Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
[email protected]
[email protected]


11/01/2012


Crónica de un impresentable en el peñanietismo


La liebre brincó por donde menos se lo esperaba Enrique Peña Nieto. O en este caso, el cínico más grande que Puebla ha dado. Mario Marín Torres, con su carga de desprestigio nacional, no tuvo empacho en presentarse en los mítines de Enrique Peña Nieto y con su sola presencia generar un pequeño escandalito en los medios nacionales que a media tarde reportaban el hecho en sus portales. Es difícil pensar qué pasó por la cabeza del exgobernador mexiquense al invitar a semejante personaje a su gira. La indignación se levantó en la prole tricolor que sufre el desempleo y no esperaba encontrarse en el Centro de Convenciones al autor de sus cuitas. Una sonora rechifla se escuchó cuando el “Gel Boy” tuvo la osadía de agradecerle su presencia. Y es que Marín, nadie más, es responsable de entregarle el poder a Rafael Moreno Valle por su empecinamiento en imponer a Javier López Zavala, un invento sexenal sin la trayectoria ni la preparación suficiente para llegar a la gubernatura.


Mario Marín es un impresentable. En el PRI local. En Puebla, en México y el mundo. Im-pre-sen-ta-ble. Un sujeto que representa el emblema de la corrupción, la ineficiencia y el enriquecimiento ilícito. Es difícil encontrarle el valor que Peña Nieto le da para invitarlo a su mesa y después al presídium. A estas alturas, el exgobernador lo único que tiene es dinero. Riqueza mal habida producto de los casi 300 mil millones que recibió en su sexenio y se fueron al bote de la basura en megaobras fallidas como La Célula y el Centro Expositor. Pero ahí estaba, orondo, en el Centro de Convenciones pese al abucheo. Porque es el amo del PRI poblano. Porque su chequera se espera generosa en la campaña. Por la razón que sea, Peña Nieto decidió cargarse en la espalda un nuevo escandalito al tomarse de la mano con el “góber precioso”.


Frente a la indignidad de la prole tricolor se alzó, en un momento de lucidez, la ausencia de la estructura panalista que decidió retirarse de la gira en cuanto vio aparecerse a Mario Marín. No hubo rastro de Gerardo Islas, ni Guillermo Aréchiga, ni Cirilo Salas en los eventos. Ya lo había advertido con antelación el extitular de la Gran Comisión en el Congreso: por ningún motivo asistirían a un mitin en el que se apareciera el “góber precioso”. Paradojas de la política: los priistas tragaron camote con Elba Esther Gordillo, pero los panalistas se vomitaron sobre Marín.


Como el impresentable que es, Mario Marín debe ser mantenido en las sombras para evitar los escandalitos nacionales. A cuento viene la polémica provocada por Javier Sánchez Galicia con la publicación de un artículo académico en un libro argentino en el que analiza desde la perspectiva mediática el escándalo Cacho y que enardeció a Valentín Meneses. En la batalla de voceros marinistas ganó Sánchez Galicia porque aplicarle un principio de “bajo perfil” a la figura de Mario Marín fue lo que permitió salvar el sexenio tras la andanada mediática que el compadre dejó pasar.


En un análisis intitulado “Dios en el Poder” como parte del libro La gestión del disenso, la comunicación gubernamental en problemas de la editorial Las Inclusiones, Sánchez Galicia puntualiza los errores cometidos por Valentín Meneses en la crisis desatada del 14 de febrero de 2006 y revela las soluciones aplicadas por él mismo para limpiar la imagen del gobierno marinista. Entre ellas determinó mantener al gobernador Mario Marín en un estado de low profile y desaparecerlo de cualquier acto público para evitar que fuera abucheado o confrontado por la prensa. “Aplicar una estrategia de low profile, es decir, sacar la presencia física del gobernador de la escena mediática y orientar los reflectores al trabajo institucional del gobierno como una estructura operativa que ejecutara las políticas públicas”.


Bajo perfil es lo que necesita Peña Nieto aplicarle al impresentable Mario Marín. Esconderlo, como se esconde a los trapos viejos y a la vajilla sucia. Porque darle votos o prestigio, no va a darle. Puros escandalitos nacionales.


**** El trayecto de Agüera. Como originalmente le habían comunicado un día antes Jesús Aguilar Padilla, Ranulfo Márquez y Lastiri, el rector Agüera fue uno los pocos privilegiados que tuvieron audiencia privada con Enrique Peña Nieto. Ocurrió en la camioneta del candidato presidencial, en el trayecto del hotel Presidente Intercontinental al Centro de Convenciones. Cuenta un testigo presencial que Peña Nieto ponderó el capital político del mandamás de la BUAP y le anunció que el PRI estudia cuidadosamente la coyuntura electoral para determinar el candidato al Senado.


Aparentemente el tema de la sucesión rectoral en la BUAP no se tocó, y Peña Nieto le comunicó a más tardar que el próximo domingo el PRI definirá al candidato al Senado por lo que debe consumar sus últimas inauguraciones y prepararse para recibir la señal tras al Primer Informe de gobierno de Rafael Moreno Valle.

 

El trato preferencial con que Peña Nieto distinguió a Enrique Agüera difiere totalmente del que le dio a Javier López Zavala. El candidato fallido a la gubernatura solamente recibió palmadas en la espalda y un genérico, ¡vas muy bien mi chavo!

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas