Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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05/10/2010


El final del trayecto para los amigos Agüera y Marín


Se despiden tras compartir seis años de proyectos, ilusiones y derrotas comunes


—Crónica—


El cambio de dirección en el viento político no fue obstáculo para que Enrique Agüera permaneciera fiel a sus lealtades. Con entereza y viendo de frente a Fernando Manzanilla, el rector no regateó agradecimientos a Mario Marín por todo el apoyo que la UAP recibió en su sexenio. No escamoteó ni una palabra de las mismas que le dedicó a lo largo de seis años. Eso sí, inmediatamente giró en el aire para dirigirse al coordinador del equipo de transición y enviarle al ausente gobernador electo un mensaje de cordialidad y ofrecimiento de trabajo conjunto. Ofrecimiento que hizo extensivo a Eduardo Rivera y al resto de las autoridades electas. Y es que en sus largos, larguísimos nueve años de rectorado, Agüera será, fue, anfitrión de dos gobernadores. Uno priísta, cercanísimo, generoso con la Universidad de la que egresó. Otro, el de la oposición, apenas enfrentará la prueba del tiempo.


El proscenio señalaba el primer informe de Agüera para el periodo 2009-2013. Pero en los hechos, se trata ya del sexto. El primero correspondió al interinato de Enrique Doger, su tocayo ausente por la conflagración sin sentido de hace una semanas pero que, en su ausencia, marcó el conflicto latente, la guerra fría. Los cuatro de su primer periodo y, ahora, el primero tras la reelección. En un sexenio la UAP ha mudado su rostro. Y sus formas. Y sus expectativas. Incluso sus escenarios. Lejos, muy lejos queda la primera ocasión en que Agüera rindió cuentas en el viejo, viejísimo auditorio Glockner de la Facultad de Medicina.


Nadie duda que el Complejo Cultural Universitario fijará el rectorado agüerista en la memoria colectiva de Puebla. Una vez más lució magno, magnífico, engalanado ahora con una escultura de Romero Britto, el artista plástico de moda. Pero algo se notaba extraño en el ambiente. El aire gélido heló también la pasión política. De alguna forma, con su despedida de la UAP, Mario Marín ensayó su propio final. Ese que lo aguarda inevitablemente para el 15 de enero en su último informe de gobierno. Los vientos soplan en dirección contraria a la que se marcó a lo largo de seis años.


Fue el informe de los nombres que se van y de los hombres que llegan. Los antaño poderosos se desplazan discretamente a la derecha, como Javier López Zavala y Mario Montero, arrumbados en un rincón de la segunda fila. Fue el informe de los poderosos debutantes, de los nuevos atractivos para camarógrafos y fotorreporteros. Como Fernando Manzanilla, ocupando el centro de la escena en representación de Moreno Valle y repartiendo saludos amables. Como Luis Maldonado Venegas, también en primera fila junto a Eukid Castañón, que no paraba de sonreír. Y, por supuesto, del gran intelectual poblano Pedro Ángel Palou, quien carga una estrella que no puede con ella.

 

***

 

No fue una buena tarde para la política. O para la grilla tradicional. Enrique Agüera soportó estoicamente la losa pesada que significa hoy presentar públicamente a Mario Marín. Lo que un día se gozó, hoy se sufre. Al estoicismo de la coyuntura debió agregar el fantasma de las acusaciones al que lo sometió un pasquín digital hace semanas, y que luego se tradujo en un golpe de Televisa. Las acusaciones, sin embargo, un día cesaron sin que nadie diera explicación. Pero con sus reiteradas menciones a la transparencia presupuestal de la Universidad y a las numerosas auditorías realizadas por la ASF, el leit motiv principal del informe trajo una y otra vez a la memoria de los presentes el golpe sufrido.


Tampoco fue un buen día para los aspirantes a suceder a Enrique Agüera, a quien se le movió el tablero de su sucesión. El tesorero Alfonso Esparza vestía un traje negro que más bien parecía gris, inevitablemente gris. Sentado junto a Pepe Doger, ocupó el lugar destinado a Enrique Doger, quien con su ausencia hizo patente que el conflicto permanece latente. Que no hay paz entre los tocayos y que un día de estos inevitablemente nos encontraremos con otra guerra. No hubo pasarela porque el resto de los posibles no figuró: ni Jaime Vázquez, ni Pedro Hugo Hernández Tejeda, y menos Manuel Sandoval.


Tras una primera presentación de los logros del año, en la que Agüera resaltó el crecimiento espectacular de la planta física y la incorporación de los programas de licenciatura y posgrado al padrón de calidad de la SEP federal, se dio paso a un video que evocó los spots del salinismo. Con historias bien narradas y filmadas sobre el impacto de la UAP en la vida de las personas, poco faltó para que un personaje de ficción gritara “Don Beto, don Beto, ya tenemos carretera”.


El Informe de los que se van. Un ensayo macabro de a los que el 15 de enero ya no les espera ni el saludo. Los apellidos López Malo, Meneses, Pérez Salazar, Carmona. Salvo Melquiades Morales, el resto de los priístas fue arrumbado como juguete viejo, de esos que ya no sirven. El colmo fue sentar juntos, en segunda fila, a los grandes perdedores del 4 de julio, Zavala y Montero. Montero y Zavala. Los nombres de la derrota.


Marín agradeció el gesto de su amigo Agüera, pues nadie mejor que él sabe que su apellido ya no da lustre. Recordó todo el dinero que destinó a la Universidad, el crecimiento del proyecto de regionalización y subrayó que todo el apoyo se había dado en el marco de la ley. Como si alguien lo dudara.


Fue una tarde gris porque no había expectativa. Hace un año el nombre de Agüera todavía sonaba como un posible plan B en la sucesión marinista, y su futuro parecía esplendoroso: lo esperaba el Palacio de Xicoténcatl, mínimo el Palacio Municipal y, quizá, un día la residencia de Los Fuertes. Sin embargo, el cambio de dirección de los vientos políticos también le pasó factura al rectorado, creando incertidumbre alrededor de su futuro. En lugar de mirar al futuro, terminó su doctorado y posdoctorado mejorando sus credenciales académicas.


La falta de expectativa redunda en las ausencias. A la hora de los agradecimientos, los invitados se percataron de que los tres rectores más importantes de las universidades privadas decidieron ausentarse, pese a que hace unos meses trabajaron codo a codo en el proyecto de “Actívate por Puebla”. No estuvieron ni Luis Ernesto Derbez, ni Alfredo Miranda y tampoco el de la Ibero. Se quedó en el aire la duda si fue un complot o pura casualidad.

 

***

 

Los fríos vientos de la transición no están para salutaciones ni alegrías. Tan pronto el secretario general dio por terminada la sesión solemne del Consejo Universitario, los nombres que se van emprendieron la graciosa huida, y sólo los más cínicos se quedaron esperando el final de la entrevista que los medios hacían a Fernando Manzanilla. Tímidamente se acercaban, al estilo Jorge Morales Alducin, para pedir una cita. El hombre del cuarto de máquinas, como lo definió el gobernador electo, no rechazaba ninguna mano. A nadie veía mal, pero tampoco daba certezas.

 

Marín salió del Complejo Universitario tal y como entró: acompañado, escoltado, por su amigo Agüera, quien nunca renegó de su amistad pese a los costos que pueda pagar por ella. Los une el recuerdo de los días de vino y rosas. Pero también los une un último adiós.

 



 
 

 

 
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