Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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07/02/2012


Moreno Valle vale 4 mil votos; Lalo Rivera 700


Desde la alta cima de la soberbia, Eduardo Rivera Pérez y sus fieles apodaron despectivamente al gobernador Moreno Valle y su equipo como “Los Héroes de Puebla” luego de confirmarse que Ernesto Cordero había ganado la interna panista en la entidad con más de 4 mil votos de diferencia pero que había perdido la candidatura presidencial de Acción Nacional. Héroes de una victoria pírrica, festinaban los faldones del Yunque, porque pese a todo su músculo y recursos financieros el morenovallismo no pudo penetrar Puebla capital pues Josefina Vázquez Mota ganó con poco más de 700 votos de diferencia. Ciencia de la coyuntura, la política entonces habría entronizado al alcalde poblano por su cercanía y servicios prestados a la candidata presidencial del PAN. La prensa marinista —o antimorenovallista— también se dio vuelo en cantar la derrota de Rafael Moreno Valle, la pérdida de su margen de maniobra y lo reducido de su juego político. Con mayúsculas y rojo han anunciado un cambio de ciclo en la dominación política de Puebla. Algo así como los recientes vientos favorables al Real Madrid que algunos los hace pensar como el fin de la era hegemónica del Barcelona. No pueden disimular su alegría porque calculan que el dominio llegó a su fin y que la hora de cobrar los agravios está muy cerca.


El festín de los antimorenovallistas debería demorarse un poco hasta completar el análisis que debe realizarse en dos frentes diferentes. Una cosa es lo que ocurrió a nivel estatal, con lógicas puramente locales, y otra es el juego nacional a partir de la definición de candidaturas. Veamos.


Primero: la operación local a contrarreloj del morenovallismo dio resultados pues, pese a abandonar la plaza por casi dos meses y regresar en una operación desesperada para hacer ganar a Ernesto Cordero superaron su meta inicial de 15 mil votos e incluso la sobrepasaron para llegar casi a los 17 mil. Sí: con juego sucio y apoyándose en la estructura electora. Sí, con compra de votos en efectivo y con despensas. Pero la estrategia de Fernando Manzanilla, operada a través del subsecretario Sergio Medina, Mario Riestra, Genaro Ramírez, Ángel Alonso y Roberto Grajales dio resultado. Y eso que lo hicieron en apenas una semana. Con más tiempo la diferencia a favor de Cordero, poco más de 4 mil votos, se habría incrementado.


Los faldones del Yunque, pese a su control del padrón de militantes y adherentes, fallaron otra vez pese a que encuentran consuelo con la victoria de Josefina en Puebla capital, un hecho innegable. Pero ya se sabe que el diablo está en los detalles y el orgullo de Lalo Rivera disminuye cuando se hace un análisis numérico. Y es que en materia de porcentajes, los 2 mil 102 votos de Vázquez Mota y los mil 392 de Cordero reflejan la misma composición de cómo fue la votación a nivel nacional: 55 por ciento contra 38 puntos de Cordero. En otras palabras: Eduardo Rivera y Juan Carlos Mondragón no le dieron más a la candidata presidencial de lo que les pudo dar cualquier otro operador llamado Juan Pérez. La valía del alcalde poblano es la misma que tiene como gobernante porque la suma de ceros siempre da ceros.


Pero hay otros detalles interesantes. Por ejemplo, el crecimiento artificial que sufrió el padrón de militantes y adherentes en el PAN capitalino, obra del títere Gerardo Maldonado. En la interna del 2010 cuando se enfrentaron Eduardo Rivera y Humberto Aguilar Coronado participaron mil 400 miembros activos del PAN, mientras que en esta elección participaron mil 822 militantes, 422 más que hace dos años. ¿De dónde salieron los votos extra? Podría hablarse de un incremento en la participación, pero no creo que la definición del candidato presidencial atrajera más pasión que el esfuerzo que el Yunque debió hacer hace dos años para sacar adelante al monaguillo Rivera. Control del padrón y las estructuras partidarias es el gran patrimonio del Yunque y sus operadores. Nadie se llama a sorpresa. Como tampoco con que el morenovallismo cuenta con recursos humanos y financieros que les da el gobierno estatal. En mi opinión, el botín quedó justamente repartido.


A los dos bandos convendría firmar tablas y concentrarse en la elección federal. Pero las heridas están abiertas y muchos simpatizantes de Eduardo Rivera, empezando por él mismo, le han dado un perfil personalísimo a la disputa. Es el mismo alcalde quien se ufana del fin de ciclo morenovallista y que en cuanto Josefina Vázquez Mota sea electa Presidente de México entonces arrancará una cacería para cobrar agravios. Y ahí radica el problema fundamental. La soberbia pasa por un hecho hipotético aún: que en efecto Josefina llegue a Los Pinos. ¿Cuánto falta para eso? Un mundo de distancia.


Precisamente ese mundo de distancia radica la gran ventaja de Moreno Valle. Para que Josefina Vázquez Mota llegue a la Presidencia se requiere la concurrencia de todas las fortalezas del PAN, como la misma candidata lo dijo. Y esas fortalezas inician con Felipe Calderón y el gobierno federal. La negociación es inevitable: Vázquez Mota requiere al Presidente y a los gobernadores que tenían como favorito a Ernesto Cordero. Y esa es la negociación de Moreno Valle.


La política en su visión electoral es pura cuestión de número y no de afectos. ¿Quién es más eficiente como operador? ¿Lalo Rivera que sólo le dio a su candidata 700 votos de ventaja, o Moreno Valle que le dio a suyo más de 4 mil? La decisión es obvia: puede ser que Josefina tenga una estima sentimental por el alcalde. Pero la Presidencia no se gana con sentimentalismos si no con votos. Con muchos votos.

 

Por eso para el morenovallismo, al final de la contienda, le dio la urgencia de ganar: para demostrar a Josefina Vázquez Mota que son necesarios en su equipo. Que valen y están dispuestos a negociar. Pero que en la política siempre hay muchos postores. Y es que en Casa Puebla se acumulan las ofertas que el gobernador Moreno Valle analiza con cuidado, sin prisas, para decidir su nuevo juego.

 



 
 

 

 
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