Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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15/11/2012


Apremios financieros para el 2013


Los dos sexenios panistas en la Presidencia de la República fueron la época dorada del federalismo hacendario para los gobiernos estatales. Las transferencias de recursos federales a los gobiernos estatales tuvieron incrementos progresivos como nunca antes había ocurrido en el país. Además de las tradicionales participaciones y fondos, hubo ingresos extraordinarios derivados de la venta del petróleo, así como la creación del IETU y el incremento del IVA. Puebla es un buen ejemplo. En 1999, Melquiades Morales tuvo un presupuesto de 19 mil millones de pesos. En 2005, Mario Marín arrancó su sexenio con 29 mil millones. Y para 2011, el gobierno morenovallista gastó 57 mil millones de pesos. En 12 años, pues, el presupuesto se triplicó.


El regreso del PRI a Los Pinos, sin embargo, podría indicar el fin de la bonanza presupuestal para los estados y un regreso al centralismo hacendario del siglo XX. De entrada, el cerebro financiero del nuevo gobierno, Luis Videgaray, ya anunció que los incrementos, si los hay, serán inerciales conforme al índice inflacionario. Para todos, incluidos estados tricolores, panistas, aliancistas y perredistas. En otras palabras: se acabó el dispendio.


Los periodifóbicos al morenovallismo festejaban que en una reunión previa a la declaración, Luis Videgaray ya había anunciado el modesto incremento al gobernador Moreno Valle, algo que interpretaron como una señal fatal de Peña Nieto para el gobernador poblano. Pero la instrucción del presupuesto austero ya bajó a todos los gobernadores. Y todos, por supuesto, están que trinan. Pero no saben qué hacer: en el pueblo hay un nuevo amo que amenaza con volver a practicar las tradiciones de la Presidencia Imperial, centralismo incluido.


Regresamos al caso Puebla. El gobierno morenovallista presentará hoy al Congreso local su Proyecto de Presupuesto por el orden de los 58 mil 571 millones, 4 mil millones más que el correspondiente al año anterior. Nadie debe olvidar que el cabildeo extraordinario de Moreno Valle y de Roberto Moya derivó en un incremento extraordinario superior a los 6 mil millones el año pasado. Con lo ganado en 2012, se repone la austeridad de 2013, parecería ser el razonamiento.


El problema es que para el próximo año, el gobierno estatal tendrá un gasto que originalmente no se había presupuestado: la inversión necesaria para la instalación de la planta Audi en Chiapa. No hay una cifra oficial, pero se habla de más de 2 mil 500 millones de pesos para la construcción de la plancha de concreto de 400 hectáreas, servicios, caminos y el Centro de Capacitación. ¿De dónde saldrá ese dinero?


Hay tres opciones fundamentales. Una, lo más fácil y sencillo que se le ha ocurrido a casi todos los gobernadores: incrementar la deuda y pedir un crédito a la banca comercial. Esta opción es intransitable para el gobernador y su secretario de Finanzas. Dos, reducir el gasto de inversión y cancelar proyectos como la línea 2 del metrobús. Tampoco es viable. Quedan pocos caminos: reducir el gasto del gobierno, especialmente el capítulo de servicios personales (nómina), financiar proyectos con PPS (teleférico) y ampliar los ingresos propios (fiscalización). No hay de otra.


Los apremios financieros del gobierno son resultado de una política de inversión pública como nunca había ocurrido con cero deudas, algo muy diferente a lo que ocurrió el sexenio anterior. Mario Marín no sólo disfrutó la bonanza presupuestal, resultado de los ingresos petroleros. No conforme con ello, aumentó la deuda pública de 3 mil a 9 mil millones de pesos, y además se le “olvidó” reportar una bursatilización de Carreteras de Cuota por 800 millones de pesos. En total, el “Góber precioso” nos endeudó con 6 mil 800 millones.


¿Y qué hizo Mario Marín con el dineral que recibió de la Federación —250 mil millones— en todo su sexenio? ¿Y con los casi 7 mil con los que nos endeudó? Unas canchas de futbol, hospitales inservibles, La Célula que nadie quiere comprar, el robo del siglo en la Atlixcáyotl y el Centro Expositor. No más.


La política del gasto del gobierno morenovallista luce controlada, pero los gastos inesperados por Audi son fuente de preocupación. Y para acabarla de amolar, el nuevo gobierno federal pretende darles un apretón de recursos a todos los gobiernos estatales. La situación no es sencilla.

 

La Ley de Ingresos y el Proyecto de Presupuesto 2013 que se presentan hoy en el Congreso son francamente conservadores y responde a las líneas generales antes planteadas. Lo mejor es que refleja la extraordinaria negociación en la Federación que se dio en 2012. Ya lo que caiga será ganancia.

 

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