Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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11/10/2010


¿Cómo impedir que Moreno Valle se convierta en el Fox poblano? (I)


Se entiende con claridad la preocupación que genera en Rafael Moreno Valle y su equipo las altas, altísimas expectativas que su triunfo generó entre una amplia mayoría de poblanos que esperan con ansia cambios radicales a partir de que inicie su gobierno. Altísimas expectativas que hoy buscan ser rebajadas con un discurso moderado enfocado en que tales cambios no pueden provenir de una sola voluntad, así sea el gobernador investido de una amplia legitimidad. Por el tamaño de la esperanza generada y la amplia participación electoral, la victoria de Moreno Valle, históricamente hablando, sólo admite comparación con el mítico triunfo de Vicente Fox Quesada, los escenarios prácticamente son idénticos: el derrumbe de un sistema hegemónico que duró décadas, una victoria de la oposición respaldada por una amplísima participación electoral, un candidato que encandiló a la sociedad, una campaña atractiva fundada en la mejor mercadotecnia electoral y un abanderado del régimen que nunca pudo despertar entusiasmo. Nadie puede regatear: Vicente Fox es el presidente más legal y más legítimo en la historia nacional; sin embargo, terminó su sexenio desastrosamente, repudiado por los mismos que un día depositaron en él todas sus esperanzas de fundar un nuevo régimen político. Ése es el temor del morenovallismo: empezar tan bien para terminar tan mal.


El juicio histórico del por qué Vicente Fox arruinó su presidencia todavía se encuentra inacabado por la cercanía de los eventos que condujeron al régimen del cambio a un rotundo fracaso y al desprestigio social. Hipótesis sobran: desde la deschavetada conducta del exmandatario que en campaña resultaba atractiva, pero nefasta a la hora de hacer gobierno, hasta la fractura del equipo que lo llevó a Los Pinos, pero que se fue desintegrando con el paso del tiempo. También el exagerado protagonismo de quien comenzó el sexenio como directora de Comunicación Social, más tarde fue esposa, y por último, el frustrado proyecto sucesorio. Los análisis coyunturales de Alfonso Durazo, Jorge G. Castañeda y Manuel Camacho Solís no aportan una causa definitiva y los historiadores Enrique Krauze, Aguilar Camín y Lorenzo Meyer no dictan cosa juzgada.


En ese sentido, los morenovallistas no tienen hoja de ruta para navegar. Carecen de un recetario para impedir que Rafael Moreno Valle termine convertido en el Vicente Fox poblano: un gobernante con toda la legitimidad del mundo derrumbado por las amplias y exageradas expectativas de la sociedad, porque esa es una de las razones de fondo a analizar; quizá el guanajuatense no fue tan mal presidente, sino que lindó la raya del “panzazo”. Quizá sus decisiones no cambiaron a México, pero tampoco lo hundieron, en otras palabras, fue mediocre en el peor de los sentidos. Sin embargo, terminó como un gran villano: repudiado por siete de cada diez mexicanos y con una calificación abajo del seis. Ni siquiera pudo rendir su último Informe de Gobierno y alentó la polarización que casi destruye al país en 2006.


¿Cómo se jodió el sexenio de Vicente Fox? ¿Cómo impedir que se joda el de Rafael Moreno Valle? ¿Cuál es la ruta de navegación para no caer derrumbados ante las altísimas expectativas? El tema es espinoso, aunque analizar tal proceso histórico debería ser una prioridad para Fernando Manzanilla, el cerebro político del régimen.


Seguramente alguien tomará distancia del riesgo afirmando que Vicente Fox y Rafael Moreno Valle tienen personalidades contrapuestas y que ello hará la diferencia, o que Moreno Valle tiene más experiencia de la que tenía el guanajuatense al momento de asumir el poder, o que no es lo mismo gobernador un país tan complejo y desigual que administrar una entidad que también es… compleja y desigual. Vamos ordenando ideas.


En el 2000, cuando Fox asumió la presidencia, ya contaba con una amplia, amplísima experiencia y llevaba años como parte de la clase política nacional. Antes de 1988 fue dirigente empresarial y tras su ingreso al PAN, como parte de la corriente de Maquío, fue diputado federal y gobernador de Guanajuato. Así que la inexperiencia no fue la causa del fracaso. Moreno Valle, en menos de una década, recorrió todo el escalafón de la clase política: diputado local, diputado federal, senador y gobernador. Los únicos cargos de elección popular que le faltan son alcalde y presidente de la República. Así que la experiencia en cargos de elección popular o administrativos parece, no hará diferencia.


Respecto de la personalidad, sabemos muy bien que el poder apendeja a los inteligentes y enloquece a los pendejos, y que ninguna personalidad está completamente asumida hasta que no se suben al ladrillo. Así que falta recorrido todavía para atestiguar cuál será la personalidad del gobernador Moreno Valle, muy diferente a la del secretario de Finanzas o la del senador o la del candidato. La diferencia es fundamental: por primera vez, Moreno Valle no tiene un jefe directo.


El miedo en el equipo morenovallista está ahí, incluso en el mismo gobernador electo, pero las respuestas para no terminar convertido en el Fox poblano no llegan. Hasta el momento la estrategia es rebajar las expectativas con un discurso de moderación radicalmente diferente al de la campaña: Moreno Valle no tiene en sus manos el cambio ni la superación de los rezagos que nos hereda el priismo, sino que la solución es la corresponsabilidad de todos los poblanos. Dos, Moreno Valle apuesta a un inicio espectacular con cien intensas inauguraciones de obras y programas. Ofrecer resultados es su credo para impedir el fracaso de la transición poblana. ¿Pero qué son resultados? Mañana platicaremos de ello.

 



 
 

 

 
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