Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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06/01/2012


Lalito Rivera se esconde bajo los faldones del Yunque


El proceso interno panista para definir a su candidato a la Presidencia transcurre con la mayor güeva del mundo. Son pocos los interesados en saber si Josefina Vázquez Mota, Ernesto Cordero o Santiago Creel recogerán el testigo de Felipe Calderón para que Acción Nacional continúe habitando Los Pinos. La falta de atención se deriva de que nadie en su sano juicio cree que alguno de ellos, ni siquiera los tres juntos, puede ganar la Presidencia el próximo 1 de julio. El ciclo del PAN en el Ejecutivo Federal se agotó en dos sexenios sin que pudieran explicar para qué querían el poder. El ánimo nacional es de un cambio que solamente encarnan Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador, quienes serán los auténticos finalistas por allá de mayo. Involucrarse en la contienda interna del PAN, en el mejor de los casos, es una auténtica pérdida de tiempo; y en el peor, una pésima inversión. Por ello hace tiempo que Rafael Moreno Valle soltó las amarras y permitió juego libre a los panistas poblanos. Ni Josefina ni Cordero llegarán al poder. Así de sencillo.


La sensación de sopor domina en Puebla la contienda interna de Acción Nacional porque no hay pasión ni choque. Hasta hace unas semanas la prensa marinista profetizaba un choque a muerte entre la organización y el morenovallismo. Una batalla campal por las candidaturas al Senado y las 16 diputaciones federales en el que el Yunque, a través de Eduardo Rivera, haría morder el polvo al gobernador Moreno Valle y sus agentes más leales. Una vez más se volvieron a equivocar. Los acuerdos fueron rápidos y de mutuo beneficio. Los talibanes se quedaron con el fusil en las manos.


Lalito Rivera, caótico presidente municipal, es el principal beneficiario de los acuerdos entre el Yunque y Moreno Valle. Para nadie es un secreto que los ciudadanos desean cobrar en las urnas la pésima administración —especialmente en el rubro de seguridad pública— así como la ola de violencia y asaltos que asolan a la capital. Las colonias más tradicionales de la ciudad ya no conocen el descanso, y la noticia de que Puebla es la urbe con mayor número de pobres lo tomó sin estrategia de respuesta mediática ni de políticas públicas. El peor alcalde en la historia de Puebla, sin duda, perdería estrepitosamente los cuatro distritos de la capital el 1 de julio como un voto de castigo a su pésima gestión.


Pero no. Una vez más, a Lalito Rivera le dio resultado refugiarse en los faldones del Yunque. Sin recursos ni un trabajo medianamente aceptable como alcalde, podrá presumir de ganar los cuatro distritos de la capital. O así lo consignará la historia, porque en realidad quien ha tomado el compromiso de que Acción Nacional obtenga la victoria es nada más y nada menos que Rafael Moreno Valle pese a que solamente en dos de ellos va gente de su equipo como Néstor Gordillo y Blanca Jiménez en los distritos 12 y 9. Ninguno de ellos tiene mérito para ganar, como tampoco los tiene Marisa Ortiz Mantilla —imposición del Yunque— y mucho menos el mediocre Güevo Guevara. La responsabilidad de que todos ellos lleguen a San Lázaro es del gobernador. De nadie más.


La determinación de Moreno Valle tiene una lógica eminentemente electoral: la transición democrática en Puebla demostró que en la capital no hay voto diferenciado. Es decir, el partido que gana se lleva todos los distritos y el que pierde, los pierde todos. La única excepción ocurrió en los comicios intermedios del 2001 cuando el PAN ganó la alcaldía con Luis Paredes y cinco distritos de la ciudad, y perdió el 6 a manos de Javier López Zavala. Desde esta lógica es imposible que en julio ganaran Néstor y Blanca, pero perdieron Marisa y el Güevo Guevara. Si van a ganar, van a ganar todos.


Bajo está lógica, también, se entiende que Elías Abaid Kuri se bajara de la candidatura por el distrito 11 que le corresponde al Verde, de acuerdo al convenio de coalición. Pese a ser yerno del titular de Infraestructura, Antonio Gali Fayad, el gobernador fue muy directo: te vamos a arrasar, le dijo, según cuentan otros diputados presentes.


La contraprestación del Yunque por el favor de que Lalito Rivera no quede en ridículo es que el indeseable Javier Lozano Alarcón pase sin problemas en el primer lugar de la fórmula panista al Senado y Augusta Díaz de Rivera en el segundo. De esta forma, el hombre que odia a su familia poblana y recuerda con rencor su infancia en la capital prácticamente tiene asegurado su escaño. Así son las negociaciones políticas. Se dan unas por otras.


*** Los supuestos despidos en Salud. Nadie puede indignarse por la decisión tomada por Jorge Aguilar Chedraui en la Secretaría de Salud para no renovar los contratos temporales de más de 800 trabajadores del sector que a lo largo del 2011, tras extensas evaluaciones, no pudieron acreditar el cumplimiento de sus responsabilidades en una de las áreas más delicadas del gobierno estatal. El objetivo de la medida es darle racionalidad a la administración pública con criterios de eficiencia y productividad, no de amiguismos y compadrazgos.

 

Es absurdo que mientras en la iniciativa privada para permanecer en un puesto de trabajo se deban cumplir metas de productividad los burócratas entiendan sus posiciones como un favor del gobierno, una dádiva que no puede ser retirada. La atención médica de calidad a millones de poblanos está en juego. Una medida riesgosa pero correcta de Aguilar Chedraui.

 



 
 

 

 
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