Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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14/10/2011


¡Se va, se vaaa, se fueeeeeeeee!


Cantada vale doble: desde hace varias semanas, por ahí de mayo o junio, se advirtió a Víctor Manuel Hernández Quintana que su presencia en el Órgano de Fiscalización Superior ya no era grata. Que ante el cambio de grupo en el poder tenía dos caminos ante sí: irse por las buenas o por las malas. Con una orden de aprehensión en las espaldas, queda claro que eligió por las malas. La ruta crítica, luego de que la Procuraduría General de Justicia confirmara que se encuentra prófugo, señala una batalla jurídica que se librará en los tribunales. Específicamente, en el Juzgado Octavo de lo Penal, del que proviene la orden de búsqueda y captura, y los tribunales federales donde seguramente ya se ha amparado. La batalla se prevé larga y desgastante, y seguramente Hernández Quintana querrá librarla desde su oficina. Se equivoca: tan pronto caiga en manos de la Policía Ministerial y se cumplimente el auto de formal prisión le serán suspendidos sus derechos políticos, por lo que será destituido por el Pleno del Congreso local para elegir a un nuevo auditor general.


El Juzgado Octavo de lo Penal encontró suficientes elementos para proceder en su contra y librar la orden de aprehensión por el tipo penal de delito cometido en agravio de la administración de justicia y otros ramos del poder público. La denuncia del edil destituido de Tlatlauquitepec fue suficiente: Hernández Quintana en el 2007, ya como titular del Órgano de Fiscalización, debió haberse excusado de conocer la cuenta pública de quien fue su cliente como despacho externo en el 2006. La denuncia no da crédito a la extorsión que Porfirio Loeza argumenta como la causa de la revocación de su mandato. El Ministerio Público encontró otra causal para incriminar a Hernández Quintana y el juez Octavo de lo Penal concedió librar la orden de aprehensión.


Por supuesto, Hernández Quintana tiene otra oportunidad para salvar su pellejo: cantar como un canario. Sí: un intercambio de información que lo salve del oprobio de caer en la cárcel: dotar a la administración morenovallista de los elementos necesarios para que los pillos de la administración anterior paguen sus culpas. El titular del OFS solventó las auditorías del gobierno estatal desde el 2007 y conoce a la perfección los hoyos negros del marinismo. Revelar la información clasificada es el único camino para la redención.


La única tabla de salvación a la que Hernández Quintana puede aferrarse es, precisamente, a quien lo impuso en el cargo: Mario Marín. ¿Pero qué harán los diputados priistas? ¿Votarán la destitución en el Pleno o se apertrecharán para resistir? Se valen las apuestas: el PRI votará la afirmativa. Y entonces la suerte del titular del OFS estará echada. ¿Seguirán los ratoncitos pidiendo su queso?


*** En este espacio adelantamos la destitución desde el 10 de junio. “La próxima semana, además del conflicto interno por el control del PAN y la batalla por definir la duración del mandato del próximo gobernador, se abrirá con toda seguridad la cloaca del OFS con la inminente salida de Víctor Manuel Hernández Quintana, encubridor del marinismo a la hora de sanear sus cuentas públicas y, por tal razón, insostenible en el cargo. El procedimiento para la destitución, sin embargo, parece largo y tortuoso a menos de que el mismo auditor general decida abandonar su cargo. ¿Y por qué querría hacerlo, despedirse de la posición que le ha permitido enriquecerse? Precisamente: para evitar salir por la puerta de atrás y enfrentar cargos penales por las múltiples irregularidades en el ejercicio de la posición. Se dice en los rumores palaciegos de la existencia de un voluminoso expediente que a cualquiera dejaría sin aliento.


¿Y qué contiene el dossier capaz de hacer abandonar a Hernández Quintana el cargo por su propio pie? Nada más y nada menos que las pruebas fidedignas de la colusión del auditor general con varios despachos encargados de las auditorías a municipios y entidades. Prevaricato le llamarían los abogados: trabajar al mismo tiempo para un parte y la otra. Un hecho gravísimo que lo haría merecedor a sanciones penales.

 

Al mismo tiempo, sin embargo, no se sabe a ciencia cierta la postura que asumirá el PRI ante la destitución del auditor general. O mejor dicho: qué postura asumirá Mario Marín frente a la desgracia de su protector. ¿Los diputados del PRI procederán a acuerparlo y entrar en rebeldía? ¿O entregarán su cabeza con la mayor tranquilidad? http://www.quintacolumna.com.mx/columnas/tiempos/2011/junio/colum-tiempos-100611.php

 



 
 

 

 
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