Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
[email protected]
[email protected]


05/12/2011


El tobogán: Moreira y #LibreríaPeñaNieto


Enrique Peña Nieto tuvo un mal fin de semana. El peor, desde que se instauró aquel pensamiento único que lo ve como Presidente cuando faltan todavía siete larguísimos meses para los comicios. Rápidamente ha conseguido diferenciarse de sus predecesores derrotados Francisco Labastida y Roberto Madrazo: quedarse sin dirigente nacional del PRI días después de consolidar su candidatura. Y exhibirse como un burro redomado ante la opinión pública nacional e internacional, confirmando aquellas sospechas nunca negadas de que se trata de un personaje hueco y pueril. Otra sospecha vendría a confirmarse: que el exgobernador del Estado de México tiene una quijada de cristal. Es decir, que en escenarios no controlados por su staff sufre riesgos altísimos de cometer errores fatales como aquél de la Feria Internacional del Libro. La caída de Moreira, #libreríaPeñaNieto, la silla vacía del CEN, los alborotos por la coalición con Elba Esther comienzan a configurar la teoría del tobogán: un hundimiento espectacular a velocidad de crucero.

 

En tiempos en los que se cuestiona el futuro de los periódicos, el diario Reforma se llevó, solito, la cabeza de Humberto Moreira. El bragao exgobernador de Coahuila se le quitó lo entrón y echado para adelante cuando dio el salto a la política nacional. Enrique Peña Nieto hizo cuanto pudo sostenerlo porque él fue quien lo llevó a Insurgentes Norte. Su caída es una derrota exclusiva del Gel Boy, quien eligió mal a quien habría de conducir el partido en sus proyecto de retorno a Los Pinos. Nunca se sabe si el mexiquense tenía la información suficiente sobre el tremendo desfalco en Coahuila, una historia que tiene tela para cortar porque se prevé que la PGR ejerza acción penal por delitos financieros. Malo si Peña Nieto calculó que el escándalo no les haría daño, y peor si le tomaron el pelo y nadie le informó los malos manejos en Coahuila.


Moreira se fue pero en ausencia seguirá dañando a Peña Nieto y a su campaña presidencial. Sus enemigos tienen más elementos para sostener la tesis de que el nuevo PRI no existe más que como una continuación del viejo PRI y sus excesos. Además del problema mediático, abre una nueva brecha a la delicada unidad interna. Tan pronto se filtró la renuncia de Moreira al CEN, también le acompañó el acuerdo para designar como sustituto a Pedro Joaquín Coldwell, un hombre de la vieja guardia salinista, quien se quedaría al frente del partido. Pero en cuestión de minutos la decisión cambió y se abrió un interregno que ocupa por prelación Cristina Díaz en lo que los grupos se ponen de acuerdo. Pero las cosas no tienen buena pinta. ¿Qué ocurrió?


Bueno, lo más normal del mundo: el grupo compacto de Peña Nieto no quiere ceder la Presidencia del CEN a un personaje vinculado actualmente a Manlio Fabio Beltrones bajo el argumento —muy razonable— de que los hace vulnerables a una traición. Según ellos, un peñanietista puro debería ocupar la silla rota. El problema es que el Gel Boy no quiere sacar de la clandestinidad a sus operadores estelares Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray. Emilio Gamboa ni loco porque aspira al Senado.


Elba Esther Gordillo, convertida en poder fáctico del PRI sin militar en el PRI gracias a una negociación ruinosa de la coalición, tampoco quiere un personaje vinculado a Manlio Fabio Beltrones. Ahora el problema es cómo decirle que siempre no al sonorense sin romper las tenues líneas de negociación. La unidad interna pende de un hilo cuando faltan siete meses para elección.


Apenas disminuía el efecto de la renuncia de Moreira cuando Peña Nieto tomó una decisión aventurada para alguien de bajo calibre intelectual: asistir a la Feria Internacional del Libro para presentar su mamotreto. Una pregunta inocente lo convirtió en la burla nacional: ¿cuáles son los tres libros que más han marcado su vida o vocación? Las palabras sobran cuando se ve el video disponible en YouTube: cantinfleo, mirada perdida, confusiones, desesperación. En suma: @EPN no ha leído un libro completo en su vida y confirma la sospecha. Peña Nieto es un personaje hueco, sin ideas propias, manejado como una estrella televisiva que cuando sale de ambientes controlados lo único que hace es el ridículo. Lo mismo que William Levy, pero menos guapo.


¿Necesita ser intelectual un Presidente? No lo creo. ¿Necesita ideas para gobernar un país y darle rumbo? Por supuesto. ¿Puede gobernar un país un sujeto que jamás ha terminado un libro en su vida? Pues ya lo hizo uno: Vicente Fox. De hecho, el mexiquense es espejo del analfabetismo funcional que predomina en México. Millones de mexicanos que saben leer y escribir, pero que no leen ni escriben. Peña Nieto encarna el drama nacional de la ignorancia que domina la masa y ahora domina la cúspide.

 

Fin de semana negro, aunque los priistas sigan festejando que tienen 49 por ciento de la intención de voto como lo consigna el diario Reforma. No saldrá igual en la siguiente medición, puesto que los próximos sondeos marcarán el efecto Moreira y #LibreríaPeñaNieto. Ahí empezará el tobogán.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas