Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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14/09/2010


García Ramírez: la fábula del humilde tortero que se volvió multimillonario


Lejos, muy lejos, quedan los días en los que Javier García Ramírez le organizaba comidas de apoyo a Javier López Zavala con los principales beneficiarios de la construcción en el sexenio, y en las que corrían varias decenas de millones de pesos para contribuir a la campaña del delfín marinista. Con tales aportaciones, el titular de Obras Públicas alimentaba el desvarío de convertirse en la fórmula de Zavala y apropiarse de la candidatura a la alcaldía. Fastuosos días en los que sus periodistas a sueldo en pose de niños cantores loaban la excelencia de la obra pública construida en el sexenio y le atribuían un capital político del tamaño de los contratos que les había entregado. Intocable y todopoderoso, sentado en sus millones mal habidos, presentía un futuro político del que a sus espaldas se burlaba Zavala. Hoy, Javier García Ramírez ya no es intocable ni todopoderoso, y para lo único que es candidato es para ocupar una celda en el Cereso de San Miguel; vestirse de color caqui o darse a la fuga en el primer segundo del final del sexenio marinista. Sus opciones se terminaron en la medida en que su voracidad no tuvo límites: a las innumerables irregularidades y beneficios a sus amigos, el Centro Expositor se convirtió en su espada de Damócles, pues en el megaproyecto fracasado la inversión ya alcanza los 2 mil 200 millones de pesos sin garantía alguna de que se termine.


En completa opacidad, García Ramírez aprovechó estos días para asignar directamente a la empresa Instalaciones Inmobiliarias de Puebla un contrato por casi mil millones de pesos para “revestimiento y mobiliario” del interior del interminable Centro Expositor. Sumados a los mil millones de pesos del contrato original entregado a Unión Presforzadora —hoy inhabilitada—, DISA y otras empresas, más los 200 millones de pesos no presupuestados para la construcción del estacionamiento subterráneo, así como un aproximado global de 40 millones para trabajos de supervisión, resulta que en el barril sin fondo del último megafraude sexenal los poblanos hemos invertido la friolera de 2 mil 200 millones de pesos. Lo peor es que, pese al derroche, el Centro Expositor todavía no se termina y se duda incluso que pueda medio acabarse para que Mario Marín pueda rendir su último informe de gobierno.


El Centro Expositor es el punto culminante de la sinfonía de corrupción y negligencia que representa el nunca mejor llamado “Rata” García Ramírez. Su historia a lo largo del sexenio fue relatada ampliamente por CAMBIO en los tiempos en que era un pecado atreverse a reportear los excesos del poderoso secretario de Obras Públicas. Sin embargo, creo que nos equivocamos cuando llamamos el robo del siglo a la remodelación de la vía Atlixcáyotl a un costo de 700 millones de pesos por una vialidad de 5 kilómetros. Un desfalco monumental de más de 120 millones de pesos por kilómetro con el pretexto de introducir concreto hidráulico, cuando obras del mismo tipo en otras entidades no superaron los 200 millones.


Nos equivocamos porque la corrupción de García Ramírez no tiene techo ni fin. No le bastaron los millones para carreteras inservibles como la que lleva a Amozoc, ni el interminable tramo del Arco Oriente. Tampoco los 700 millones de pesos para La Célula, afectada por inundaciones y entregada tardíamente en plena crisis financiera mundial. O los 700 millones de pesos del Hospital General Norte, el nosocomio de ricos para pobres que no tenía ni siquiera tomas eléctricas para conectar los millonarios aparatos que le compró a su amigo Óscar García, así como la red de hospitales entregados en el interior a Édgar Nava quien, por cierto, tardó dos años en terminar la vialidad a Valsequillo y todavía fue premiado con el Arco Oriente. Se trata de un puñado de obras referenciales por el tamaño de los contratos, pero de la corrupción tampoco se salvan las decenas de canchas sintéticas de fútbol pagadas a 15 millones de pesos promedio, cuando en la cotización real no llegan a los 3 millones.


Por supuesto, este pequeño resumen de obras y robos de la “Rata” García Ramírez no incluye la obra que se asignó a sí mismo por vía de prestanombres que pronto saldrán a la opinión pública, ni el millonario negocio de su hija en la renta de maquinaria a constructoras que no la tienen, y que tiene sus oficinas en las Torres JV. O sus lucrativas sociedades con los constructores Pacheco Pensado. Tantas y tantas historias que todavía quedan por contar de quien alguna vez fue el todopoderoso secretario de Obras Públicas.


La “Rata” García Ramírez perdió su halo de intocable y cada vez son más los medios que se suman a la crucifixión de quien antes de las numerosas propiedades documentadas por el portal digital E-consulta y de que su hijo Adam manejara un Ferrari, era un humilde propietario de una tortería. Un tortero al que le cambió la suerte cuando conoció a Mario Marín. Tanto le cambió que se volvió multimillonario a costa del erario poblano. ¿Dónde quedaron sus promotores y panegiristas?


*** Dos bienvenidas. El polémico y genial expresidente del Puebla FC, Emilio Maurer, se incorpora a la sección de deportes con su columna “Pasión por el Fútbol”, que podrá leerla todos los martes. En tiempos de crisis para el club favorito de los poblanos, seguramente Maurer podrá contarnos muchas cosas.


También los martes podrá leer a la exdiputada federal y brillante abogada Violeta Lagunes Viveros, panista de cepa que dedica estos días al trabajo social. Ella escribirá “Sociedad abierta”.
A Emilio Maurer y Violeta, gracias por la confianza y mucha suerte.

 

 



 
 

 

 
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