Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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14/06/2011


Manzanilla le quita el rostro tétrico a Gobernación


El imaginario colectivo de los mexicanos hizo de la Secretaría de Gobernación, durante los años del priato, el núcleo central de las cañerías del sistema político mexicano. El lugar donde despachaban dandys con pretensiones intelectuales como Jesús Reyes Heroles, Mario Moya Palencia o Manuel Bartlett, hombres que citaban con asiduidad a los clásicos franceses en la mano derecha pero que con la izquierda fungían como los grandes plomeros: negociaban, ofrecían o reprimían, según el caso. Auténticos guardaespaldas del Ejecutivo. Termómetros del clima político. En los últimos 15 años, sin embargo, el Ministerio de la Política Interior sufrió una devaluación evidente, especialmente en los años del PAN: Santiago Creel, Carlos Abascal Carranza, Ramírez Acuña, Juan Camilo Mouriño, Fernando Gómez Mont y un muchacho llegado de Baja California. La memoria hace el esfuerzo de recordar los nombres. Una dependencia antaño tan poderosa y hoy tan débil de la que incluso uno de sus titulares, Mouriño, murió en un avionazo poco claro provocado por la falta de mantenimiento de sus aeronaves. En Puebla, la devaluación de Gobernación siguió el mismo camino, pues en los mismos 15 años la dependencia se convirtió en la casa del medio pelo: Carlos Alberto Julián, Carlos Arredondo, Rómulo Arredondo, Javier López Zavala, Mario Montero y Valentín Meneses. Ni a cuál irle. ¿El piso? El muchacho llegado desde Pijijiapan. Ni grandes abogados, ni intelectuales, ni plomeros.


El camino degenerativo parece detenerse con la llegada de Fernando Manzanilla Prieto, a quien tras lo visto ayer durante la presentación del Programa Sectorial, se puede calificar como un auténtico intelectual. La noción, por supuesto, no debe ser confundida con la de tecnócrata. Aunque ambas categorías comparten orígenes académicos, el tecnócrata se caracteriza por privilegiar las variables macroeconómicas por encima de los conflictos sociales y/o políticos. El intelectual tiene una visión más profunda que lo emparenta con la estirpe de Jesús Reyes Heroles: comprende los procesos históricos y las variables conflictivas de la política. A medio camino se encuentra Fernando Manzanilla, quien también presume de despliegue de marketing político y lecturas de superación personal.


Lejos del tétrico secretario de Gobernación del pasado, amo y señor de las mazmorras del sistema político, Fernando Manzanilla presentó un rostro transparente y democrático a una dependencia arquetipo del oscurantismo autocrático. Con una oratoria que lo emparenta más a Steve Jobs, el genio de Apple, de tono pausado casi académico, presentó los cuatro ejes fundamentales del Programa Sectorial que a su vez se basan en cinco valores. El objetivo de los gobiernos, resumió, es ofrecer Paz a los ciudadanos para que estos puedan concentrarse en la búsqueda de su felicidad. La idea no es nueva, sino que proviene de los Padres Fundadores de Estados Unidos, cuando en el Acta de Independencia que fuimos dotados por el Creador de ciertos derechos fundamentales como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, y que los gobiernos existen para protegerlos.


La transformación, el nuevo rostro democrático y transparente para Gobernación luce como un auténtico reto. Simplemente hablamos, por ejemplo, de poner en línea instituciones del medioevo como el Registro Público de la Propiedad, el Instituto de Catastro y el Periódico Oficial del Estado. O reducir los tiempos promedios de atención del 066 que llegan a los 18 minutos para acercarlos a la respuesta inmediata del 911 norteamericano. Seguramente lo más innovador es la Creación de un Tablero de Control que puede ser monitoreado por los ciudadanos, un enorme C4 del gobierno morenovallista disponible a la vigilancia a través del internet. Y claro, el Centro de Análisis Prospectivo que suena a una especia de think thank del gobierno estatal para planear los próximos 30 años de acuerdo a las tendencias mundiales.


Hay algunas cosas que tampoco nos quedan muy claras: por ejemplo, la desaparición progresiva del IAPEP para sustituirlo por un fideicomiso dedicado a la asistencia pública. O la creación de un Fondo para el Impulso de la Riqueza Territorial que se encargará de gestionar las nuevas reservas territoriales, una materia supuestamente que debería llevar a cabo Sustentabilidad Ambiental. Pero salvo esas excepciones, el resto se trata de una reingeniería que pone muy alto el listón para el resto de las dependencias en sus Programas Sectoriales.


Fernando Manzanilla avanza a caballo entre intelectual, tecnócrata y gurú de un nuevo modelo de gestión pública. No faltará quien especule sobre si el magnífico evento de ayer es un mensaje sucesorio que establece que ya es el delfín de Moreno Valle. Una especulación ociosa, en mi opinión, dado que todavía no conocemos las condiciones del mandato del próximo gobernador, si será electo para 18 meses o para cuatro años y medio, y además, si será designado por el Congreso o deberá acudirse a las urnas. Mucha agua deberá correr.

 

Lo que queda claro es que Moreno Valle no se equivocó en designar a Manzanilla como el hombre de cuarto de máquinas, encargado de velar por la gestión gubernamental mientras el gobernador continúa con la construcción de su proyecto nacional. Un auténtico guardaespaldas del mandatario a la manera de Reyes Heroles. A fin de cuentas, se trata del segundo mexicano más brillante que ha pisado Harvard, según declaró el decano de la John F. Kennedy School of Goverment, tras la egregia figura de Carlos Salinas de Gortari.

 



 
 

 

 
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