Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/09/2010


Estefan está vetado por Moreno Valle para el PRI


Concluimos el lunes pasado que el perfil de próximo dirigente estatal del tricolor, aquél que deberá reunir los restos del naufragio y administrar las vacas flacas a lo largo del sexenio, debía reunir tres cualidades: fortaleza financiera, importantes padrinazgos nacionales y preparación académica y/o técnica para ganar el debate mediático a los morenovallistas. Pocos poblanos reúnen tales características, y, de hecho, pareciera que el perfil dibujado encaja perfectamente en la persona de Jorge Estefan Chidiac, quien para sorpresa de muchos alzó la mano para buscar la dirigencia y hasta se atrevió a pegarle a Javier López Zavala al calificarlo de “poco moderno”, eufemismo para llamarlo en realidad “dinosaurio”. El exdiputado federal tiene un montón de cualidades: se trata de un político de genio reclutado desde muy joven por Manuel Bartlett; en sus dos etapas como diputado federal cosechó grandes relaciones con la clase empresarial y política del país, y conoce perfectamente las entrañas de la administración pública. Sin embargo, tiene dos defectos que minan sus posibilidades reales de convertirse en el nuevo líder priista: uno, las acusaciones de corrupción que le hicieron en campaña al grado de señalarlo de ser propietario de una auténtica residencia palaciega en La Vista; y dos, que el gobernador electo, el nuevo mandamás de Puebla, literalmente lo aborrece y no puede verlo ni en pintura.


Antes de la campaña, Jorge Estefan Chidiac y Rafael Moreno Valle eran amigos. Muy amigos, con un punto común: Tony Gali. De hecho, Estefan fue invitado a incorporarse a la alianza opositora, pero declinó para quedarse en el tricolor y convertirse en coordinador de Políticas Públicas de Javier López Zavala. Su labor no se redujo a la asesoría, sino que se convirtió en un auténtico ariete en contra del candidato de la alianza opositora olvidando su vieja amistad y favores mutuos del pasado; el asesor zavalista tomó una ametralladora y se dedicó a percutir todo lo que oliera a Moreno Valle: familia, pasado como funcionario, capacidad como economista. El hoy gobernador electo devolvió golpe por golpe: difundió imágenes de su lujosa casa e incluso, sugirió que su enorme riqueza provenía de la ilegalidad. Incluso lo denunció ante el SAT a través de su concuño Tony Gali, quien antes fue la bisagra entre ambos.


La realidad es una: el gobernador electo se la tiene jurada a Jorge Estefan Chidiac, quien tras la derrota priista prácticamente desapareció un mes en busca del cobijo de Enrique Peña Nieto y Emilio Gamboa, pero regresó sin éxito buscando una salvoconducto a la rumorada persecución que —se dice en los rumores palaciegos— Moreno Valle tiene preparada en contra del exdiputado federal. Y ningún salvoconducto mejor que ser el dirigente estatal del PRI. Así, cualquier persecución fiscal o policíaca será denunciada como si se persiguiera a un preso político. “El gobierno morenovallista me persigue para atacar a mi partido”, podrá denunciar el exdiputado federal.


La calumnia mancha, y más si Estefan nunca aclaró pertinentemente las acusaciones de riqueza inexplicable. Sumado a esas dudas, el exdiputado fue parte del equipo que perdió con Javier López Zavala: no es un secreto que era unos de sus asesores con mayor influencia e incluso se hizo cargo de la presentación del programa económico. Se veía ya con la Secretaría de Finanzas en las manos, hasta que todo se derrumbó. Pese a sus insuperables cualidades técnicas, es bastante dudoso que Estefan reúna la autoridad moral para rehacer el navío estrellado.


Regresamos al principio: fortaleza financiera, importantes padrinazgos nacionales y preparación académica y/o técnica para ganar el debate mediático a los morenovallistas. Añadiría una característica más: debe ser un joven, es decir, menor de 40 años. ¿O cómo se verá un ilustre vetusto-dinosaurio debatiendo contra jóvenes como Juan Carlos Mondragón, José Juan Espinosa, Cabalán Macari, Mario Riestra Piña, Tony Gali junior y más treintañeros? Pues muy simple: pésimo, cuando la edad promedio del equipo compacto morenovallista se cifra en los 42 años.

 

Prácticamente, los priístas podrían ir perdiendo la esperanza de encontrar al hombre idóneo capaz de convertirse en el dirigente estatal que cumpla con tal perfil. Pero no desfallezcan: el hombre existe. Es poblano, menor de 40 años, con excelente perfil académico, y, por si fuera poco, cuenta con importantes padrinazgos nacionales pues ya trabajó en una campaña presidencial. Su único defecto es que todavía labora para el gobierno marinista. Pero quizá por poco tiempo, ya que medita renunciar para jugársela con todo en la búsqueda de la dirigencia estatal del tricolor. Algo que podría suceder a finales de la próxima semana. Su nombre es……

 



 
 

 

 
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