Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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09/05/2011


El equipo clave en los cien días


La meta provisional de los cien primeros días de gobierno ha sido claramente rebasada: las encuestas muestran claramente una opinión pública ciudadana favorable al intenso trabajo de Rafael Moreno Valle, y las opiniones de un sector del círculo rojo quedan desacreditadas por la realidad. En estricto sentido, son comentarios aislados que ni siquiera pronuncia la oposición al morenovallismo, pues el PRI en voz de su líder, Juan Carlos Lastiri, no ha denunciado irregularidades o incumplimientos en el trabajo de la administración estatal. El gobernador poblano, simplemente, no tiene oposición y sí un amplio respaldo. En vez de dilapidar la legitimidad ganada en las urnas, apuesta ahora por la legitimidad de resultados, una de las variables del consenso social analizada por Max Weber. El principal responsable del éxito es, por supuesto, el propio Moreno Valle que con el impulso de una locomotora rinde en jornadas extenuantes. Pero también hay voces a destacar en su equipo de colaboradores que supieron mantener el frenesí. Me refiero en específico a tres secretarios, además, por supuesto, de Fernando Manzanilla quien es el responsable de la coordinación del gabinete. Sobre este grupo de secretarios descansa casi la totalidad de la operación global gubernamental. Nos referimos a Antonio Gali Fayad, Roberto Moya Clemente y Cabalán Macari.


El exdirigente de Nueva Alianza dio apenas su primer discurso el domingo pasado durante la colocación de la primera piedra del Centro Integral de Servicios. Pero no por mudo era un “desaparecido en acción”. Desde la Secretaría de Administración condujo cuatro tareas vitales en los cien primeros días de gobierno. Una, la responsabilidad absoluta de las licitaciones en obras y adquisiciones de todas las dependencias públicas. Un trabajo que no le es desconocido —tuvo esa responsabilidad en el gobierno melquiadista— pero requiere una gran complejidad técnica por abordar asuntos que van, por ejemplo, desde el metrobús a la compra de computadoras o la asignación de obra. Es cierto que las dependencias fijan las bases técnicas de los concursos, pero es responsabilidad de Administración obtener los mejores precios y condiciones, así como evitar los favoritismos, una orden clara del gobernador y que se ha cumplido: en los cien primeros días de gobierno no hay una sola asignación directa para evitar sospechas.


El próximo miércoles, cuando se cumplan los cien días en un magno evento en el Complejo Siglo XXI, el gobernador podrá anunciar el último compromiso cumplido de aquellos asumidos en su toma de protesta: el ahorro de 150 millones de pesos obtenidos gracias a la política de austeridad implementada desde la Secretaría de Administración que incluyó la disminución de la planta laboral hasta en 25 por ciento. Y, por supuesto, la mayoría de los despedidos fue marinista. Además, Cabalán Macari fue el responsable de que se pagara la nómina a los nuevos funcionarios, un proceso complejo por el sistema desastroso que le heredaron de la anterior administración. Y, por último, también lo fue de cambiar la imagen en la señalética del gobierno para evitar la marca marinista. Parece simple pero no lo es: ya se ve cómo Eduardo Rivera ni siquiera ha podido hacerlo.


Antonio Gali Fayad, responsable de Infraestructura y concentrador de la Obra Pública es otro de los que pudieron seguirle el paso a Moreno Valle. En los primeros cien días Gali tuvo que “mirar con un ojo al gato y otro al garabato”: por una parte integrar los expedientes de obra de 86 concursos convocados hasta el momento, un tramo que se aceleró en las últimas dos semanas. Hablamos de las megaobras visibles como los puentes vehiculares, el CIS, pero en realidad se trata incluso de la reconstrucción de la escuela de la que se verá hoy parte en Zoquitlán. Con un ojo al pasado debió revisar algunas de las últimas obras marinistas, en específico el Centro Expositor para reparar sus muchos defectos, así como el seguimiento al proceso jurídico en contra de Unión Presforzadora que le permitirá reintegrar 800 millones a la administración y encarcelar al responsable del atraco.


El trabajo de Gali simplemente ha sido agotador y ello le ha granjeado algunos enemigos al interior del gabinete como Pablo Rodríguez Regordosa, según narramos en un episodio de desencuentros hace unos días.


Roberto Moya Clemente, por último, ha tenido dos responsabilidades específicas: recolectar desde el gobierno federal recursos para los programas conocidos “Par y paso”, es decir, aquellos en los que Puebla pone un peso y la Federación otro. Además asegurar las transmisiones del presupuesto vía participaciones y aportaciones, tarea que luce sencilla gracias a sus excelentes relaciones con el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, pero que en cualquier otra condición sería imposible. Cuenta con un equipo sólido, pues los subsecretarios Manuel Arceo y Eduardo Tovilla conocen perfectamente el estilo de trabajo de Moreno Valle y han podido orientar a su jefe. Por último, Moya también tuvo la tarea de impedir que los ingresos propios se desplomaran y operó eficazmente la eliminación de la Tenencia, otro de los compromisos del gobernador.


El éxito de los cien primeros días de gobierno es por derecho propio de Moreno Valle, pero Antonio Gali, Cabalán Macari y Roberto Moya Clemente fueron, sin duda, los funcionarios que más ayudaron al cumplimiento de los compromisos bajo la coordinación de Manzanilla.

 

*** Por cierto, un Palenque de lujo. Contra las críticas vertidas por el círculo rojo, la verdad es que en los hechos el Palenque es totalmente seguro y de primer mundo, pues tiene un sistema de butacas bastante cómodo. La nueva clase política apareció ahí para ver la presentación del “Potrillo” Alejandro Fernández. Se pudo ver, por ejemplo, a los diputados Mario Riestra Piña y José Luis Márquez con sus respectivas parejas para demostrar la buena relación en el Congreso. También a Chucho Zaldívar, que poco a poco se cuela en las grandes ligas, y al Verde Juan Carlos Natale. Y de funcionarios se vio ahí a Bernardo Huerta y la contralora Patricia Leal, así como al subsecretario Tovilla. Honor a quien honor merece, y reconocimiento al trabajo de Pablo Rodríguez Regordosa.

 



 
 

 

 
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