Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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05/07/2012


Los lamentos son el lenguaje de la derrota


Si es cierta aquella frase que dice que se aprende más en las victorias que en las derrotas, Ana Teresa Aranda debe ser una enciclopedia humana.


Nadie más que ella acumula fracaso tras fracaso en la vida política de la entidad.


Su porcentaje de fiascos es mayor que el de Javier López Zavala, lo que ya es mucho decir.


En los noventa perdió la alcaldía de Puebla.


En 1998 la gubernatura, cuando se le puso enfrente Melquiades Morales Flores.


La transición democrática le trajo una buena época cuando ella, que sólo estudió para secretaria ejecutiva, llegó a la burocracia dorada federal. Primero como directora del DIF y luego un año en Desarrollo Social, dependencia de la que salió vapuleada.


El calderonismo fue una mala etapa para ella.


Regresó a Puebla para sumar más fiascos a su larga carrera de despropósitos.


Toño Sánchez Díaz de Rivera le arrebató la candidatura a la alcaldía en 2007. Su partido ni siquiera le tiró una migaja en forma de regiduría.


Luego se sintió con la capacidad de disputarle a Moreno Valle la candidatura del PAN a Casa Puebla.


Como no tiene estructura ni lealtades, fue literalmente arrasada.


Nunca una gran boca, ni una lengua larga, han hecho ganar campañas políticas.


Con el rencor a flor de piel se dedicó a despotricar en contra del gobernador electo.


En 2012 estuvo a punto de resucitar cuando el equipo de Ernesto Cordero la reclutó en la interna panista para convertirla en la anti-Chepina.


Incluso el día del lanzamiento de la precandidatura le dieron chance de dar un discurso.


Pero se fue de la boca otra vez en contra del gobernador y Ernesto Cordero la defenestró.


Buscó entonces una candidatura plurinominal al Senado. Con el apoyo del resentido Juan Carlos Mondragón consiguió el lugar 12 de la lista nacional.


Entonces la Liga de la Justicia —los periodistas ligados a Mario Marín— la convirtieron en la heroína de su película, papá.


Predijeron que con un escaño haría sufrir de lo lindo al gobernador.


Esos periodistas no saben de matemáticas electorales.


Mario Alberto Mejía y yo les advertimos que no llegaría al nuevo edificio de Insurgentes.


El nuevo fiasco de Ana Teresa Aranda se confirmó ayer, puesto que con el 25 por ciento de los votos al Senado, no le alcanza para su escaño.


Presurosos en el recuento de los daños, a la Liga de la Justicia se le olvidó mencionar a su heroína como la Gran Perdedora.


Si en el PAN pretenden un proyecto de refundación, harían bien en preguntarse qué ganan manteniendo en sus filas a personajes como Ana Teresa Aranda.


No aportan votos. Ni estructura. Ni carisma. Ni operación. Ni estrategia.


Su única ¿virtud? es una lengua incontrolable.


La misma que la ha impedido ser presidenta municipal.


Gobernadora.


Y ahora senadora.


¿Qué nuevas derrotas le esperan a Ana Teresa en el futuro?


¿Cuántas veces más se prestará a ser humillada al interior del PAN?


¿El desempleo y el hambre la harán más humilde?


¿Hasta cuándo seguirá peleando contra los molinos de viento?


No se pierda los próximos capítulos de una saga interminable.

 

La historia sin fin de la Mariscal de las Derrotas.

 

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