Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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10/01/2013


Amantes del Pasado Improductivo e Inamovible


A veces creo que los poblanos no estamos preparados para la modernidad. Que nuestro amor por la tradición siempre es más fuerte que nuestra apuesta por el cambio. Ya no somos la Puebla levítica, es cierto, pero quizá todavía nos parecemos mucho. La inmigración de jóvenes provenientes del sureste, así como los defeños que llegaron en los años 80 y 90, cambiaron el perfil demográfico, pero las ideas anacrónicas siguen vivas. Un ejemplo de ello es la polarización que genera la construcción de un teleférico en la zona de Los Fuertes. Las encuestas muestran que los poblanos se dividen: por cada uno que está en contra, hay otro a favor. Eso hace que se trate sin duda del proyecto más polémico del morenovallismo. Lo inquietante no es la oposición a él, sino el tipo de argumentos que se manejan para dinamitarlo, ya que muchos de ellos se anclan en el provincianismo más exultante.


He escuchado a poblanos inteligentes decir que el teleférico es una ocurrencia del gobernador Moreno Valle porque desde las alturas no hay nada que valga la pena ver. Que los dos o tres turistas extraviados que llegaran a usarlo sólo tendrán una panorámica de “tendederos, calzones y tinacos”. Es decir, que el Centro Histórico no tiene una vista monumental y tampoco la merece. Este tipo de argumentos se desmontan con un poco de cultura viajera: basta ver los teleféricos de Guanajuato o de Taxco para entender que las ciudades coloniales compaginan con teleféricos. En resumen: los viajes sí ilustran.


Otros argumentos dicen que el teleférico es un acto de megalomanía de Moreno Valle porque los recursos del erario destinados a él podrían utilizarse para paliar otras necesidades de la ciudad. Quizá sea parcialmente cierto: los 200 o 300 millones que se van a gastar en la obra podrían utilizarlos para poner concreto hidráulico en otras vialidades. Pero eso creo yo porque tengo automóvil. Puebla es la ciudad con mayor número de pobres en el país y seguramente hay viviendas sin piso ni drenaje. Pero claro que esa discusión es bizantina: para qué sí y para qué no se deben utilizar los recursos del erario.


Al debate contribuye el silencio del gobierno estatal sobre el proyecto. La construcción del teleférico arrancó sin que Bernardo Huerta, el supuesto responsable de la idea, justificara los beneficios turísticos. Incluso al día de hoy no queda claro cuánto costará ni cuál fue el procedimiento para adjudicar la obra, ni la empresa que la realiza. La opacidad lo único que hace es alentar la oposición. Y por supuesto, está el tema de la ausencia de permisos del INAH, aunque siempre se dijo que sí habían sido emitidos.


En plena duda razonable sobre los beneficios del teleférico hicieron su aparición los más acérrimos enemigos de la modernidad en Puebla: los académicos disidentes del INAH y otras universidades, agrupados en el fantasmal Comité Defensor del Patrimonio Histórico. Ahora no asoma la cabeza Ana María Ashwell, sino Rosalva Loreto y Montserrat Gali Boadella de la Fundación Manuel Toussaint. Se trata del mismo movimiento que intentó detener las obras del viaducto 5 de Mayo, y también la modernización del Fuerte de Loreto. Se trata de las defensoras de la tradición, y de que el patrimonio histórico de Puebla se mantenga intacto aunque sea improductivo.


Por supuesto que el patrimonio de la ciudad debe ser cuidado. Pero a diferencia de estos investigadores, que ven a la historia como algo estático, yo creo que también debe ser productiva como ocurre en todas las naciones del mundo. Las pirámides de Egipto, la Roma antigua, El Escorial son, al mismo tiempo tesoros de la Antigüedad y grandes centros turísticos que alimentan la economía de esas ciudades. ¿De qué sirve un patrimonio inamovible e improductivo?


Pues eso es lo que precisamente quieren estos académicos devotos del pasado: que nuestros monumentos históricos sean improductivos. Que los reverenciemos, les quememos incienso e invirtamos dinero en cuidarlos. Pero siempre intocables: no importa el desempleo, la pobreza, la posibilidad de detonar una gran industria que beneficie a taxistas, restauranteros, hoteleros, botones, boleros y un inmenso etcétera. Que el pasado sea una herramienta para construir un mejor futuro y que Puebla deje de ser la ciudad con mayor número de pobres en el país.


Pero al Comité Defensor del Patrimonio Histórico nada de eso le interesa. Busca paralizar inversiones y si fracasó con el viaducto 5 de Mayo y el Fuerte de Loreto, ahora se siente cerca del triunfo gracias a la actitud sospechosa de la Dirección General del INAH y una suspensión provisional en un juicio de amparo. Parece difícil que el teleférico sea cancelado definitivamente, pero estos académicos se sienten ahora con el poder de frenar obra de infraestructura y fortalecimiento turístico.

 

Qué pena su amor por el pasado inamovible. Y qué pena quienes se adhieren a los argumentos provincianos para frenar el teleférico.

 

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