Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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12/12/2011


El #cuestionarioPeñaNieto


Lo volvió a hacer. Con menos impacto, por tratarse de declaraciones a un diario internacional. Sin tanto dramatismo porque no tenemos a la mano la imagen en que se desbarranca poco a poco para hundirse en el absurdo. Su red de protección, tras la enorme pifia en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, lo defendió afirmando que para gobernar un país no era importante la lectura ni los autores. Que un hombre tan ocupado, con proyectos tan trascendentes, no tenía obligación de conocer la literatura de Fuentes, García Márquez o Krauze. Vaya, que no había escándalo sino un asunto de elites porque el promedio de los mexicanos no lee ni un libro al año. Sin embargo, ahora resulta que el problema de Peña Nieto es peor: una cosa es no saber de literatura, y otra muy diferente, no saber de la realidad. No hay otra explicación: afirmar que el salario mínimo alcanza los 900 pesos cuando el costo real es de mil 700 ya no es un problema de concentración o de cultura general. Se trata de una evidencia fatal acerca de la ignorancia de quien aspira llegar a Los Pinos para darle rumbo al caos nacional. La política mediática es, ante todo, percepción: ¿qué pasará con la carrera electoral de Enrique Peña Nieto si se impone la percepción nacional de que, en esencia, se trata de un tonto?


Hace unos años el periodista Jorge Ramos de la cadena Univisión entrevistó al gobernador mexiquense y a bocajarro, intempestivamente, lo cuestionó acerca de las causas de la muerte de su esposa Mónica Pretelini. El “Gel Boy” puso los ojos en blanco y no supo contestar tras una larga divagación, por lo que sus críticos vieron en el desvarío la confirmación de que la enfermedad era inexistente y, por tanto, sí tenía responsabilidad en los aciagos hechos ocurridos la noche del 10 de enero de 2007. A lo luz de sus recientes metidas de pata habría que hacer una reinterpretación. En la famosa entrevista con la cadena Univisión el “Gel Boy” sufrió el mismo síndrome que amenaza su popularidad en la carrera presidencial: la ausencia absoluta de una capacidad de improvisación ante lo desconocido.


Es un principio universal de que nadie puede hablar de lo que no sabe. Pero aún las mentes más zafias gozan de aquello que los neurólogos como Antonio Damasio llaman la plasticidad cerebral: la capacidad neuronal de adaptar sus sinapsis a estímulos imprevistos. Es por ello que asombra la poca habilidad de improvisación de Enrique Peña Nieto que lo hace rehén de un guión perpetuo elaborado por sus asesores. El perfil elaborado por el periodista Ignacio Rodríguez Reyna, director de la revista MX, para el libro Los suspirantes 2012, abordó directamente la vacuidad que parece provenir del exgobernador mexiquense. Podríamos borrar el “parece”. Entre más se expone Peña Nieto a la esfera pública, más se confirma que se trata de un personaje vacío. Y como dentro no hay nada, no puede improvisar sobre nada.


Peña Nieto no conoce de libros, ni de autores y tampoco de la realidad económica que enfrentan millones de mexicanos. ¿Con qué herramientas, entonces, podrá cambiar el rumbo del país? ¿Puede un hombre “telegénico pero hueco”, según lo definió el New York Times, darle rumbo a un país que no lo tiene? La pregunta la planteó Platón hace más de 2 mil años: ¿necesitamos reyes-filósofos o filósofos-reyes? Peña Nieto no es un filósofo, pero puede llegar a rey. Y es que la Historia es basta en gobernantes que no saben ni la o por lo redondo y que a gritos piden sus pacas de alfalfa achicalada.


La diferencia es una: que estos reyes-tontos lograron ocultar su vacuidad en la campaña y la dieron a conocer cuando ya ejercían el poder. Peña Nieto fue desnudado en plena periodo preelectoral y sus miserias quedaron expuestas a los ojos profanos. Pero lo peor está por venir: larguísimos seis meses y medio en que deberá exponerse a entrevistas y debates sin guión de por medio. Una selva tupida en la que las fieras, periodistas y dueños de medios ya olisquearon la sangre y saben dónde morder.


El método parece sencillo: elaborar un #cuestionarioPeñaNieto con preguntas sencillas dignas de un secundariano. ¿Cuántos continentes hay? ¿Cuáles son las siete maravillas del mundo antiguo? ¿Cuántos artículos tiene la Constitución? ¿Cuál es la fórmula química del agua? ¿Cuál es la capital de Tamaulipas? ¿Cuántos campeonatos tienen las Chivas de Guadalajara? ¿Cómo se llaman los versos que tienen once sílabas? ¿Cómo le llama el coche de Batman? ¿De qué color era el caballo blanco de Napoleón?

 

Por supuesto que incluso la tontería es un talento si no raya en el absurdo. Por ejemplo, Ronald Reagan era un hombre de pocas ideas, pero las pocas que tenía las defendía a muerte. Su capacidad fue reunir un staff de asesores de gran contenido para ocultar su tontería. Así que los mexicanos deberían tomar en cuenta que cada voto por Peña Nieto en realidad es un voto para el cuerpo de asesores que gobernará el próximo sexenio. Un gobierno en la sombra que tomará decisiones mientras Peña Nieto saluda a los niños y besa a las mujeres. Que diosito nos agarre confesados.

 



 
 

 

 
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