Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/11/2010


Los escritores también quieren copular (González de Alba dixit)


Disidente y genial, como suele serlo, Luis González de Alba encuentra explicación al hecho de que las redacciones de diarios y revistas publiquen un porcentaje más alto de artículos elaborados por hombres que por mujeres. Responde así a la cuestión planteada por Héctor Aguilar Camón, quien haciendo un recuento de los últimos números de Nexos y Letras Libres encuentra pocas colaboraciones del género femenino. La causa, explica González de Alba, es que el campo de la intelectualidad dominada por el género masculino es un nicho de competencia evolutiva, en la que los machos pueden exhibirse frente a las hembras y ser seleccionados para copular. Según esta versión darwinista de la escritura, los directores, periodistas, novelistas, poetas, articulistas son parte del ánimo competitivo del macho y sus publicaciones instrumentos para presumir lo listos que son ante las hembras, quienes, por supuesto, eligen con quién copular. Valga el serio divertimento publicado por uno de los intelectuales más probados del país. La versión completa puede encontrarse en el número reciente de Nexos bajo el título de “Género y cuotas”.


“Se me dirá que eso es fácil de comprender: son trabajos que exigen fuerza física y, hasta si no la exigen, el dominio masculino levanta barreras no siempre escritas ni expresas que pocas mujeres cruzan. Conozco el argumento aunque no revela los motivos para que hombres separados por milenios, océanos y culturas, hagan esa división sexual del trabajo. Pero, sobre todo, no explica el predominio de los hombres en la revista cuyo lema es “Sociedad, Ciencia y Literatura”. No y sí. Capacidad de escribir la tenemos en igualdad de condiciones hombres y mujeres. Más aún, si alguna diferencia hay, es a favor de las mujeres, cuyo desarrollo verbal es más temprano, como prueban centenares de observaciones. Pero hay más hombres escribiendo, sean ciencias, sonetos o ensayos históricos y sociales, y para el segundo paso, publicar nuestros escritos, tenemos una clara ventaja que nos da el ánimo competitivo y logramos, finalmente, que nuestros escritos aparezcan.


“La razón es sencilla: los campos de trabajo los crean hombres, luego las mujeres exigen ser admitidas y una democracia no puede establecer restricciones…Los hombres, como casi todos los machos de especies cercanas a nosotros, están diseñados por Madre Naturaleza para reproducirse mucho y morir jóvenes. Son competitivos porque millones de años de evolución han seleccionado los valores que mejor sirven a la reproducción (de ahí el misterio de que la homosexualidad masculina persista). Donde veamos machos, encontraremos ruido, alarde y competencia. No son excepción los humanos; pero en medios intelectuales, como las revistas donde es más prestigioso publicar, la competencia adquiere voces discretas y peroratas largas.


“En la selección de los machos, que urden todo tipo de exhibicionismos, la Naturaleza toma aspecto de mujer: son ellas quienes eligen desde antes de que fuéramos Homo Sapiens. En otros mamíferos eligen al macho (león, lobo, alce) que demuestre sus buenos genes derrotando a los competidores. En otras clases, como las aves, la competencia se da en la belleza. El macho muestra coloridos espectaculares que dicen: me tienen sin cuidado los predadores, échenme al gavilán. Y ellas eligen. Al elegir dirigen la evolución de la especie. Y pueden, por cierto, equivocarse: la cola del pavo real ya le impide el vuelo para escapar de un lobo. No les importa la muerte porque mueren con decoro (como los tomatitos) dejando sus genes bien diseminados en muchas hembras.


“Un estudio realizado en 20 países revela que el riesgo de muerte prematura es mayor para hombres que para mujeres a cualquier edad. En Estados Unidos, durante 1998, los hombres mayores de 50 años, para nada unos jóvenes alocados, tuvieron de cualquier forma dos veces más probabilidades de sufrir una volcadura al guiar un auto. El riesgo sigue siendo mayor para hombres que para mujeres, aun para hombres que han rebasado los 80 años. Por supuesto, entre los 20 y 24 años mueren tres veces más hombres que mujeres en accidentes evitables. Ser hombre es malo para la salud.


“Esa misma proporción se confirma en Irlanda, Australia, Rusia, Singapur y El Salvador: en el mundo entero por encima de clases sociales, de sistemas económicos y de regímenes políticos, es peligroso ser hombre. Lo mismo puede afirmarse de chimpancés y hasta de mosquitas de la fruta.


“De moscas a pájaros a gente, los machos dicen a sus potenciales cónyuges: ‘Soy el mejor”. Y la manera de decirlo es como la hembra exija. Puede ser “pelea con estos…” o simplemente muéstrame un nido a mi entera satisfacción. De ahí que las hembras, no los machos, conduzcan la forma futura de la especie, la morfogenia. Si ellas se equivocan, la especie desaparece.


“Escribir para revistas como Nexos o Letras Libres es parte del ánimo competitivo del macho: “Soy el mejor”, dice a sus posibles conquistas, “mira dónde me publican”.


“Es bien conocido el gusto de los hombres maduros por las mujeres jóvenes, a veces muy jóvenes, y es conocido también el gusto de las mujeres jóvenes por hombres maduros, ricos y poderosos. El poder es un afrodisíaco, se dice. Lo es para las mujeres. Y el motivo es sencillo de comprender: los hombres ven en la joven una buena paridora, las mujeres ven al hombre de éxito y edad madura como buena garantía para la prole. Sin duda son procesos inconscientes: ni el hombre maduro está pensando embarazar a la joven (más bien evitándolo), ni la joven hace tan aritméticos cálculos. Simplemente se gustan y no saben por qué. Lo sabe Madre Natura.


“El interés de los machos por competir es claro: atraen más hembras, lo mismo el chimpancé gritón, el alce de gran cornamenta o el hombre que pelea puestos en la industria, la política o, más discretamente, en el mundo intelectual en el que hay relación directamente proporcional entre prestigio y atractivo sexual.


“¿Y cuál es el interés de la hembra por seleccionar al mejor macho disponible? Uno: su mayor inversión en la economía biológica: la hembra y el macho invierten de manera muy desigual cuando se reproducen. Él puede simplemente desaparecer (como tantos lo hacen) luego de fecundarla. La inversión de la hembra humana es alta: debe pasar nueve meses de creciente incomodidad, un parto doloroso al que fue condenada desde que nos creció el cerebro y el paso entre los huesos de la pelvis se hizo difícil, debe correr amplio riesgo de muerte, meses de lactancia durante los cuales entrega sus propias calorías y proteínas, y años de proteger la infancia de los hijos.


“De ahí que le resulte vital la selección del macho. Éstos no pierden nunca su ánimo de competencia, para eso están hechos. Unos brillan por su poder político, otros por su dinero y otros por su prestigio intelectual. Ellas no necesitan demostrar nada, a ellos les urge. Y un buen promontorio para subir a gritar lo listos que somos es Nexos. Otro, sin duda, es Letras Libres. Ellas miran, como leona aburrida, a sus atareados pretendientes o cónyuges”.

 

*** Notificados por correo los ganadores del concurso de ensayo para ir a La Ciudad de las Ideas. Nos vemos mañana iniciando con Malcom Gladwell, el gurú de Outliers.

 



 
 

 

 
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