Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/01/2011


Moreno Valle no es Gabino Cué


La comparación a los ojos locales simplemente no existe. Pero en el imaginario colectivo nacional, Rafael Moreno Valle y Gabino Cué Monteagudo son figuras paralelas, políticos con un destino común. Ambos son gobernadores producto de la experiencia del aliancismo electoral: hijos victoriosos de una pluralidad de partidos con enconadas diferencias ideológicas y prácticas. Ambos suceden a los dos mandatarios estatales con peor fama de los últimos años, Ulises Ruiz y Mario Marín, investigados por la Suprema Corte de Justicia, promotores de la corrupción y de escándalos que pusieron a Oaxaca y Puebla como entidades ingobernables. Los dos, para ganar, no tuvieron que derrotar a un partido político, sino a un aparato de poder que desvió dinero público en cantidades industriales para garantizar la victoria de sus delfines, Javier López Zavala y Eviel Pérez Magaña, que les guardarán impunidad. Los dos se convirtieron en símbolo de esperanza y fe para castigar el despotismo. Y ambos, Cué Monteagudo y Moreno Valle, se han convertido en corredores de la sucesión presidencial del 2018: el oaxaqueño para los partidos de izquierda y el poblano para la derecha. Destinos semejantes.


Esta carrera presidencial, sin embargo, dependerá del éxito de su gestión como gobernadores. A partir de ese punto comienzan las diferencias entre ambos mandatarios aliancistas. Y es que seguro Moreno Valle tiene en la mente diferenciarse estratégicamente de su par oaxaqueño a partir del concepto de gobernabilidad y estabilidad, puesto que en apenas mes y medio Cué Monteagudo incendió Oaxaca. Bueno, ni siquiera pudo disfrutar a cabalidad su toma de protesta y debió abandonar el Congreso oaxaqueño por la puerta de atrás, ya que el frente se encontraba sitiado por Antorcha Campesina, la Sección 22 del SNTE, los remanentes de la famosa APPO y hasta vendedores de chicles. Una forma de presión clásica del sistema político mexicano conocida como “calar al nuevo gobernador”. Y vaya que lo hicieron: Cué prefirió pasar el ridículo antes que ser calificado de represor, título que honrosamente cargó Ulises Ruiz a lo largo del sexenio.


Gabino Cué ha decidido mostrar un rostro tolerante para diferenciarse del régimen represivo. Y gracias a esa tolerancia mantiene un encono creciente con muchos grupos sociales, y los conflictos poselectorales en más de 150 municipios dominan a toda la entidad. Su gabinete ha sido ampliamente cuestionado e, incluso, ya todo mundo solicita la renuncia de su secretaria de Gobernación, Irma Piñeiro, candidata de Nueva Alianza que declinó en el momento adecuado. Su relación con los medios de comunicación también es francamente mala. Así, Oaxaca, en lugar de iniciar su marcha al desarrollo, continúa atascada en la ingobernabilidad. Por lo menos en el inicio del sexenio de Gabino Cué.


La ingobernabilidad que vive Oaxaca a manos de su gobernador aliancista tiene un origen claro: la pública y manifiesta intención de Gabino Cué por meter a la cárcel a su antecesor Ulises Ruiz y a varios de sus excolaboradores. La petición de castigo de la sociedad oaxaqueña de sancionar los abusos y la corrupción parece será atendida. La animadversión entre ambos, además, es sazonada por dos exgobernadores, Diódoro Carrasco y José Murat, los principales promotores de que Ruiz vaya a la cárcel. El exgóber horroroso, sin embargo, no está manco y ya ha dispuesto varias líneas de defensa antes de caer. Tal resistencia es financiada con el dinero proveniente de los saqueos al erario, con los que Ruiz mueve medios de comunicación, organizaciones sociales e, incluso, al PRI, pues él sí logró imponer como dirigente al derrotado Eviel Pérez Magaña. Decidido a perseguir al viejo régimen, Gabino Cué incendió a su estado, perdió la gobernabilidad de la entidad y ha puesto en riesgo su carrera presidencial en el 2018. Inflado por las expectativas depositadas en él, el gobernador oaxaqueño será medido en función de sus resultados reales y no por la victoria histórica que obtuvo.


Rafael Moreno Valle no está dispuesto a que le ocurra lo mismo que a Gabino Cué. Esto es, que desde el primer día, en su protesta constitucional, los poderes fácticos lo sitien y deba ceder en aras de representar a un gobernador democrático. Iguales en el principio, sabe que dentro de un año se verá el alcance y las diferencias reales entre el poblano y el oaxaqueño. En especial, Moreno Valle no permitirá que se incendie Puebla de la misma forma que nuestra entidad vecina. Pero tal afirmación lleva al mismo punto de partida: ¿Qué hará Moreno Valle con el viejo régimen, y en especial con Marín? Perdón y olvido a cambio de gobernabilidad, o ajuste de cuentas con conflicto social. Mañana continuaremos.


*** Aclaración de Juan Carlos Valerio, director de Noticieros de TV Azteca. “Estimado Arturo: El pasado viernes, en nuestra emisión nocturna, metimos una nota acerca de la liberación del empresario Darío Fernández López. Al carecer de video de archivo de dicha persona, solicitamos al área de gráficos una fotografía de él, para lo cual buscaron en imágenes de Google una foto, tecleando el nombre en cuestión. El resultado les arrojó una foto tuya, por lo que al presentar la nota al aire, esta iba acompañada por tu fotografía.


”El motivo de este correo es suplicarte que nos perdones por este error involuntario. Si lo consideras conveniente, el lunes en la emisión nocturna, públicamente presentaríamos una fe de erratas.


”Sabiendo que cuento con tu comprensión, aprovecho la oportunidad para desearte un excelente año y me reitero a tus órdenes. Te mando un abrazo. Juan Carlos Valerio”.

 



 
 

 

 
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