Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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05/10/2012


Megacoalición en 2013, ¿para qué?


El periodismo de fobia que practican varios medios y columnistas de Puebla volvió a equivocarse: aunque festejaron la supuesta derrota del morenovallismo en la integración del Consejo Estatal del PRD e incluso la dieron como noticia principal, la realidad los puso en su lugar. No sólo ganó, sino que se llevó todo al precio de 2X1: se quedó con la dirigencia y la secretaría general del Sol Azteca. Con Eric Cotoñete y Julio Rendón, nombramientos acordados con el todopoderoso Luis Miguel Barbosa, se asegura el nacimiento de la nueva megacoalición que cobijará al morenovallismo para ganar la alcaldía de Puebla y el Congreso local. El escenario para competir con la maquinaria del tricolor, que será impulsada por el gobierno federal de Enrique Peña Nieto, empieza a fortalecerse.


El Gran Paquete de Negociación con Acción Nacional, que incluye las candidaturas a regidores y diputaciones para el Yunque, minaron la resistencia a participar en la nueva megacoalición. La postura de rechazo de Juan Carlos Mondragón, así como de Eduardo Rivera, se diluyó tras las pruebas contundentes de la ingeniería electoral: sólo un enfrentamiento bipartidista entre la nueva megacoalición y la aplanadora tricolor puede darles esperanzas de supervivencia. La fragmentación de fuerzas políticas, inevitablemente, da un escenario ganador al PRI.


Las cúpulas del PAN, PRD y Compromiso por Puebla —el partido del morenovallismo— ya entraron a la lógica de la megacoalición. No así sus militantes, que no ven los beneficios de prestar sus siglas y organizaciones a candidatos que no se comprometen con sus ideologías y tampoco les dan trabajo, la principal denuncia de los panistas en contra del gobierno morenovallista en los dos primeros años de gobierno.


Megacoalición, sí, pero para qué. La radiografía del gobierno estatal no es coherente con la conformación de Compromiso por Puebla. Aunque Acción Nacional fue el partido mayoritario, solamente se llevó dos secretarías, con Pablo Rodríguez Regordosa y Myriam Arabian. En el trayecto gubernamental Fernando Manzanilla se afilió al partido, pero no puede considerarse que la Secretaría General de Gobierno sea patrimonio del PAN porque los propios panistas rechazan identificarse con el titular. Tras la salida de Arabian, el albiazul se quedó con una sola posición, que luego recuperó con la llegada de Salvador Escobedo Zoletto.


Al PRD le fue peor: no tiene ni siquiera una secretaría, aunque se le creó un fantasmal Instituto de Apoyo a los Adultos Mayores que nunca operó realmente. Al final a Miguel Ángel de la Rosa le dieron su premio de consolación con la Subsecretaría de Vinculación Institucional en la coyuntura de la elección presidencial.


Si al PRD le fue mal, a ex Convergencia le fue peor. Al arranque del sexenio se vendió a Luis Maldonado Venegas como la carta naranja en el gabinete, aunque el exdirigente nacional se encuentra bastante alejado del partido. José Juan Espinosa fue declarado enemigo del morenovallismo desde el arranque del sexenio, todas sus negociaciones se vinieron abajo e incluso fue protagonista de uno de los mayores escándalos con la extorsión a la alcaldesa Lolita Parra. Apenas hace unos meses se reintegró al rebaño y ahora defiende en la tribuna del Congreso las iniciativas del grupo en el poder.


Las militancias de los partidos que integraron Compromiso por Puebla tienen la razón en su malestar de participar en una nueva estafa de sus siglas. La pregunta es válida: ¿megacoalición para qué? O en otras palabras: ¿megacoalición para beneficiar a quiénes?


Los morenovallistas tienen una respuesta a la mano: Compromiso por Puebla tuvo sentido en 2010 porque su objetivo no era una ideología o compromisos de gobierno. Su única finalidad fue derrocar la tiranía de Mario Marín. Y el argumento funcionó de manera eficiente.


Pero la nueva megacoalición no podrá tener como argumento derrotar al marinismo. ¿Entonces qué tipo de fundamento tendrá? ¿Compromisos ideológicos, programáticos o de beneficiar a ciertos grupos? ¿Y qué pasa con las militancias de los partidos que prestarán sus siglas? ¿Cómo se conformarán los gobiernos emanados del nuevo engendro multipartidista?


El morenovallismo tendrá otro problema en la integración de la nueva megacoalición con el Panal, porque su participación no se ve nada clara. Parece claro que Elba Esther Gordillo tiene una alianza directa con Peña Nieto porque los diputados del partido magisterial votaron a favor de la reforma laboral. ¿Nueva Alianza irá contra el PRI en 2013? Tengo mis dudas.


La nueva legislación electoral establece que por primera vez podrán existir coaliciones parciales y no totales como en 2010, lo que abre rendijas para que los partidos vayan juntos en algunas diputaciones y alcaldías, y otras no. Pero tales coaliciones parciales producen confusiones al electorado como le ocurrió al PRI y al PVEM, tanto que los llevó a perder la mayoría en San Lázaro.

 

Sí: el acuerdo de paz en el PAN, más la llegada de Cotoñeto al PRD, pavimentan la creación de la nueva megacoalición del 2013, pero no por ello resuelve el rompecabezas de integrar a las cúpulas y militantes que terminaron con mal sabor de boca con lo ocurrido en 2010.

 

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