provenientes en parte de los indecisos y de los priístas traidores. A lo largo de ayer todos los factores se mezclaron para producir una debacle que pocos quisieron ver.


Hace una semana escribimos que en la capital se preparaba un tsunami a favor de la Alianza Opositora, y que de su tamaño dependería el resultado final de la lucha por la gubernatura, ya que si la ola se desbordaba el colchón del interior del estado no sería suficiente fuerte para hacer resistir a Javier López Zavala. Sugerimos construir diques alrededor de la capital para evitar una desgracia, y dejar de engañar a los candidatos con cifras falsas y halagos de victoria. La sugerencia fue desoída y ayer a primeras horas de la mañana Montero ya perdía por 17 puntos la capital según las encuestas de salida de Indicadores y CISO. Al finalizar la jornada apenas logró remontar 3 puntitos, y para sorpresa de casi todos, Eduardo Rivera Pérez será el próximo alcalde y sucesor de Blanca Alcalá, una priísta que deberá entregar el gobierno a un panista y que, por si fuera poco, verá indefensa su cuenta pública en manos de un Congreso dominado por la oposición. Nadie podrá defenderla porque su yerno Chumacero fue arrasado, al igual que su recomendada Mónica Barrientos.


Ya entrada la tarde, en el cuarto de guerra zavalista la ira corría en contra de Mario Montero a quien se pretende convertir en el villano histórico de la derrota. ¿Eso puede explicar el fenómeno inédito de que por primera vez en la historia el candidato a la gubernatura tendrá menos votos que los candidatos a diputados y alcaldes?  De acuerdo con los datos del PREP disponibles a las 2 de la mañana, Javier López Zavala apenas tiene 668 mil votos, frente a 679 mil de los abanderados a la diputación y 689 mil de los candidatos a presidentes municipales. Es decir, el candidato a la gubernatura tiene 10 mil votos menos que los diputados y 20 mil votos menos que los alcaldes. ¿Hubo un error en la selección del candidato tricolor a Casa Puebla?


No lo sabemos hasta que se termine el cómputo oficial, pero lo cierto es que Javier López Zavala fue un candidato que jamás pudo conectar con las zonas urbanas pese a su popularidad en las áreas rurales. Su perfil y propuesta jamás pudo adaptarse a la de un electorado educado y crítico. No es gratuito que de acuerdo al PREP se pierdan 18 distritos electorales, coincidentemente de las cabeceras urbanas más importantes del estado.  También lo advertimos a tiempo: Rafael Moreno Valle comenzó a crecer en la zona metropolitana y la capital a partir de la propuesta de cumplir con sus promesas o irse. La estrategia del PRI diseñada por Alejandro Armenta  apostó todo a la famosa estructura que los hizo ganar en 2007 y 2009, y declinó luchar por el electorado switcher urbano. Resultado: la Alianza Opositora obtuvo 300 mil votos en la capital y Zavala no pudo ni siquiera llegar a los 200 mil, pues se quedó en 180 mil. La diferencia nada más fue de 120 mil votos, más que suficiente para asegurar Casa Puebla.


Dicen que la soberbia es el pecado de los dioses. Marín, el Dios Mortal, fue ciego por soberbio. La primera llamada la recibieron una semana antes con el llenazo de la Alianza en el Estadio Cuauhtémoc. Las pruebas del tsunami fueron desdeñadas y incluso hubo quien atribuyó al photoshop las fotografías. Armenta, sin embargo, mantuvo una fe ciega en la estructura. ¿Qué pasó con ella? A vuelo de pájaro parecería que cumplieron con sus metas tradicionales: es decir, obtuvieron poco más de los 600 mil votos, más de lo obtenido en 2007 y 2009. ¿Qué ocurrió entonces? Pues que fuera de los priístas duros, nadie se entusiasmó con Javier López Zavala.


De Marín eran los sueños de grandeza y de Marín serán las pesadillas de la derrota. Y además, de su burbuja de funcionarios que todavía una semana antes exudaban confianza y alcohol en cada encuentro. El gobernador pasará seis meses terribles imaginando su entrega-recepción y las consecuencias legales del despilfarro sexenal. Desde ahora, en la picota, se encuentran Javier García Ramírez, José Antonio López Malo y Gerardo Pérez Salazar, autores demoníacos de robos sexenales y mitos geniales como la renovación de la Atlixcáyotl, La Célula, el Centro Expositor, el Hospital del Norte y tantas y tantas obras más que ahora los harán motivo de persecución.


Adiós maximato mío y proyecto transexenal podría firmar. Marín no pasará a la historia política poblana como un patriarca supremo, y por supuesto, puede olvidarse de una carrera política nacional o una candidatura al Senado. Le falló a Peña Nieto, a Beatriz Paredes y a Manlio Fabio. Todos, en su momento, lucharon por hacerlo reconsiderar por opciones mejores a la gubernatura o la alcaldía. En especial esta última, pues si el candidato a la gubernatura tenía el perfil de priista tradicional el abanderado a presidente municipal debía gustar al electorado switcher. Tras vetar a Doger por su fobia personal y hacerse responsable por la nominación de Montero de todo dictó su apuesta grañidísima: ganar todo o perder todo. Y perdió todo.


Y ahora, en sus pesadillas, Marín verá con vida a sus dos peores enemigos en la vida. Rafael Moreno Valle será su sucesor y quien limpiará la casa, ayudado por Enrique Doger, quien negoció la primera plurinominal para asegurar la llegada al Congreso. En una carambola de la vida, el único que podrá ayudar  a Blanca Alcalá en el congreso es Doger.


Un nuevo orden se acerca junto con una nueva clase política. Los apellidos Montero, Marín, Meneses, Pérez Salazar, Armenta, Carmona y tantos más darán paso a los Manzanilla, Banck, Aguilar, Castañón, Gali, Riestra, Rivera, Rodríguez. Las transformaciones del sistema política serán sustanciales y tenemos tiempo para detallarlas. Pero los primeros impactos, seguro, se sufrirán en el Poder Legislativo y Judicial.

 

Puebla tiene la sacudida que necesitaba. Y sin embargo, muchas preguntas quedan en el aire para determinar las razones auténticas de la derrota de Javier López Zavala, arrastrado por la soberbia de Mario Marín, a quien esperan seis meses infernales y un intenso cabildeo para recuperar en el Tribunal del Poder Judicial Federal una gubernatura que perdió al privilegiar sus intereses personales y no los perfiles idóneos para ganar.

 



 
 

 

 
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