Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/12/2010


El dueño del tiempo es dueño del poder


En una sola sentada, el marinismo jugó las últimas tres cartas que había guardado para un momento de urgencia. Dio por terminada la partida tras una encerrona y ya sólo les queda entregar las llaves de Casa Puebla y las oficinas. Por supuesto, se desconocen los términos de la capitulación. Una rendición jugosa, pero no dudosa. Y es que si bien la esencia de la política es conflicto, el otro lado de la moneda es la negociación. El intercambio de fichas, concesiones mutuas y conveniencias comunes. Tras la batalla, la paz honrosa. Las gráficas de las portadas de los diarios locales ayer mostraban a Fernando Manzanilla y Valentín Meneses jubilosos, como aquellos empresarios que han cerrado un gran trato. Sin embargo, al mismo tiempo, subrayaron la promesa de que el acuerdo no incluye la impunidad del gobernador Mario Marín. La duda se ha generado en una sociedad suspicaz, de por sí, ante la oscuridad con la que se ejerce el poder en México. La democracia, como establece Bobbio, presupone el gobierno del público en público. La práctica de los políticos mexicanos es su antítesis: el gobierno del público, pero en privado. ¿A qué tipo de acuerdos llegaron Moreno Valle y Marín en esa larga charla de tres horas, y que posteriormente aterrizaron sus operadores? Conocemos los resultados de uno de los bandos. El tiempo hará que conozcamos los resultados del otro bando.


Si bien Mario Marín construyó pacientemente la negociación de sus tres últimas cartas, tampoco creo que haya recibido grandes beneficios o promesas de protección, incluso que pudiera nombrar como intocable a alguno de los funcionarios sexenales que viven en la sospecha de una riqueza inexplicable. ¿A qué me refiero? A que cualquiera de las tres cosas que el mandatario en funciones otorgó —la posición en la CAIP, la cancelación de la Junta de Coordinación Política y la aprobación de la línea de crédito—, Rafael Moreno Valle podía obtenerlas por sí mismo. La siguiente Legislatura, con mayoría de la alianza opositora, lo mismo puede autorizar el empréstito que retornar a la Gran Comisión—. De igual forma, cualquiera que fuera designado integrante de la CAIP, por más marinista que fuera, no enfrentará al nuevo gobierno y ante una buena oferta hubiese abandonado su posición en la Comisión. Incluso ni siquiera sería necesario, porque solito buscará congraciarse con el gobernador Moreno Valle para recibir algún tipo de prebenda.


El gobernador electo conoce una de las máximas del ejercicio político: el que es dueño del tiempo, es dueño del poder. Es la lógica, por ejemplo, en la que los poderosos someten a largas antesalas a quienes los buscan: es la forma de demostrarle que son dueños de su tiempo, es decir, poderosos. Y todos se quedan ahí esperando. El tiempo, por tanto, juega a favor del morenovallismo: mientras a Mario Marín le quedan apenas 50 días, Moreno Valle tiene de frente seis años, 2 mil 190 días. Así que son pocas las cosas que pueden ofrecer los marinistas. Es una compra barata, casi de esperanza, porque todo queda sujeto al cumplimiento de buena voluntad.


Lo único que ha ofrecido Marín y le han comprado es su la asunción del costo político de las tres medidas. Un costo cero para el marinismo, calificado ya de por sí como un régimen corrupto y lejano a la gente. En dado caso, lo que más han comprado es evitarle problemas en el aterrizaje al nuevo gobierno: los choques por modificar la Junta de Gobierno, las críticas por aprobar el crédito y la oferta sustanciosa al don nadie que ocupará una posición en la CAIP.


Y al final, lo que vale dinero, cuesta barato.


*** Historias de abusos y privilegios en el final de sexenio. Luego de una labor elogiosa y honorable de doce años en el panteón de La Piedad, y justo a unos días de terminar el sexenio, la compañera Alejandra Fonseca recibió la orden fulminante de Víctor Gabriel Chedraui de abandonar su trabajo sin permitirle ni siquiera terminar sus proyectos de alfabetización pendientes con los sepultureros. El pecado de Fonseca fue tratar de meter en cintura a una auxiliar administrativa, Mónica Beatriz Herrada, quien goza de muchos, muchísimos privilegios en el IAPEP y nadie sabe la naturaleza de la protección que se le otorga o los favores que presta para recibirla.


Se desconoce, por supuesto, la naturaleza de la relación que Víctor Gabriel Chedraui mantiene con ella para darle una protección ilimitada, o si sea beneficiario del algún tipo de favor. Hablaría bien de quien se conoce como un buen funcionario y padre de familia, reconsiderar tal decisión iracunda a unos días de que acabe el sexenio marinista. Mientras tanto, la araña investiga de qué privilegios goza Mónica Beatriz Herrada González, quien además es considerada una trabajadora conflictiva en otras áreas en las que ha trabajado.


*** Sobre el ostracismo que termina. “Arturo, al leer tu columna de hoy, recordé un libro que creo puede aplicarse muy bien a otra parte de este lamentable sexenio.

 

“Esta fue una época de cleptocracia, en donde el robo a las arcas del Estado no sólo era común y cotidiano, sino aceptado y hasta admirado por la sociedad. Los descarados autores de este saqueo prácticamente competían por ver quién se llevaba el mayor botín. El libro no habla de Puebla ni de García Ramírez, ni de Arango, habla de la corrupción y el flagrante nepotismo que prevalecía en la Roma del siglo XVII, pero bien podría aplicarse al marinismo, ¿no crees? Atte. Un asiduo lector de tu columna. Héctor Romay”.

 



 
 

 

 
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