Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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09/01/2013


Las taras a las que se enfrentará el metrobús


Siempre he pensado que nada mostraba mejor nuestra condición de metrópoli subdesarrollada, pese a ser una de las cinco más grandes del país, que el lamentable estado del pavimento urbano y nuestro arcaico sistema de transporte público. Ambas, por lo menos en la última década, convirtieron a Puebla en una jungla urbana para propietarios de vehículos y peatones. Para unos, calles con baches, bordos, y evidencias materiales de años de pavimentaciones de urgencia. Todos tenemos un conocido que ha dejado llantas y rines en las temporadas de lluvias.


Nada bueno puede decirse del sistema de transporte público, de los viejos camiones a las apretujadas combis que culminaron en microbuses, todos operaron siempre bajo el mismo principio: el chofer conduce pero también cobra. Nada de modernización, sistemas de prepago, trasbordos, descuentos, seguros. Todo usuario del transporte vive a la buena de Dios, rogando por llegar a tiempo a su trabajo o a la escuela, y rezando por regresar vivo a casa. Casi casi las guaguas de Cuba.


La degradación de nuestro espacio público comienza con calles destrozadas y termina en un sistema arcaico de transporte sostenido por varias mafias de concesionarios coludidas con el poder en turno. Un monstruo de mil cabezas, ingobernable, casi invencible, y al que siempre se recurre en tiempos electorales para la práctica del acarreo.


El gobierno morenovallista se propuso paliar tales retrasos interviniendo en ambas evidencias del subdesarrollo. Luego de varios meses de caos vehicular, prácticamente todas las avenidas principales de Puebla ya tienen concreto hidráulico: la Zaragoza, los bulevares 5 de Mayo y Hermanos Serdán, la Atlixcáyotl. El resto de la ciudad continúa siendo un desastre, casi zona bombardeada, pero por lo menos ahora guardamos las apariencias ante el turismo creciente que llega a la ciudad.


Pero el caso del metrobús me parece enigmático. Si bien el diseño del proyecto es inobjetable —en varias ciudades del país ya circulan sistemas semejantes—, el RUTA será un reto para la cultura vial y metropolitana de los poblanos, acostumbrados a sistemas premodernos de colusión con las autoridades. Bernardo Huerta lleva sobre sus hombres lo que puede ser el gran fracaso sexenal si no mete en cintura a concesionarios, choferes, usuarios, agentes de tránsito y convence a los poblanos de los beneficios. Un gran cambio puede gestarse pero también puede convertirse en un gran fracaso, semejante al que tuvo Manuel Bartlett cuando creó la primera red troncal en el corredor de la 11 Sur.


Mucha tinta puede verterse sobre el RUTA, pero nada como recorrerlo para entender su impacto potencial, específicamente en la zona que va de la Rivera Anaya a Chachapa: una zona de alta densidad poblacional, con mucha pobreza, y muy conflictiva desde el punto de vista de la movilidad por las pocas rutas de acceso directo. El metrobús, sin duda, les dará una gran calidad de vida porque podrán cruzar en un lapso menor que en vehículo particular o en el sistema tradicional del transporte.


La semana pasada seguí el carril confinado para verificar el estado de la obra, y quitando el retraso por el cierre del Juárez-Serdán, prácticamente hice dos horas y media de la terminal de Tlaxcalancingo a la de Chachapa. A partir de la Ciénega es imposible seguir en paralelo el carril confinado, por lo que hay que serpentear en multitud de caminos y avenidas en pésimo estado, el tramo que se van a ahorrar precisamente los habitantes de la zona. Incluso hay un puente construido ex profeso precisamente junto a la Rivera Anaya, y después sigue en paralelo a la vía del tren.


Pero una cosa es el diseño y ejecución de la obra —éxito de Tony Gali— y otra la operación que le corresponde a Huerta Couttolenc. Y ahí vienen precisamente las taras a combatir. La poca cultura vial de los automovilistas que se niegan a respetar el carril confinado y la prohibición de las vueltas a la izquierda que miles lamentan. La cultura de la corrupción de los agentes viales, que ven una mina de oro en tales prohibiciones y ya tienen los dientes afilados por las grandes mordidas que recibirán.


El metrobús deberá luchar contra los concesionarios que se niegan a invertir en la capacitación de sus choferes y el mantenimiento a los vehículos. Pero también contra el poco aprecio de los poblanos por las obras de infraestructura: ¿cuánto resistirán los paraderos sin ser grafiteados, destruidos, lastimados? Todavía no entra en funciones y el de la Rivera Anaya ya había sufrido pintas.

 

Alfredo del Mazo Maza, nuevo director de Banobras, supervisará personalmente el próximo lunes la obra, y de eso dependerá que el banco de desarrollo invierta en las líneas 2 y 3. Bernardo Huerta tiene un paquete muy grande. Y las apuestas, hasta hoy, indican que va a fracasar.

 

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