Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/06/2011


Agenda de riesgos: tres batallas en puerta para el morenovallismo


La agenda de riesgos del gobierno morenovallista indica una altísima probabilidad de turbulencias para la próxima semana que pondrán en riesgo la gobernabilidad que Rafael Moreno Valle se ha prodigado en mantener. Tres batallas en el horizonte que abrirán flancos que hasta hoy permanecían en completa calma. Dos de ellas tendrán como escenario el Congreso local y la última, el próximo domingo, involucrará la asamblea estatal para renovar al Consejo Estatal del PAN, para la que se prevé la posibilidad de que sea reventada por falta de quórum. El termómetro de las relaciones con Acción Nacional señala una temperatura elevadísima, pues a pesar de que el grupo del gobernador consiguió la mayoría en el Consejo para determinar el rumbo del partido en los próximos meses, el Yunque se resiste a perder el control y por ello tiene, estatutariamente, la posibilidad de dar un manotazo costoso: reventar el quórum para declarar desierto el Consejo con el objetivo de que el Comité Ejecutivo Nacional sustituya al Estatal con una delegación que opere así hasta octubre del 2012. El morenovallismo se encuentra alerta ante tal posibilidad, y por ello ya ha señalado a Juan Carlos Mondragón como un interlocutor no válido. Pase lo que pase, para que la suerte del joven dirigente está echada: exilio forzoso para estudiar en el extranjero o para irse a hacer política al DF.


El morenovallismo tiene un frente abierto en el PAN por el control del partido. Pero lo grave es abrir otro frente con el PRI al mismo tiempo en dos batallas legislativas. Uno, la reforma electoral y la duración del mandato del próximo gobernador que, en realidad, lo convertirá en un minigobernador. Para nadie es sorpresa que Moreno Valle ve con buenos ojos el hecho de que el próximo mandatario dure 18 meses en el cargo, y de preferencia sea designado por el Congreso local sin necesidad de organizar comicios. El análisis jurídico, sin embargo, ha determinado que cualquiera que sea la duración del periodo, es imperativo recurrir a las urnas. Y en el PRI parece haber una decisión que dicen es inamovible: el próximo gobernador deberá durar en su encargo cuatro años y medio para proceder a la homologación.


El gobernador Moreno Valle prefiere 18 meses y el PRI cuatro años y medio. Por tratarse de una reforma constitucional, requiere mayoría calificada de dos terceras partes, es decir, 28 diputados. Por ende, la participación del tricolor es imprescindible. Los proyectos sucesorios de uno y otro bando dependen precisamente de la trascendental reforma electoral, pues no hay la misma intensidad por gobernar año y medio, que por gobernar cuatro años y medio.


La próxima semana, además del conflicto interno por el control del PAN y la batalla por definir la duración del mandato del próximo gobernador, se abrirá con toda seguridad la cloaca del OFS con la inminente salida de Víctor Manuel Hernández Quintana, encubridor del marinismo a la hora de sanear sus cuentas públicas y, por tal razón, insostenible en el cargo. El procedimiento para la destitución, sin embargo, parece largo y tortuoso a menos de que el mismo auditor general decida abandonar su cargo. ¿Y por qué querría hacerlo, despedirse de la posición que le ha permitido enriquecerse? Precisamente: para evitar salir por la puerta de atrás y enfrentar cargos penales por las múltiples irregularidades en el ejercicio de la posición. Se dice en los rumores palaciegos la existencia de un voluminoso expediente que a cualquiera dejaría sin aliento.


¿Y qué contiene el dossier capaz de hacer abandonar a Hernández Quintana el cargo por su propio pie? Nada más y nada menos que las pruebas fidedignas de la colusión del auditor general con varios despachos encargados de las auditorías a municipios y entidades. Prevaricato le llamarían los abogados: trabajar al mismo tiempo para un parte y la otra. Un hecho gravísimo que lo haría merecedor a sanciones penales.


Al mismo tiempo, sin embargo, no se sabe a ciencia cierta la postura que asumirá el PRI ante la destitución del auditor general. O mejor dicho: qué postura asumirá Mario Marín frente a la desgracia de su protector. ¿Los diputados del PRI procederán a acuerparlo y entrar en rebeldía? ¿O entregarán su cabeza con la mayor tranquilidad?

 

Semana riesgosa entonces para la gobernabilidad: además del enfrentamiento interno con el PAN, se asoman batallas importantes con el PRI. El tablero de control de Fernando Manzanilla debería definir prioridades y tomar la urgente. La apertura de varios frentes es receta segura de complicaciones.

 



 
 

 

 
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