Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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09/02/2012


Don Eduardo Rivera y su peculiar “estilo” para gobernar


Por todos los medios posibles, Eduardo Rivera Pérez ha tratado de mostrarse como una personalidad política distinta cualitativamente a la de Rafael Moreno Valle. Según la mayoría de los columnistas políticos que asistieron a un convite personalísimo con el alcalde de Puebla en motivo de su Primer Informe de Gobierno, por fin lo logró. Lalito, el monaguillo favorito del Yunque, se convirtió en Don Eduardo a partir de la victoria de Josefina Vázquez Mota en la interna panista para convertirse en la candidata presidencial. Como al nopal, de golpe le descubrieron propiedades y talentos que hasta hoy habían pasado desapercibidos para el resto de los mortales. La lisonja de sus nuevos talentos pasa por alto, por supuesto, que mientras a Rivera apenas le quedan 24 meses en el poder, el gobernador pasará todavía los siguientes 60 meses como ocupante de Casa Puebla. Una diferencia cualitativa y presupuestal que nadie, salvo la prensa resentida, podría pasar por alto. El reloj político camina en su contra.


El alcalde, en el encuentro con la prensa, ha reconocido las diferencias políticas que mantiene con el gobernador pese a que ambos pertenecen a Acción Nacional y ganaron al amparo de la coalición Compromiso por Puebla. Diferencias que fueron evidentes para todos los poblanos en el año anterior y tuvieron como punto culminante el ninguneo que sufrió el presidente municipal en su propia casa cuando fue impedido para salir al balcón a acompañar el Grito de Independencia que por protocolo pronuncia el gobernador del estado.


Se equivoca quien se crea tal historia de que la diferencia entre Moreno Valle y Rivera se reduce al estilo. El contraste cualitativo se da a partir de los resultados que uno y otro son capaces de ofrecer a los ciudadanos. Contrastes que parten, por supuesto, del tamaño de tesorerías. Mientras el monaguillo con dificultades dispone de 3 mil millones de pesos al año, el gobernador cuenta con 55 mil millones gracias a su cabildeo presupuestal en San Lázaro. Apenitas un 17 mil por ciento más. Por ello la diferencia de obras y programas: mientras Don Eduardo sufre para pavimentar mil calles —y eso dando el beneficio de la duda— que no sirven para abatir la pobreza de la capital según opinan los académicos, Moreno Valle tiene en construcción por lo menos 10 grandes obras de infraestructura que le cambiarán el rostro a la entidad, entre ellas el Metrobús y la Academia Policial.


Las diferencias parten desde los perfiles. Mientras Moreno Valle construyó un gobierno de coalición de que participan militantes de todos los partidos y ciudadanos sin partido, en el que se encuentran auténticos pesos pesados como Fernando Manzanilla, Roberto Moya, Luis Maldonado, Antonio Gali y Jorge Aguilar Chedraui, el gobierno municipal es un reducto del Yunque en el que sólo hay cabida si se usan faldones. No toda la culpa del desgobierno en la ciudad es culpa de Don Eduardo Rivera: qué se puede hacer cuando tus colaboradores “estrella” son Manolo Janeiro, Arturo Botello, Pablo Montiel y Leonor Popócatl. Pues sentarse a llorar.


Las diferencias también se dan en indicadores. A Don Eduardo Rivera lo conocen, con trabajo, un 40 por ciento de los capitalinos pese a ser su autoridad más cercana. Y el promedio de aprobación a su trabajo como presidente municipal apenas supera el panzazo del 6. Al gobernador lo reconoce el 95 de los poblanos a nivel estatal, y según las últimas encuestas, ya un 31 por ciento a nivel nacional gracias a la exposición de su Primer Informe. La calificación que le dan los ciudadanos, según el GCE, es de 8.1. En otras palabras: el alcalde no ha pasado de ser un personaje aldeano, mientras Moreno Valle pertenece desde el 2006 a la clase política nacional.


Y qué decir de la seguridad pública y la lucha contra la impunidad. Don Eduardo Rivera llegó a Charlie Hall con la espada desenvainada contra Blanca Alcalá, pero el dictamen de Entrega-Recepción se convirtió en un batidillo por su incapacidad para hacer sumas y restas. Sobra decir que Moreno Valle sí metió a la cárcel a Alfredo Arango e hizo que García Ramírez se convirtiera en prófugo. Aunque el estilo de Ardelio Vargas no gusta a nadie, el estado se mantiene impenetrable al narco. Pero Lara Terrón hace tiempo que perdió el control de la delincuencia que crece en frecuencia e intensidad de actos violentos.


La lista de contrastes podría continuar ad infinitum. Y en todas ellas se demostraría que Don Eduardo Rivera no ha dejado de ser el monaguillo Lalito. Pero lo más contundente es que dentro de 24 meses “Lalito Mil Calles” —como lo apodó Ángel Alonso Díaz Caneja— se irá a su casa como un ciudadano más, cargando el resto de su vida el fardo de ser el peor presidente municipal de la historia de Puebla, sin los pocos pesos con los que paga lisonjas con argumentos ficticios. Mientras tanto, Moreno Valle se mantendrá en el poder otros largos, larguísimos 36 meses. 3 años que pueden extenderse otros casi dos si alguien de su grupo es capaz de ganar la minigubernatura. ¿En dónde quedarán sus sueños de llegar a Casa Puebla?


Los lisonjeros que miran otra realidad, la de Don Eduardo Rivera subido en su ladrillo, tendrían que hacer un análisis realista de la travesía al desierto que atravesará el alcalde, así como la que atraviesan ellos mismos. No deja de ser irónico que aquellos periodistas que reivindican el “estilo” del monaguillo por no dejarse avasallar, son los mismos que aplaudieron furiosamente a Mario Marín cuando sometió a Enrique Doger con las peores artes. Leer para creer.

 

**** Humo Blanco en el TSJ. Fuentes del pleno del Tribunal Superior de Justicia cuentan que hasta ayer el pleno de los magistrados avaló la reelección por un año más de David López Muñoz al frente del Poder Judicial local. Pese a que las mejores en la impartición de justicia todavía no se ven por ningún lado y la actuación de muchos jueces y magistrados deja mucho que desear, en Casa Puebla lo califican como un interlocutor confiable y serio. Ya hubo humo blanco.

 



 
 

 

 
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