Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/10/2011


Sigue la pista del dinero: en qué gastó Marín y en qué lo hace Moreno Valle


Hay algunos opinadores profesionales a quienes no avergüenza su ignorancia. Por ejemplo, a quienes confunden los conceptos de “bono democrático” y “legitimidad por resultados”. La diferencia es abismal: mientras el primero es consecuencia de las elecciones, el segundo depende de la tarea diaria de gobierno. Como lo establece la doctrina, el bono democrático tiene una corta temporalidad porque se trata del apoyo social que recibe un gobernante en los primeros meses de la administración. No dura eternamente porque entonces, tras un tiempo, debe empezar a dar resultados concretos. Por supuesto, existen gobernantes que confunden ambas cosas: Vicente Fox quiso gobernar con encuestas en mano para no perder la popularidad que ganó el 2 de julio del 2000 y terminó como el peor presidente en la historia del país. Concluyendo: el bono democrático es coyuntural y la legitimidad por resultados depende de la acción de gobierno. Rafael Moreno Valle hace tiempo que agotó su bono democrático porque tiene casi 9 meses de gobierno: no podemos juzgarlo ya por los resultados del 2010, sino por lo hecho desde que tomó protesta. En ese sentido, hablar a estas alturas de bono democrático es francamente un absurdo.


El gobierno es cuestión de cifras, gobernabilidad e indicadores, no un concurso de popularidad. La compleja tarea de mediar intereses en la sociedad e impulsar una agenda de desarrollo va más allá de la simple percepción. Un estudio del prestigiado Centro Internacional del Desarrollo (Cidac) que dirige el prestigiado economista Luis Rubio demuestra el tamaño de fracaso de Mario Marín como gobernante y las oportunidades desperdiciadas a lo largo de su administración. No hablamos de la percepción social generada por el escándalo Cacho y la pérdida de legitimidad, sino netamente de resultados de gobierno, inversión pública y demás variables económicas.


El estudio parte de una realidad denunciada constantemente en este espacio: Mario Marín dispuso de un presupuesto histórico para la entidad producto de la bonanza petrolera. Tuvo casi el doble que Melquiades Morales y el triple que Manuel Bartlett. Dice el Cidac: “El ingreso del estado creció de manera progresiva en las últimas tres gubernaturas, lo que implicó mayor disponibilidad de recursos para el gasto público. El crecimiento del ingreso estatal durante el periodo 1992–2008 fue del 348 %, es decir, los ingresos del estado crecieron más del triple. Una de las principales causas del crecimiento de los ingresos del estado fue el aumento en las transferencias federales que recibió el estado”.


En su primer año, Marín dispuso de 29 mil millones y cerró el último con un gasto de 52 mil, es decir, un incremento real de 33 mil millones de pesos. Manuel Bartlett, en el promedio por habitante tuvo un gasto de 3 mil 660 pesos; Melquiades Morales de 6 mil 646 pesos y Mario Marín llegó hasta los 8 mil 447. En otras palabras: el exgobernador fue uno de los virreyes que recibió una carretada de dineros federales. Una de los peores versiones de aquello que Héctor Aguilar Camín llama el “feuderalismo”.


¿Y qué hizo Mario Marín con las carretadas de recursos que recibió? Muy sencillo: tirarlo a la basura. O como dirían los economistas técnicos: lo dedicó al gasto corriente, es decir, a la burocracia con la que construyó un sólido grupo de apoyo en la crisis del Caso Cacho. Dinero, por supuesto, que no aporta al desarrollo sino a la construcción de clientelas. En 1992, el 75 por ciento del gasto se dedicaba a burocracia, y Marín llevó esa cifra al 86 por ciento. En términos reales, señala el Cidac: “La mayoría del gasto del estado ha sido destinado al gasto corriente que al gasto en inversión. En 1992, el gasto corriente representó el 75% del gasto total, en tanto que en el 2008 representó el 86%. Ello implica que la administración en 2008, favoreció menos el gasto en inversión sobre el gasto operativo, que la administración en 1992”.


Marín gastó muchísimo en burocracia. Pero también en la construcción de lealtades a través de la partida conocida como “Transferencias y subsidios gubernamentales”, es decir, las maletas con las que se construyen clientelas. El exgobernador llegó a gastar 2 mil 75 pesos por habitante en tal concepto, mientras Bartlett sólo gastaba 454 pesos.


Siga la pista del dinero: ya puede encontrar por qué muchos grupos, actores mediáticos y organizaciones sociales buscan dinamitar al gobierno morenovallista. Mientras Marín privilegió a la burocracia y sus clientelas como receptores del gasto público, Moreno Valle revirtió tal tendencia para hacer crecer el gasto en inversión. En esencia, se trata de los chillidos de los ratones que buscan su quesito. Muy parecido al título del libro que Fernando Manzanilla citó en su entrevista.


*** A comerse sus palabras. Luego de que CAMBIO destapara el dobleteo laboral de Mónica Arroyo con pruebas documentales, el alcalde Eduardo Rivera Pérez salió a su defensa y dijo que se trataba de una mentira. Que no había irregularidad en que al mismo tiempo fungiera como presidenta del Tribunal de Arbitraje Municipal y funcionaria de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Pues resulta que sí.

 

La abogada, a partir de hoy, enfrenta un proceso administrativo por parte de la Contraloría Estatal y una denuncia ante la PGJ por el delito de usurpación de funciones. En ambos procesos se puede hacer acreedora a un año de prisión y otro de inhabilitación. ¿Qué dirá hoy el alcalde? No debe olvidarse que Mónica Arroyo deberá abandonar el Tribunal y, al quedar acéfalo, no se sabe qué ocurrirá con el emplazamiento a huelga del Sindicato. Se complica el escenario de Lalo Rivera. A comerse las palabras.

 



 
 

 

 
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