Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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13/06/2012


El batacazo de Peña Nieto y el hundimiento tricolor


Papelón, papelazo de los priistas poblanos que hicieron nota nacional a Tepeaca después de que un grupo de jóvenes atacó la camioneta en la que viajaba su candidato presidencial. Ahora se entiende por qué Peña Nieto ninguneó a Puebla y solamente planeó dos míseras giras: arranque y cierre de campaña. Los números son claros. El tricolor arrancó estupendamente en los sondeos por allá de febrero, y el rival en el horizonte eran algunos de los candidatos del PAN. Pero tres meses después, Puebla es una zona de desastre para el PRI, especialmente la capital.


Para sorpresa de propios y extraños, una izquierda desorganizada, sin recursos ni exposición mediática, rebasó a los priistas y ahora los tienen contra las cuerdas, en una posición crítica. Y los responsables son, en ese orden, Fernando Morales Martínez, Blanca Alcalá, Alejandro Armenta y Javier López Zavala. Visto lo ocurrido en Tepeaca, parece difícil que cualquiera de ellos tenga un buen destino con Peña Nieto, en caso de que milagrosamente llegue a Los Pinos.


El PRI poblano luce francamente desfondado. Y desde ayer, desmoralizado luego que en Tepeaca se produjera la agresión más grave al candidato presidencial desde que en un evento de Querétaro los jóvenes se dedican a hostigarlo. La operación para arrebatarle liderazgos desde Nueva Alianza y la izquierda tomará importantes dividendos porque en distritos que se pensaban seguros ahora reina la incertidumbre. Analicemos el derrumbe.


El PRI en Puebla capital pasó del primer al tercer lugar en cuestión de semanas. Y la responsabilidad directa de tal desplome es de Blanca Alcalá, quien teóricamente tenía su fortaleza en la ciudad que gobernó. Pero su trienio, antes que un positivo, en realidad es un saldo negativo que más tarde que temprano la alcanzó. Por si fuera poco, su postura pusilánime de no rebatir a Víctor Hugo Islas en el debate entre los candidatos al Senado, terminó de hundirla. Alcalá se metió a la boca del lobo y fue devorada.


En la capital hay muy pocas perspectivas de que los candidatos del PRI triunfen. Pero lo peor es que sus rivales directos ya no son los panistas, sino los ilustres desconocidos perredistas que ni siquiera han colocado espectaculares o pintado bardas. Enrique Doger sigue siendo el único con posibilidades de sobrevivir, pero si al inicio su rival directo era Enrique Guevara, ahora lo es Mario Chapital. Nancy de la Sierra ya vive tres metros bajo tierra, al igual que la candidata Graciela “N” del distrito IX. Pablo Fernández del Campo también salió de la zona del empate técnico con Néstor Gordillo, porque Gabriela Viveros tuvo un gran crecimiento.


Pero no puede olvidarse que existe un responsable global del desastre, que no es otro que Fernando Morales Martínez. La realidad lo acomodó en su verdadero nivel: no tiene ni el carisma ni el liderazgo de su padre Melquiades Morales. La mayoría de los priistas, ni de cúpula ni de base, confían en él por su colaboracionismo y cercanía con Rafael Moreno Valle. En la vida no se puede tener todo: el favor del gobernador y cumplir con su papel de oposición. El gran batacazo irá directo a su carrera política.


No se quedan atrás los excompadres Javier López Zavala y Alejandro Armenta, alguna vez hermanos de teta. El chiapaneco nunca pudo superar que el “soldadote” se le subiera a las barbas en el proceso interno por la candidatura al Senado. A su vez, el fallido candidato a la gubernatura movilizó lo poco que queda de su estructura para operar en contra de Blanca Alcalá, quien no quiso dejarle la primera fórmula, por lo que tuvo que conformarse con una diputación federal.


El PRI poblano no tiene ni voz, ni líder, ni causa. Y uno de los pocos que podría alzar la bandera del liderazgo anda encerrado en el distrito VI buscando una diputación federal, al que las circunstancias le obligaron a buscar. Enrique Doger era el prospecto número uno para buscar la alcaldía, pero el nuevo escenario de derrota también pone en riesgo esas aspiraciones.

 

Los galones le quedaron chiquitos a Fernando Morales. Y a Blanca Alcalá la persigue una y otra vez su estilo tibio de hacer política. Ambos enterrarán su carrera política el 1 de julio. Y aunque milagrosamente Peña Nieto ganara la Presidencia, tras lo de Tepeaca es difícil que tengan un buen recuerdo en el corazón del mexiquense.

 



 
 

 

 
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