Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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11/03/2011


Ardelio, el “Genaro García Luna” de por aquí cerquita

 

La historia reciente de Puebla no registra un megaridículo semejante al protagonizado ayer por Ardelio Vargas Fosado, secretario de Seguridad Pública, quien puso su cara de “usted disculpe” luego de que ninguno de los 53 detenidos en la impresionante operativo de la 46 Poniente fuera consignado por el Ministerio Público, y la mayoría de las 20 toneladas de autopartes debieran ser devueltas a los comerciantes de la zona tras comprobar su legítima propiedad. Entre los detenidos, por si fuera poco, hubo poblanos que ni siquiera tenían relación con la venta de autopartes: una mujer bolera, un empleado de Telmex, un hojalatero, un vendedor de tapetes para autos, sujetos a bordo de sus bicicletas, un taquero y un varón que iba por las tortillas. Su pecado fue pasar por ahí. Total, un auténtico bodrio en materia de seguridad pública protagonizado por el supuesto superpolicía que estuvo al frente de la AFI y la Policía Federal. El megaridículo tiene fundamento: si bien es cierto que todos los poblanos sabemos que ahí se comercializa el producto del hurto que sufrimos a diario, también es cierto que el deber de las autoridades es probarlo y no lanzase al ahí se va, como “el Borras”. Un operativo serio requiere un trabajo previo de inteligencia, pero a Ardelio lo único que le interesaba era el aplauso fácil.


No es el primer ridículo de Ardelio, quien pierde rápidamente los hilos del control de la seguridad pública. Hace un par de semanas montó un operativo espectacular del que participaron más 500 elementos para sitiar a Palmarito Tochapan y detener a 12 rijosos de un enfrentamiento de familias. Las gráficas mostraban a un titular de Seguridad Pública y al procurador de Justicia con aire grave, como dos generales que analizan el mapa de la zona para definir la estrategia del ataque. La estrategia, ya se sabe, fue pésima, porque de los 12 detenidos únicamente dos fueron consignados por el MP, pero la violencia no se ha detenido: falta muy poco para la feria del pueblo y todos temen una gran balacera. Fue la primera gran faramalla.


Nadie debe olvidar que el gran valedor de Ardelio Vargas Fosado ante Rafael Moreno Valle para que lo designara titular de Seguridad Pública fue su amigo Genaro García Luna, titular de la dependencia a nivel federal y que es amante también del show mediático antes que de la efectividad policiaca. Es conocida su afición por realizar montajes para la televisión y armar historias dignas de La Ley y el Orden para dar la impresión de una corporación única en el mundo. En esa tendencia al show mediático muchas veces se le ha pasado la mano, como en el caso de un secuestro en el que murió el subdirector del área en circunstancias pocas claras. Y qué decir de la detención de “La Barbie”, narrada en los diarios como una operación de alta escuela cuando en realidad todo inició cuando circulaba a exceso de velocidad en la carretera de La Marquesa.


Pues bien, Ardelio Vargas Fosado se ha revelado como el “Genaro García Luna” de por aquí cerquita. Y no se trata de un elogio. Su currículo de superpolicía queda a deber con lo mostrado en poco más de un mes. Por supuesto, no se trata de hacer una apología de la seguridad pública en los tiempos del marinismo caracterizada por los “hechos aislados”. Dentro de los análisis de la alternancia de poder siempre se habló de un desfase una vez que el nuevo titular de Seguridad Pública asumiera el cargo, pues los grupos del crimen organizado querrían calar al nuevo régimen. En vez de ello, han sido pequeños delincuentes, asaltabancos, ladrones de vehículos y criminalillos regionales quienes pusieron en jaque a Vargas Fosado. Los grandes capos y organizaciones del crimen todavía no asoman el rostro. Con lo pequeño, sin embargo, el titular de Seguridad Pública se ve agobiado.


El país vive una guerra sangrienta y, en ese contexto, lo mínimo que se pide a las autoridades son estrategias de control que garanticen a los ciudadanos sus libertades. Pero de ahí hay mucha distancia a que los propios cuerpos de seguridad organicen sus propios ridículos para que los criminales se rían de ellos, como ríe ahora la mafia de la 46 Poniente. Ardelio Vargas se colocó en el fuego, pues ahora los 53 detenidos podrían presentar una queja ante instancias locales y nacionales de defensa de los derechos humanos. Y a lo mejor a Ardelio eso no le interesa luego de asumir el costo de operativos sangrientos como en Atenco y Oaxaca. Pero qué opinará el gobernador Moreno Valle de que ante los medios se consigne a Puebla como un estado violador de garantías, pues ninguno de los 53 detenidos fue sorprendido en flagrancia. Ardelio tampoco portaba órdenes de cateo para los negocios, pues es garantía de legalidad que nadie puede ser molestado en su persona o propiedades salvo mandato judicial. Los delincuentes ríen de Ardelio Vargas.


El megaoperativo de la 46 terminó en megaridículo por falta de inteligencia. Inteligencia como sentido común e inteligencia como acopio de información. El sentido común falló cuando ordenó detener poblanos e incautar autopartes sin un mandato judicial ni investigaciones previas del MP. Y tampoco hubo información, pues todo mundo sabe que las autopartes robadas no se exhiben, sino que jovencitos en bicicleta van por ellas a las vecindades aledañas, donde ahí sí podrían encontrarse más de cien toneladas de autopartes robadas. Por último: nada me daría más gusto que Ardelio hubiera hecho bien su trabajo, porque soy uno de los miles de poblanos que han sufrido los hurtos. Nada más tres llantas en los tiempos de Blanca Alcalá.

 



 
 

 

 
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