Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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14/09/2012


PAN estilo VIP: se reservan el derecho de admisión


La cotidianeidad en el trato con el PAN en la vida pública del país, así como con gobernantes y representantes populares emanados de sus filas, nos hacen olvidar su origen como un partido político de derecha —por momentos cercano a la ultra— que en términos simples se traduce como una organización que acepta la desigualdad entre los seres humanos como un hecho natural que el Estado no puede ni debe remediar. Tal concepción conservadora se refleja en su ideología y en su praxis como partido: como la igualdad no existe, no cualquiera puede ser militante del PAN. Es decir, el albiazul es un club de membresía restringida a la que sólo se puede acceder por la recomendación de otros miembros, y después de ciertas pruebas. En los partidos de centro y de izquierda la afiliación no es un tesoro celoso: tan fácil es entrar como salir.


El control de la membresía panista es un escudo que fortalece la endogamia, y a la vez, imposibilita la entrada de nuevos liderazgos capaces de arrebatar el control a las tribus fundadoras, salvo que sea con su permiso. Solamente se convierten en miembros activos —todos los derechos— aquellos que son palomeados por las familias custodias del tesoro partidista: los Rodríguez, los Hinojosa, los Ocejo, los Arrubarrena, los Espina. Son los que se apropian de candidaturas plurinominales y dirigencias. Muy de vez en cuando, en pago a una lealtad extrema y adoctrinamiento, dejan pasar a un plebeyo que renueva el cuerpo político como es Eduardo Rivera Pérez.


Como los seres humanos no son iguales en capacidades ni oportunidades, no cualquiera tiene derecho a ingresar al PAN. Las afiliaciones masivas son rechazadas, así como los gremios, porque no obran en libertad. Y la gentuza puede colarse por cualquier lado. Así que una misión vital para las familias custodias, valga la tautología, es custodiar el ingreso de nuevos militantes e impedir el crecimiento del padrón de miembros activos.


Hago tales reflexiones en relación a uno de los puntos centrales del enfrentamiento entre el Yunque y el morenovallismo: la afiliación de nuevos miembros en Acción Nacional tras la victoria de 2010. Mientras que el grueso de los funcionarios del gobierno desean afiliarse para poder disputar candidaturas, el Yunque cierra el paso a través de sus mecanismos tradicionales de control. Y es que de 1990 a 2010 el número de miembros activos permaneció estable en 3 mil, controlados, promovidos por las familias custodias. En la interna por la alcaldía entre Eduardo Rivera y Humberto Aguilar Coronado votaron mil 400 panistas, la mitad del padrón. Y en 2012, la presidencial de Josefina Vázquez Mota contra Ernesto Cordero lo hicieron mil 827 activos, poco más del 50 por ciento.


Muchos morenovallistas, cansados de las trabas para ingresar a Acción Nacional se fueron por la libre y crearon su propio partido, Compromiso por Puebla, apropiándose de la marca ganadora del 2010, un hecho que irritó sobremanera a Juan Carlos Mondragón, quien acusó a Moreno Valle ante Gustavo Madero de la iniciativa.


Pero a mediados de año, el padrón panista en la capital creció exponencialmente: en enero había 3 mil inscritos. Para junio el número se elevó a 3 mil 300. Y de acuerdo al cierre del 10 de septiembre, oficialmente se encuentran 5 mil 300 inscritos, con derecho a participar en la contienda interna para elegir abanderado a la alcaldía. En tan sólo 2 meses el crecimiento exponencial fue del 76 por ciento. En los hechos, el Yunque ha perdido el control del Comité Municipal porque de esos 2 mil 300 nuevos miembros, solamente 650 fueron promovidos por las familias custodias. El resto, alrededor de mil 600, responden al morenovallismo.


Juan Carlos Mondragón se siente ultrajado y sabe que le metieron gol, dado que las afiliaciones no pasaron por el mecanismo de control tradicional —el Comité Municipal— sino que llegaron directamente al CEN a través de los formularios en internet. La tecnología provocó que las familias custodias dejaran desguarnecida la portería. El dirigente estatal señaló directamente a Eukid Castañón y pidió una investigación bajo el cargo de que las afiliaciones fueron hechas de forma corporativa. La queja de Mondragón no surtió efecto porque ni se sancionó a Eukid ni fueron echadas para atrás. El campo luce parejo ahora sí.


Pero las familias custodias siempre tienen un as bajo la manga: a toda costa desean rasurar el padrón de 5 mil 300 miembros activos y por ello recuperaron la figura del “refrendo”, un mecanismo estatutario para que todos y cada uno de ellos asista al Comité Municipal para manifestar su deseo de permanece en el exclusivo club VIP que es el PAN. Y quienes no lo hagan quedarán fuera, con los que la batalla podría inclinarse nuevamente a favor del Yunque.


Pero en el morenovallismo no lucen preocupados porque hicieron bien su tarea. El refrendo, afirman, perjudicará más a los Yunque porque se trata de los afiliados más antiguos, aquellos que por una u otra razón se alejaron del PAN en los 90. La rasurada, en su caso, eliminará activos de la Organización.

 

En las puertas de Acción Nacional luce la frase “nos reservamos el derecho de admisión” para remarcar que se trata de un club exclusivo al que los patanes no pueden entrar. Lo malo es que ingresaron por otra puerta: y los nuevos afiliados son un número suficiente para derrotar a los señoritos de la ultraderecha.

 

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