Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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12/07/2010


Los perdedores quieren adueñarse de los restos del barco estrellado


La burbuja marinista responsable de la debacle tricolor no tienen prisa en rendir cuenta de las razones y causas por las que perdieron con estrépito el poder acumulado en 80 años. A una semana de la derrota, en una cultura de la dimisión Alejandro Armenta hubiera presentado su renuncia irrevocable bajo el peso de la responsabilidad histórica de entregarle el poder a la oposición. En una cultura democrática, Mario Marín habría salido a los medios de comunicación a reconocer el triunfo de Rafael Moreno Valle e iniciar los contactos para una transición de gobierno larga pero productiva. Y en una cultura de la autocrítica, Javier López Zavala antes de preparar su asalto a la dirigencia estatal del partido debería señalar los factores internos de la derrota y no escudarse bajo una elección de Estado organizada por la Federación. Por el contrario, los tres pretenden apoderarse del cascajo partidista que operará a partir del próximo año como partido de oposición sin recursos públicos, pero que podrá negociar prebendas e incluso la libertad de funcionarios perseguidos a partir de su exigua presencia en el Congreso. Los tres, Marín, Armenta y Zavala, cuentan con la complicidad de la cultura de la sumisión presente en el genoma tricolor. El oprobioso "sí señor, son las que horas que usted quiera", la verdadera causa de la debacle.


Ni la transición democrática ni los largos 12 años sin Presidencia de la República han podido extirpar en los priístas el gen de la sumisión a la figura de poder en turno. Maestros de la genuflexión, expertos en doblar la cerviz, gustosos del sometimiento. Solamente así puede explicarse el beneplácito que la clase política tricolor le dio al maximato fallido de Mario Marín encarnado en su invento sexenal Javier López Zavala. Unos más y otros menos; unos antes y otros después, pero todos son cómplices en la cultura de la sumisión. Desde los que temprano avalaron la imposición y la festejaron, como Germán Sierra Sánchez y Antonio Hernández y Genis, hasta lo que tardíamente aceptaron una negociación como el grupo de Enrique Doger y Melquiades Morales a cambio de dádivas y diputaciones plurinominales.


Marín, Armenta y Zavala pretenden quedarse con los despojos del tricolor sin calidad moral para hacerlo. Fueron ellos quienes perdieron la elección. Así, directo, carecen de la autoridad para dirigir la reconstrucción y decidir un nuevo rumbo en la oposición. Son quienes hundieron el barco. Los que ya bailaron, que se sienten, dice un viejo dicho revolucionario. La burbuja perdedora bailó demasiado y mal. Es tiempo de que sienten. Pero nadie en el tricolor se atreve a decirlo pese a que en las mesas de café es el comentario común. Ni siquiera Enrique Doger ha querido enfilar su dedo de fuego en la autocrítica.


Sin cultura de la sumisión lo primero que los priístas tendrían que cuestionar es la designación de candidatos. ¿Era o no Javier López Zavala el candidato idóneo para enfrentar a Moreno Valle? ¿Por qué se aplaudió su designación cuando se sabía su vulnerabilidad por el origen chiapaneco? De ahí en adelante, el análisis debe impactar que la designación de abanderados a diputados o presidencias, así como de conflictos internos. ¿Qué aportaron en la capital personajes como Silvia Argüello, María Luisa Conde o Mónica Barrientos? ¿Por qué Montero obtuvo más votos que Zavala en la capital?


Un ejemplo claro del triunfo de la sumisión y la línea fue la negativa permanente de los candidatos priístas, todos, a debatir con sus rivales de la Alianza Opositora: con un electorado informado y juicioso, los debates son una demanda permanente. Si los priístas eran mejores, ahí debieron confirmarlo. Pero con su negativa y la protección del IEE la única señal que mandaron fue de miedo e inferioridad. ¿Podía Montero ganarle a Lalo Rivera? Sí, pero al esconderlo la sociedad olió el miedo que los priístas tenían.


Sin la cultura de la sumisión podría haberse combatido la renuncia virtual de Alejandro Armenta a los votos del electorado switcher y apuesta personalísima por la estructura. Y es que el PRI estatal nunca le dio a la sociedad razones de voto, excepto la continuidad de Mario Marín y su régimen. El mensaje fue difuso: ni economía, ni seguridad. Solo un banco para las mujeres, otra ciudad universitaria y regalos y uniformes gratis.


La sociedad respondió, a su vez, con un solo mensaje: no más marinismo. Y pese al mensaje tan contundente, parece que Marín y compañía no recibieron el memorándum. En medio del silencio y la sumisión preparan su supervivencia pese a ser los responsables de la debacle. Los grupos emergentes de Doger, Alcalá y Melquiades Morales necesitan reagruparse rápidamente e iniciar el debate interno y renuncias, porque cuando despierten y reúnan valor tendrán en Zavala al nuevo dirigente estatal y a José Luis Márquez como coordinador de la bancada en el Congreso. Los marinistas se quedaran con el barco y lo usarán de escudo, y los únicos perdedores volverán a ser los auténticos priístas. Pero el que por naturaleza es buey, hasta la coyunda lame.


*** Los diputados del PRD ya tienen coordinador. Aunque faltan varios meses para que lleguen al Congreso local, la fracción de cuatro diputados perredistas ya tiene coordinador en Tony Gali junior, designado así desde el fin de semana por Miguel Ángel de la Rosa. En el PAN las apuestas corren por Rafael Von Raesfeld.


*** Semana de festejos. Tras las molestias panistas por haber sido desplazadas en la fiesta de la victoria, el equipo compacto morenovallista plantea reuniones con las estructuras de las fuerzas políticas que lo llevaron al poder. Así lo quieren para no herir susceptibilidades.


*** El cinismo de Consulta Mitofsky. El super encuestador Roy Campos tuvo el cinismo de subir a su portal de Internet un comparativo de sus encuestas de salida para demostrar su confiabilidad y exactitud. Omitió, por supuesto, las encuestas de una semana atrás en las que, en el caso poblano, le daba el triunfo al PRI por 10 puntos. Es decir, el hombre de las hemorroides se equivocó nada más por 20 puntos.

 



 
 

 

 
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