Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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13/08/2012


15 suspirantes tras un oscuro objeto del deseo


Antonio Gali Fayad supervisa el distribuidor Santa Ana y anuncia que ya es su tiempo. Fernando Manzanilla multiplica sus apariciones mediáticas, corre en la Carrera contra la Trata de Personas y ya es miembro adherente del PAN. Jorge Aguilar Chedraui recorre las juntas auxiliares y cada evento multiplica sus apapachos a ancianitas y niños. Amy Camacho un día quiere y al otro no, pero es una desaparecida en acción. José Chedraui Budid recorre colonias populares quesque para agradecer el voto a favor de Peña Nieto. Enrique Doger cumple con su papel de legislador electo pero al mismo tiempo sabe que tiene un pie en la candidatura. Paco Fraile, ante el inminente desempleo, cree que tiene oportunidad sin darse cuenta que pertenece al jurásico panista. Pablo Montiel imagina que puede heredar el capital político de la administración riverista, aunque no haya nada que heredar salvo desprestigio.


Perdedora ahí donde hay perdedores, Ana Teresa Aranda solamente busca incordiar. Pablo Rodríguez se va por la libre sin entender que ya no es bisagra sino objeto de desconfianza en ambos bandos. Blanca Alcalá, desde la oscuridad, alienta a un perfil minúsculo como el de Juan de Dios Bravo para el golpeteo. Franco Rodríguez espera sentado un choque de trenes entre el Yunque y el morenovallismo que le dé el chance de encabezar una tercera vía ciudadana. Mario Riestra Piña, joven talento, sabe que puede ser un quinto fantástico. Hasta Lucero Saldaña, senadora nuevamente por carambola, se siente con derecho de alzar la mano. Y Alejandro Armenta, que quiere pero no sabe para qué. También, por supuesto, hay que sumar a Javier López Zavala, que siempre aspira a todo: alcalde, rey del carnaval, notario y reina de la primavera.


La ola de destapes por la alcaldía avanza inclemente. Hasta el momento tenemos registro de 15 aspirantes que desean, suspiran, por la presidencia municipal de Puebla capital, que por única ocasión tendrá una vigencia de cuatro años y ocho meses. El recuento indica, hasta hoy, que 10 buscan la  representación de Acción Nacional y cinco la del tricolor. La cifra es preliminar porque con semejante ola de destapes, faltan los que se acumulen a lo largo de la semana. Y a lo largo de los cuatro meses por venir, en que personajes variopintos, con méritos y sin ellos, se anotarán en la carrera para ver qué les puede tocar en la rebatinga.


¿Cuántos aspirantes tendremos de aquí a final de año? Si a mediados de agosto son 15, que nadie dude que por lo menos habrá el doble. ¿Por qué razón la alcaldía se convirtió en un oscuro objeto del deseo, como nunca antes había ocurrido?


El análisis simplista, al que recurren la mayoría de nuestros columnistas, dirá que la codiciada alcaldía es producto de su duración única de cuatro años y ocho meses. Mucho más que el trienio tradicional y un poquito menos que un sexenio. En tiempos turbulentos, ¿quién no quiere asegurar un hueso jugoso? Pero el interés oscuro que despierta la alcaldía va más allá de su temporalidad, aunque esté relacionado con ella.


De entrada, el nuevo mapa político nacional que provocó la victoria de Peña Nieto y el regreso del tricolor dejó como saldo muchos priistas envalentonados. Es decir, que pese a la ausencia del capital político y trabajo electoral, el apoyo presidencial será un impulso suficiente para ganar. No andan errados: a partir de diciembre las delegaciones que eran ocupadas por panistas serán desalojadas para que sean sustituidas por priistas, lo que da ventajas competitivas. Además, ciertos personajes nacionales tendrán cargos importantes en el gobierno federal, como Jorge Estefan, y sin duda podrán mandar ayuda económica.


Estos priistas envalentonados con el regreso del tricolor esperan también el retorno de viejas prácticas, como el amiguismo —Pepe Chedraui Budid— o el compadrazgo —Javier López Zavala— vías antaño válidas para llegar a un puesto de elección popular.


Pero el aspecto más importante de la ambición por la alcaldía es que el próximo presidente municipal, con cuatro años de exposición mediática, será el aspirante de mayor peso a la gubernatura que se disputará en 2018. Ha sucedido con presidentes municipales de tres años. ¿Qué no podrá hacer uno que dure casi cinco años en el cargo? Casi casi puede llamarse finalista. En otras palabras: el arribo a Casa Puebla pasa por Charlie Hall.

 

Por eso la disputa por la candidatura en todos los frentes —PRI, morenovallismo y Yunque— amenaza con ser salvaje. Una batalla en súper libre que arrasará con amistades, lealtades y afiliaciones. Ya se ve en la batalla de los 4 Fantásticos. No tarda en desatarse en la organización. Por supuesto, es inevitable entre los priistas, aunque la esperanza es que Peña Nieto haga de réferi, y entonces se reparta el pastel civilizadamente.

 

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