Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
[email protected]
[email protected]


14/10/2010


El círculo rojo al que desprecian Fox y Moreno Valle


Hace unas semanas Mario Alberto Mejía adelantó las líneas maestras de la Solución Final para los medios locales de comunicación que el equipo morenovallista tiene en mente: con las televisoras, todo; con las estaciones de radio; algunas; y con la prensa escrita —incluida la proliferación de portales digitales—, pues con casi nadie. En el mejor de los casos, los periodistas y sus empresas deberán pasar por un periodo probatorio de casi seis meses para “analizar su comportamiento y línea editorial”, que en otras palabras significa castigar a los contenidos críticos y premiar los comportamientos cortesanos. De alguna forma, tal Solución Final reedita la estrategia que Vicente Fox condujo a lo largo de su sexenio: privilegiar a los medios electrónicos, en especial las televisoras, firmar compromisos con algunos concesionarios de radio y en esencia, pelearse o ignorar a lo que él mismo llamó el “círculo rojo”, que en otras palabras es la minoría de opinadores y reporteros que escriben en el vacío para un país en el que nadie lee y cuyos escritos son incapaces de influir en la opinión de las mayorías, siempre dominadas por la tiranía de la video-política.


La mala, pésima, relación prensa-gobierno del cambio fue uno de esos impactos imperceptibles a lo largo del sexenio que al final terminaron convertidos en una bola de nieve imparable. Los medios de comunicación, a lo largo de la década fueron abandonando el modelo de vasallaje que el PRI construyó, así como la función de la prensa como “correo entre la clase política”. Para el año 2000 en el ámbito nacional había un buen grupo de medios independientes, aunque la prensa escrita en su mayoría permanecía adicta al tricolor. La victoria opositora modificó la correlación del vasallaje pero no provocó nuevos arreglos: de la mudez se pasó al libertinaje y el presidente, de figura intocable, pasó a la figura ridiculizable del día. Por desdén Fox trató de ignorar a la prensa escrita, y los directores y columnistas encontraron en el Ejecutivo federal el blanco de las críticas que nunca se atrevieron a realizar con los presidentes tricolores.


En un luminoso ensayo publicado en la revista Letras Libres en junio de 2008, el foxista Jorge G. Castañeda, el único intelectual que medio acompañó a Fox en su aventura, diagnosticó con claridad las razones de la pésima relación entre los medios y el presidente del cambio. “Fox suscribió desde su campaña y sobre todo a partir de la toma de posesión, la tesis —en última instancia falsa— de Ricardo Salinas Pliego sobre los llamados círculos verde y rojo. El primero es el de las grandes masas, que votan y se definen en función de criterios muy básicos: empleo, precios, seguridad, educación, salud, vivienda. Se llega a ellos por dos medios: la televisión y, en menor escala, la radio. De allí la enorme importancia que Fox (y Calderón, por cierto) otorgaba a las campañas de publicidad gubernamental, y a sus salidas directas en la televisión. Por el contrario, conforman el círculo rojo los mexicanos informados, que leen los periódicos y siguen de cerca las noticias, politizados y organizados en partidos, dirigencias sindicales, universidades, cúpulas empresariales, ONG, etc. La comunicación con ellos se produce a través de los medios impresos: titulares, columnas editoriales, fotos, etc. Su número no rebasa el millón: casi nada en un país de más de ciento diez millones de habitantes. Para Fox, carecían de importancia; eran el equivalente de las inglesísimas chattering classes, reflejando una inmensa desproporción entre su estridencia y su influencia en el México democrático.


”Pero Fox ‘ni los veía ni los oía’ no sólo debido a su diminuta dimensión, sino también por su falta de ascendencia sobre el círculo verde. Los intelectuales y la comentocracia pecaban doblemente: por formar parte del círculo rojo y por no influir en el círculo verde, el único que cuenta. Sus asesores de imagen y de opinión —y en particular Manuel Rodríguez y Rolando Ocampo, sus encuestadores de casa durante buena parte del sexenio— intentaron persuadir a Fox del simplismo de esta tesis, al señalar que el círculo rojo en realidad englobaba dos segmentos: los que hoy denominamos la comentocracia (los que forman opinión), y el círculo café, que funciona como enlace entre los opinadores (círculo rojo) y la amplia masa del país (círculo verde). Fox nunca aceptó el matiz.


”Al final de cuentas, Fox acertó al creer que debía concentrar todo su énfasis y energía en el círculo verde, dirigiéndose a él a través de los medios masivos de comunicación. Salió de la presidencia con índices de popularidad y aprobación sumamente elevados (los más altos que se hayan registrado), y logró la reconducción del candidato de su partido a la presidencia… Pero Fox se equivocó en un aspecto decisivo: la historia la escriben los miembros del círculo rojo, y en particular los historiadores, periodistas, analistas, ensayistas, etc. Su visión del sexenio sí influye en el círculo verde, y puede terminar por definirlo, con el tiempo. Fox no retuvo los niveles de aceptación de diciembre de 2006, en buena medida por esto. Y es que la teoría de Salinas Pliego tal vez haya perdido vigencia con el tiempo. Hoy, los dos círculos parecen vasos comunicantes: un asunto de círculo rojo comienza en la prensa de la mañana; pasa de los periódicos a los noticieros de radio matutinos; si tiene piernas, rebota a los de mediodía y de la tarde, para aterrizar en la televisión a las diez de la noche, donde, si no es controlado antes, ya penetra en el círculo verde. No son compartimentos estancos, sobre todo debido al efecto multiplicador de la radio”. Fin de la necesaria cita.


Rafael Moreno Valle parece compartir el mismo razonamiento: prioridad son las televisoras y quizá la radio. La prensa escrita puede morir eventualmente y nadie la extrañará. Se ha producido así una insana distancia: de momento el morenovallismo no ve ni oye a la prensa local. A su vez, los columnistas y directores buscan exculpar sus pecados del marinismo practicando la cortesanía que una y otra vez ha funcionado con los gobernadores en turno: disparar elogios a la mínima oportunidad en la búsqueda del convenio salvador.


No sabemos si los elogios terminarán por convencer a Moreno Valle para mantener los mismos términos que Marín tuvo hacia la prensa. Ése puede ser un camino: el otro puede ser apostar por el fortalecimiento de las empresas de comunicación para no depender del convenio gubernamental o disminuir su influencia. Apostar por modelos como Reforma, Milenio, El Universal y varios periódicos regionales que han conquistado su independencia.

 

La relación de la prensa con el gobierno morenovallista parece discurrir por las mismas vías que caminó Vicente Fox. Lo relevante de la tesis de Jorge G. Castañeda queda a la vista: Fox no pudo matar de hambre a ningún periódico y, una vez que terminó su periodo, la mayoría supervivió para dejar en el imaginario colectivo a un Ejecutivo incapaz de entender los tiempos que vivió. La televisión y la radio, es cierto, influyen de manera momentánea, pero los escritores son los que construyen la historia.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas