Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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15/09/2011


Política elbaestheriana: pretextos y tiempos


Aquellos que consideran la “sana distancia” entre Rafael Moreno Valle y el precandidato Ernesto Cordero un simple berrinche, en realidad exhiben la simpleza de sus análisis. También su desconocimiento de la psicología política y estratégica del mandatario. El enfriamiento de las relaciones entre ambos, reflejada en su ausencia en el lanzamiento de la precampaña del delfín, es un oportunidad para reconfigurar el juego político del mandatario rumbo al 2012. Una decisión producto de su vocación de poder que algunos llaman pragmatismo.


Además, un síntoma de que Moreno Valle ha replicado las dos formas principales de hacer política de Elba Esther Gordillo, perfectamente descritas por Jorge G. Castañeda hace unas semanas en el diario Reforma. Uno, estirar la negociación hasta el último momento, característica de los sindicatos. Dos, recurrir a falsos agravios para generar rupturas. La decisión de ausentarse de la conferencia de prensa de Cordero el domingo pasado responde a ambas fórmulas.


Partamos del hecho de que las diferencias entre el gobernador poblano y Acción Nacional provienen de un choque de visiones contrapuestas de la política. Rafael Moreno Valle es un gobernante formado en la escuela priista cuya característica principal es la vocación por el poder. Al contrario, Acción Nacional es un partido alimentado por la vocación de resistir al poder. Son códigos genéticos diferentes que se traducen en culturas diferentes. El priista es institucional con tal de alcanzar el poder. El panista disiente pese a tener el poder.


Pese a cumplir casi dos sexenios en la Presidencia, la experiencia de varias gubernaturas y alcaldías, Acción Nacional sigue resistiendo las dos características del partido en el poder: la jefatura de facto del presidente y la cargada. Felipe Calderón, contra pronóstico, ganó la candidatura porque encarnaba la resistencia a la línea de Fox. El mismo Calderón que, ignorando el código genético de su partido, trata de imponer a un sucesor en Ernesto Cordero. Y precisamente por ello Cordero está destinado a perder: porque es la línea oficial. Y Josefina Vázquez Mota a ganar, porque es la línea de la resistencia.


Moreno Valle ha leído correctamente el escenario: el problema de Cordero no es su tercer lugar en las encuestas, sino la cultura política de la disidencia de Acción Nacional. El presidente Calderón se ha empecinado en imponer sucesor y apuesta su capital político desde la Presidencia, así como los logros obtenidos en su sexenio para convencer a los militantes de su partido. Parece tarea imposible y Cordero avanza al matadero. La línea de negociación con el Yunque se rompió, pues su condición era que José Ángel Córdova no fuera a pelear la gubernatura de Guanajuato. Y el extitular de Salud ya se fue, por lo que el gobernador de esa entidad fue el segundo, tras Moreno Valle, en marcharse del equipo corderista.


Moreno Valle conoce muy bien, porque lo sufre, el código genético de la disidencia panista. Pese a ser el partido ganador, el PAN resiste la influencia del gobernador y luchó con garras y dientes para mantener una exigua mayoría en el Consejo Estatal. Las fuerzas están tan equilibradas que la instalación se suspendió para encontrar acuerdos en la integración de comisiones, especialmente la de Orden. Cordero no tiene con qué derrotar la cultura panista. Y Moreno Valle tampoco quiere compartir la derrota.


Se lee perfectamente, entonces, que la presencia de Ana Teresa Aranda no es un berrinche, sino un pretexto para alejarse y reconfigurar su escenario futurista. El agravio de la presencia de Aranda en la campaña corderista, real o supuesto, es el pretexto perfecto para alejarse un tiempo y esperar a leer cómo avanza el juego. Si Cordero pudiera remontar, el gobernador poblano se acercará nuevamente. Y si pierde, bien podrá venderle a Josefina Vázquez Mota que él no metió las manos y dejó juego libre en su estado, versión que podrá corroborar el Yunque y Juan Carlos Mondragón.


Repetimos nuevamente: entre Cordero y Moreno Valle no hay ruptura sino sana distancia. Por ello el gobernador dejará ahí a Mario Riestra y a Pablo Rodríguez, por si necesita regresar. Y mientras tanto gana tiempo para reconfigurar su juego de cara a la sucesión presidencial y no verse arrastrado por la derrota. Ana Teresa es un buen pretexto y nada más.

 

La política es una cuestión de paciencia y observación. Pierde el que se desespera y a menudo el que tira primero. Elba Esther Gordillo es genial a la hora de elegir sus tiempos para jugar. Y sus tiempos casi siempre son en el último minuto. En estricto sentido, es La Maestra de Rafael Moreno Valle.

 



 
 

 

 
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