Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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12/07/2011


Tiempo, espacio y engaño, bases tácticas de la Reforma Electoral


Una simple respuesta pondrá orden en la trascendental y compleja discusión que se avecina sobre el periodo que debe durar el mandato del próximo gobernador. ¿Por qué es válido para alcaldes y diputados que su encargo dure 4 años y 7 meses, y no para el siguiente mandatario? Y es que de acuerdo a la iniciativa presentada al Congreso local, unos pueden y el otro no. Hay una desigualdad evidente en los poderes públicos que debe ser explicada a cabalidad para encontrar el consenso legislativo y social que requiere una Reforma Electoral. Y es que imaginen al minigobernador que tomará protesta el 1 de febrero de 2017 y entregará el poder casi 22 meses después. ¿Qué tipo de gobierno puede hacer? ¿Cómo podría proponer un Plan Estatal de Desarrollo para menos de dos años? ¿Qué proyectos puede ejecutar para Puebla y en qué nos puede convenir? El minigobernador presenta, además, un conflicto especial: llegará el poder con alcaldes y diputados electos. En otras palabras, no ejercerá ningún liderazgo sobre el Congreso local —no tendrá fuerza para enviar iniciativas de ley— y los alcaldes en funciones tampoco seguirán sus lineamientos. ¿Por qué? Porque los mega-alcaldes y megadiputados de 54 meses le deberán su posición a Rafael Moreno Valle y no al debilitado minigobernador de 22 meses.


La ingeniería política de la Reforma Electoral es compleja y no se circunscribe a los apetitos presidencialistas del gobernador, una quimera a más de un sexenio de distancia. Tampoco se observa un proyecto transexenal semejante que al trató de construir Mario Marín para gobernar Puebla los siguientes 20 años. Ni siquiera veo que el minigobernador sea un traje a la medida para Fernando Manzanilla Prieto u otro morenovallista leal. Creo que el nudo gordiano de la iniciativa es que Moreno Valle trata de comprarse un seguro de vida desde el inicio de su sexenio y desactivar, desde hoy, las bajas pasiones que levanta la sucesión. Momento axial de la vida política en México, el momento en que se entrecruzan el ocaso y la aurora. El triste momento de elegir verdugo, dirían algunos, y el momento de mayor ceguera, como afirmaría Jorge G. Castañeda en La Herencia. En suma, Rafael Moreno Valle no quiere ser el fiel de la balanza de su propia sucesión. Planea, en cualquier caso, retrasar o adelantar el conflicto político que genera entre propios y extraños la renovación de la gubernatura.


¿Retrasar o adelantar el conflicto político? Busco explicarme con una metáfora que César Luis Menotti dibuja en El País como la esencia del balompié, pero que también es aplicable a la política: las bases del juego son tiempo, espacio y engaño. Detrás de la Reforma Electoral, en su sustrato, hay un entrecruzamiento de tiempos para diluir el conflicto político. Y hay mucho engaño. Veamos. De entrada, no provoca la misma pasión pelear por una gubernatura de 22 meses que una de 6 años y otra de 4 años y 9 meses. La inversión de recursos, el desgaste personal, la afinación de las maquinarias partidistas y mediáticas no compensan igual. Seguramente muchos de los aspirantes que estarían dispuestos a pelear a muerte Casa Puebla en 2016, en la perspectiva de ser electos por apenas 22 meses frenarán sus ansias y decidirán esperar a ser electos por todo un sexenio en 2018. Pocos serán los aspirantes: Rafael Moreno Valle retrasará el conflicto para cuando tenga casi dos años de haber abandonado el poder.


La reforma electoral, sin embargo, adelanta también el conflicto político al 2013. Contrario a lo que ocurre con las pocas pasiones que levanta ser un minigobernador, serán muchas las pasiones que se levanten por ser alcaldes de 4 años y 8 meses. Acostumbrados a la marginalidad, casi casi podrán gobernar sus comunas por un sexenio. ¿Y se imagina la batalla por ser el alcalde de Puebla capital? Esos 4 años 8 meses de portadas y presencia mediática le aseguran el puesto de primer corredor en la sucesión —ahora sí la buena– del 2018. ¿Alguien lo duda? Con apenas tres años véase la vigencia de Enrique Doger y Blanca Alcalá. ¿Qué podrá hacer un alcalde de casi 5 años?


Lo mismo ocurre con los diputados. La disputa por esas curules de casi 6 años será cuasi mortales. Y todos, todos se la deberán a Rafael Moreno Valle, quien seguirá mandando casi dos años después de que termine su mandato. Ahí radica el engaño fundamental de la Reforma Electoral: Adelanta y retrasa el conflicto, pero sigue manteniendo los instrumentos de poder e influencia aunque ya no sea mandatario.


Al ganar tiempo y perpetrar con los engaños, Moreno Valle gana espacio, el último elemento táctico del futbol y la política. En lugar de concentrarse en la batalla político local por la sucesión, podrá moverse a sus anchas en la construcción de un proyecto nacional. Sus aliados, en lugar de dividirse y desgastarse por alcanzar la gubernatura, continuarán siendo leales colaboradores: el grupo no tendrá incentivos para pelearse y sí para continuar unidos. El PRI, especialmente, preferirá combatir a un minigobernador que a un Rafael Moreno Valle con todo su poder para imponer sucesor, por lo que tácitamente el tricolor estará de acuerdo con aplazar el conflicto político.

 

No lo olvide: tiempo, espacio y engaño. Las variables fundamentales del futbol. Y la política

 



 
 

 

 
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