Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
[email protected]
[email protected]


13/03/2012


Homofobia, medios y crímenes de odio


No tuve el gusto de conocerla en vida, pero sé que si así hubiera ocurrido seguramente me habría ayudado a entender muchos temas a los que los prejuicios del poblano promedio nos impiden acercarnos. Si el periodismo es una herramienta para conocer al “otro”, la oportunidad perdida de entrevistar a Agnes Torres no regresará. Entiendo el dolor de sus compañeros de lucha, integrantes del colectivo LGBTI, quienes con razón demandan al gobierno estatal una pronta investigación que esclarezca las circunstancias en las que fue asesinada y lleve a los tribunales a sus homicidas. Comprendo menos que la demanda se funde en una condición sexual: se trata de una obligación del Estado que en ninguna circunstancia debe escamotearse.


En una sociedad profundamente intolerante y clasista, parece difícil abordar el tema de la diversidad sexual sin riesgo de verse crucificado por un bando o el otro. Reconozco mi ignorancia supina en el tema y vuelvo a lamentar la oportunidad perdida de dialogar con una voz inteligente como la de Agnes Torres. Lo que sí tengo claro es el clima de homofobia que se vive en Puebla.


No puedo pasar por alto que este clima de homofobia alcanzó su cuota más alta en la campaña electoral del 2010 y la responsabilidad de muchos periodistas poblanos en alimentarlo cuando pretendieron utilizar la diversidad sexual como tema de campaña. ¿Cómo olvidar esa mancha en la historia del periodismo local que fue un presunto video conocido como “Las Princesas de Atlixco”, un trucaje pésimo y sin sentido? ¿Cómo pasar por alto la triste, tristísima expresión de Javier López Zavala en pleno debate entre los candidatos a la gubernatura? ¿O las expresiones de un periodista radiofónico, quien prometió cargar en hombros a Zavala si le llamaba “maricón” a su rival?


Si en Puebla hay un clima de homofobia que ha derivado en 20 “crímenes de odio” desde 2005, la responsabilidad seguramente inicia con los medios de comunicación y el lenguaje que utilizamos a diario. A lo largo del día de ayer leí varías notas en medios poblanos en las que se utilizaba la expresión “la transexual” para referirse a Agnes Torres, recordando una y otra vez una condición que portaba pero que no la definía.


La homofobia de los medios de comunicación poblanos, especialmente en esa etapa del 2010, es un hecho que no se discute. He tenido la oportunidad de ver una entrevista de Agnes en la que subraya, precisamente, que la discriminación arranca con el lenguaje. Y si algo caracteriza a la sociedad poblana, pese a un ruidoso e influyente colectivo gay, son sus prejuicios, que nos impiden acercarnos a aprender.


Continúa subrayando mi ignorancia absoluta: una y otra vez aparece la expresión del homicidio de Agnes como un “crimen de odio”. No la entiendo correctamente. Las expresiones de amigos y familiares señalan que Agnes mantenía una relación con dos hermanos chipileños que había conocido hace dos semanas en un bar de San Andrés Cholula. Las últimas personas que hablaron con ella dicen que cuando se despidió dijo que iba a verlos. Son los primeros sospechosos. Pero si mantenía una relación amorosa o sexual con ellos, ¿cómo puede hablarse de un crimen de odio? En cualquier caso, desde el punto de vista heterosexual, podría asimilarlo como un crimen pasional.


Una de las cabezas visibles del movimiento, Marco Moreno, explica a los lectores de CAMBIO la diferencia, y de paso corrige mi absoluta ignorancia: se trata de un crimen de odio por la saña con la que fue perpetrado, un ánimo evidente de causar dolor. Golpes, quemaduras de cigarrillo, tortura evidente. Odio, porque precisamente, hay gente que odia a las personas que manifiestan una preferencia sexual diferente.


Como sea, el caso de Agnés Torres puede ser un parteaguas en la vida democrática de la entidad y la lucha en contra de la discriminación. Una oportunidad para que el poblano promedio —como el tecleador— pueda entender al “otro” sin prejuicios. Para que los medios de comunicación seamos más cuidadosos del clima homofóbico que podemos generar con expresiones que “causan risa” pero pueden provocar tragedias. Para que el Congreso local atienda las legítimas peticiones de adecuar el Código Penal para castigar los “crímenes de odio”.

 

Agnes dejó un tema pendiente: tras la modificación de su cuerpo sexual, le quedaba pendiente el reconocimiento jurídico a su nueva personalidad. Especialmente, el cambio de nombre en su título universitario de psicólogo. Valdría la pena que sus amigos y familiares continuaran la lucha. A todos ellos, un pésame sincero.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas