Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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09/10/2012


Agüera comienza su “feria de los adioses”


Anuncia un nuevo plan de obras y proyección para la BUAP; agradece a RMV su apoyo en 18 ocasiones



Los informes de Enrique Agüera siempre tienen el olor de las despedidas fallidas.


Un quiero irme pero no quiero.


Universitario de toda la vida, el sueño de su vida fue llegar a la rectoría.


Las encuestas, sin embargo, insisten en darle una vida más allá de los recintos universitarios.


En 2007 ya se le consideraba un fuerte aspirante a la alcaldía, que al final se llevó Blanca Alcalá.


En 2009 se le mencionaba de forma insistente como el “caballo negro” del marinismo, el famoso Plan B.


El “góber precioso” nunca acabó de virar y Javier López Zavala se convirtió en el primer priista en perder Casa Puebla.


Otra vez, en 2012, tenía amarrada la candidatura al Senado. Sin certezas de por medio decidió quedarse en la BUAP, hoy Blanca Alcalá y Lucero Saldaña ocupan los escaños de Puebla.


A finales de 2012 a Agüera se le presentan tres caminos: una invitación inminente para incorporarse al gobierno federal.


Si no, disputar con un amigo de Peña Nieto y con su predecesor en la BUAP la candidatura a la alcaldía, y en caso de resultar ganador, enfrentarse a la maquinaria del morenovallismo con altas probabilidades de ser derrotado.


Y si ninguna de las dos anteriores procede, rendir el próximo año su último informe y llevarse su inmenso potencial electoral a su casa a la espera de mejores oportunidades.


Hay quien dice que a Agüera lo afecta su exceso de prudencia.


Otros califican ese exceso de prudencia como su gran virtud política, que le permitió convertirse en un gran aliado de Moreno Valle.


De la forma que sea, Enrique Agüera entró ayer a la feria de los adioses.


En el mejor de los casos permanecerá poco más de un mes en la máxima casa de estudios, de confirmarse la invitación de Peña Nieto.


En caso contrario, exactamente 365 días para que cierre su ciclo.


Un ciclo, por supuesto, extraordinario en infraestructura y logros educativos.

 

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Cauto hasta el extremo, Agüera nunca ha dado señales de sus aspiraciones futuristas aprovechando sus informes de gobierno.


Ayer, el tercero de su segundo periodo, en realidad es el octavo tomando en cuenta el último periodo correspondiente a Doger.
Ocho sesiones solemnes ante el Consejo Universitario.


Cumplió todo el sexenio con Mario Marín a su lado, al que siempre le agradeció todos los apoyos.


Lleva dos con Moreno Valle y ahora a él le tocan la salva de reconocimientos.


Ambos gobernadores lo metieron al saco de los aliados estratégicos.


Ni en 2007, ni en 2010, ni en 2012 se brincó las trancas.


Nunca les jugó chueco.


Sus ochos años en la universidad han sido de una expansión brutal.


Realizar un recuento de la nueva infraestructura ya resulta ocioso, pero me quedo con el Complejo, el estadio y la Biblioteca Central, así como los planteles regionales.


Pero Agüera no para.


Ahora apuesta por una Ciudad de la Ciencia y del Conocimiento.


Por una Tecnópolis en la que se capacite a los futuros obreros de Audi en San José Chiapa.


En una nueva Ciudad Universitaria por el rumbo de Valsequillo.


El reportero contó hasta en 18 ocasiones agradecimiento al gobernador.


Que por esto, que por lo otro.


Moreno Valle los devolvió con un espaldarazo y la promesa de 400 millones de pesos para la capacitación tecnológica de Audi.

 

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Los futurólogos de la política aldeana volvieron a decepcionarse: Agüera cerró su mensaje con un nebuloso “seguiré trabajando por Puebla”, aunque no aclaró desde dónde.


¿El gobierno federal?


¿El Conacyt?


¿La alcaldía?


¿Sus últimos 365 días en la BUAP?


Todo y nada cabe en tan ambigua declaración.


Tanta confusión que los gritones clásicos, entre el trayecto del auditorio al brindis se confundieron en el clásico rito.


“¡A-güe-ra, A-güe-ra, A-güe-ra!, vociferaban.


Pero les faltaba un hacia dónde.


¿A-güe-ra al Conacyt?


¿A-güe-ra a la alcaldía?


¿A-güe-ra a su casa?


Quizá ni el mismo rector lo sabe todavía.

 

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Agüera ya entró a la historia de la BUAP, al darle sus años dorados.


Queda la sensación que su potencia da para más, con la capacidad de dar el salto a las grandes ligas.


Pero también que puede convertirse en el “ya merito” de siempre.


Un poblano con alto potencial electoral, rodeado de amigos y aliados, el primero de ellos Rafael Moreno Valle.


El tercer informe, sin embargo, no despejó nuestras dudas.

 

Y quizá tampoco las del propio Enrique Agüera.

 

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