Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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08/07/2010


Temores y pesadillas de los priístas ante la transición


Conforme pasan los días y se acepta la debacle, los temores de la clase política y empresarial formada al amparo del marinismo comienzan a crecer. No podía ser diferente, pues la alternancia se traduce como el desechamiento de lo viejo y una sustitución inmediata por lo nuevo. Burócratas, empresarios, funcionarios y periodistas tienen pesadillas sobre la incertidumbre de los próximos 7 meses y el cambio de poder, por lo que diseñan planes de urgencia para apertrecharse y por otra parte, congraciarse con el nuevo régimen. Los temores básicos de cuidar el trabajo y la fuente de ingresos se dan entre la burocracia de bajo nivel, pero conforme se asciende socialmente los miedos son de otra especie. Para los periodistas, especialmente para quienes agraviaron en lo personal a Moreno Valle, se trata de si sus empresas recibirán convenios y prebendas a las que estaban acostumbrados, y en su caso, si podrán permanecer en la entidad. Los empresarios y constructores del régimen saben que dejarán de vender y construir para el gobierno estatal, pero su gran miedo es que los arrastre la suerte de los grandes funcionarios ligados a Mario Marín, por lo que se conforman con disfrutar tranquilamente de sus grandes ganancias.


Aunque nadie se atreve a mencionarlo hay un temor específico: ¿Rafael Moreno Valle se atreverá a instaurar una causa penal al gobernador Mario Marín? Las respuestas son contradictorias en la primera semana de la transición. Hasta el ahora el discurso de Moreno Valle es el de que no habrá cacería de brujas ni persecución, pero tampoco complacencia con los corruptos. Eso es tanto de decir como que a lo mejor no, pero a lo mejor sí. En la lógica de un gobierno que hizo parte de su campaña enarbolando la bandera de la denuncia de los excesos y corrupción del gobierno marinista, eso indicaría que necesariamente tendría que proceder por lo menos con una decena de funcionarios, y si es el gobernador, mejor. ¿Por qué? Porque el gobernador Moreno Valle, inmerso en el proceso electoral del 2012 sumaría muchos puntos al PAN e incluso al PRD si procediera en contra de Marín: Televisa y TV Azteca lo elevarían a héroe nacional al meter a la cárcel al góber precioso.


Sin embargo, otros dicen que un enjuiciamiento literalmente provocaría una gran desestabilización en la vida política poblana, por lo que el gobernador Moreno Valle elegirá la estrategia del quinazo para demostrar su fortaleza: detener y enjuiciar algunos personajes representativos del régimen, no más de dos o tres. Blancos especialmente atractivos, ya sea por su cinismo o por la ausencia de elementos protectores. Y en primera línea, por supuesto, se coloca Javier García Ramírez, el corruptísimo secretario de Obras Públicas responsable de desfalcos como La Célula, el Centro Expositor, el Hospital del Norte y tantos más.  Si a García Ramírez le ponen su traje de cebra y lo internan en San Miguel, ¿quién lo extrañaría? ¿Quién lo defendería? Nada se perdería y Moreno Valle ganaría alta popularidad.


Junto a Javier García Ramírez podrían caer otros dos o tres funcionarios representativos, y quizá un constructor favorito del sexenio marinista que bien podría ser Óscar García, cómplice en el desfalco del Hospital del Norte.


Pero hay tanto de dónde elegir, que en realidad por cualquier lado en que Moreno Valle toque un poco saldría la pus del cuerpo purulento del marinismo. La hipótesis de los funcionarios de primer nivel inmediatamente descarta que Mario Marín o alguno de sus familiares pudiera ser enjuiciado directamente.


La clase política, en su desesperación, no se da cuenta que está vigilada por los próximos titulares del gobierno. Por ejemplo, tiene registrada la gran cantidad de movimientos notariales que se están haciendo en el Registro Público de la Propiedad para realizar cambios de propietarios ante la inminencia de una persecución. Los priistas están dejando huellas.


Por supuesto, en la transición de régimen habrá pocos ganadores y sí muchos perdedores. Por ello Marín y Zavala ya ejecutan la operación blindaje, es decir, apropiarse del tricolor como un escudo contra una eventual persecución e impedir que Blanca Alcalá o Enrique Doger puedan construir un nuevo liderazgo. Lo malo es que no tiene legitimidad para hacerlo, puesto que son los provocaron la derrota electoral.


Visto el panorama hay pocos elementos para los burócratas de bajo nivel se preocupen. Quienes tiene que preocuparse son aquellos de dispusieron del presupuesto histórico anual de 50 mil millones de pesos. Y ni siquiera, porque hasta entre los perros hay razas.

 

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