Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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07/12/2012


¿Cómo recordará la historia al sexenio morenovallista?


Hay revoluciones que triunfan y revoluciones que fracasan. Las primeras son capaces de destruir el statu quo existente, sus estructuras de poder y tiene la capacidad de crear leyes que aseguren un nuevo orden. Las segundas contemporizan con los poderes que combatieron y derrotaron temporalmente, no se arriesgan a crear nuevas estructuras e instituciones, y sus modificaciones legales son tímidas. Por tanto, son incapaces de crear un nuevo orden, y pasado un tiempo el Antiguo Régimen vuelve al poder para borrar los pocos cambios logrados. Esta narrativa explica perfectamente el fracaso de los gobiernos federales panistas y el espejo en el que puede reflejarse el morenovallismo. Un dilema que deberían empezar a plantearse de cara al meridiano del sexenio: ¿cómo va a ser recordado Rafael Moreno Valle? ¿Cuál es su narrativa sexenal?
En sus dos años de gobierno, Moreno Valle se ha enfocado a alcanzar una impecable gestión administrativa, un manejo correcto de las finanzas públicas, un proyecto de mejora de la infraestructura pocas veces visto, y una promoción del desarrollo económico a través de la atracción de inversión extranjera como en el caso de Audi. ¿Alguien puede negar esos logros? Creo que muy pocas personas. ¿Es suficiente todo eso para ser recordado como el mejor gobernador en la historia de Puebla? ¿Ése es el lugar que le reserva la historia?


Sin duda que la discusión es amplia cuando todavía le faltan cuatro años al sexenio. Pero creo que además de la eficiente gestión gubernamental, al régimen morenovallista le faltan elementos para poder pelear su lugar en la Historia. ¿Qué pasará si en 2018 el PRI regresa a Casa Puebla? ¿No borrarán sus logros administrativos, económicos?


Al morenovallismo le hace falta renovar las estructuras de poder. Meter en cintura a los grupos de poder que fueron, y serán, la fuente de apoyo a las batallas electorales por venir. Suficientes enemigos potenciales se tienen fuera, con el regreso del PRI al poder, como para tener una situación endeble dentro. O en otras palabras: gozar del apoyo de aliados mercenarios que pueden vender su apoyo hoy, pero cambiarlo al mejor postor en cuestión de semanas.


Es cierto: el morenovallismo ya controla prácticamente todas las instituciones que en teoría debían fungir como contrapeso. Lo mismo hicieron Bartlett, Melquiades, Marín. No puede ser satanizado por ello. Fernando Manzanilla culminó exitosamente la misión que el gobernador le encargó en septiembre en la renovación de organismos y poderes. El Instituto Electoral del Estado tiene una mayoría de aliados del régimen, además de Miguel David Jiménez, el secretario ejecutivo del organismo. En el Tribunal Electoral tiene mayoría de dos a uno. Ayer mismo, con la designación de Federico González Magaña, el régimen también se aseguró la votación 2-1 en la Comisión de Acceso a la Información Pública.


David Villanueva, el auditor superior del estado, dejará el cargo en 2019, pero podría reelegirse hasta el 2026. Las cuentas públicas podrían estar en manos del morenovallismo por los siguientes 14 años, además del que ya ejerció. Ahora, de acuerdo con la iniciativa presentada ayer por Mario Riestra, por fin podrá meter en cintura a los auditores externos, principal fuente de corrupción, la mayoría de ellos ligados a David Nieto y a Víctor Manuel Hernández Quintana, quienes hicieron de la fiscalización de recursos un negocio absoluto. Ahora, si comenten irregularidades, podrán ser sancionados vetándolos para siempre del padrón de auditores.


La renovación de estructuras más impactante, sin duda, es la renovación del Tribunal Superior de Justicia. De golpe y plumazo el Antiguo Régimen construido por el tricolor perdió la mayoría en el Pleno. Con la “jubilación” de Alfredo Mendoza y sus compinches, más la apropiación de la Junta de Administración por Roberto Grajales Espina, es la primera ocasión en dos décadas que puede darse un viraje real a la administración de justicia. Pero para consolidarlo hace falta dar un paso adelante: aprobar la creación del Consejo de la Judicatura que sea capaz de poner orden en los magistrados presentes y futuros, así como aprobar de una vez la carrera judicial.


Un grupo de poder que nadie había osado tocar, fuente de corrupción al más alto nivel y responsables de que muchos poblanos perdieran su patrimonio, son los notarios. La nueva ley de la materia pone un freno a su fuero que impedía fueran investigados directamente por la PGJ, pero además golpea el núcleo de sus intereses: sus auxiliares —ya sean familiares o los que la adquirieron ilegalmente— no podrán subir en automático sino deberán tener la autorización del Ejecutivo estatal. Pudo ser peor, como la ley del DF, que establece que la notaría queda vacante a falta del titular y debe volver a concursarse. Hasta ahora sus quejas son en sotto voce.

 

Organismos electorales, CAIP, magistrados, notarios, auditores externos. El régimen avanza con paso lento pero firme. Le quedan cuatro años para renovar las estructuras políticas, empresariales y de grupos que permitan construir la narrativa tras abandonar el poder. De ello depende que su victoria sea permanente, y no temporal como la de Fox y Calderón. La más reacia ha sido la transformación de la estructura de medios de comunicación: a algunos periodistas y dueños de empresas se les ha dispensado el trato de aliados. A otros de enemigos. ¿Cuál será la nueva política del régimen? ¿Podrán crear una estructura propia que responda a sus intereses? Marcelo García Almaguer tiene la respuesta.

 

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