Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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16/08/2011


Los parricidas contra los exalcaldes: campeonato de parejas


A lo largo de la Presidencia Imperial una pregunta consumía las angustias y desvelos de los políticos profesionales, así como a los simples aficionados: ¿cómo y cuándo un delfín era enterado de su nombramiento como sucesor? Los lectores morbosos, sin embargo, avanzan en sentido contrario: ¿cuál fue el ritual de ruptura entre Mario Marín y Javier López Zavala? ¿Cómo vivieron el otoño de su descontento? ¿Fue la noche aciaga del 4 de julio? ¿El día en que le negaron la notaría al candidato perdedor? ¿O más bien cuando no le entregaron la dirigencia estatal y debió salir exiliado? ¿Hubo gritos, recriminaciones? ¿El hijo pródigo le quiso alzar la mano al padre desobligado? ¿Marín le escupió todo el dinero que invirtió en la candidatura fallida, en las inútiles comilonas? ¿Zavala le habrá respondido que su desprestigio personal lo arrastró, que no le dejó margen de maniobra para imponer al candidato a alcalde? Qué enfrentamiento tan apasionante.


Lo cierto es que, Zavala, una vez más pierde en la ruptura con quien fuera su Dios personal. Queda como malagradecido, el hombre que mordió la mano que le dio de comer. Y todo por una quimera: propios y extraños saben que Enrique Peña Nieto jamás permitirá que el oriundo de Pijijiapan forme parte de la fórmula al Senado que represente al PRI. En el mejor de los casos, será enviado a pelear por una diputación federal en un distrito en el que no pueda cometer muchos estropicios y casi un roce mediático nulo. Su destino parece ser Acatlán, una de las pocas demarcaciones en el que el tricolor mantiene un voto cautivo. 


Autista a la realidad, el chiapaneco fallido cree que tiene elementos para desbancar a Blanca Alcalá y Enrique Doger, los verdaderos favoritos del CEN y a quienes ciertos personajes influyentes del morenovallismo los ven con el triunfo en las manos. Zavala, en el afán de ganar nota, fue capaz de revelarse como un auténtico Judas y deslindarse de Mario Marín, el hombre al que le debe todo, lo bueno y lo malo de su carrera política. No es un caso extraño que los sucesores sean auténticos malagradecidos. Tampoco los arrepentimientos. Pero al final, el 4 de julio Marín no estuvo en la boleta y Zavala sí, por lo que nadie más merece el apelativo de perdedor.


Marín puede ser acusado de muchas cosas: su autoritarismo e incapacidad para abrirse a otras opciones. Su insistencia en el perfil zavalista pese a que no generaba consensos ni siquiera en la burbuja más cercana al entonces mandatario. Necedad, terquedad y hasta soberbia. Pero con todos sus defectos, a Marín no puede atribuírsele el término de desleal, pues se la jugó con todo y le entregó miles de millones de pesos a su delfín para ungirlo. Y hasta en siete ocasiones lo destapó para vencer las resistencias. Zavala, sin embargo, ha decidido endosarle su derrota. Un auténtico parricida.


Estas reflexiones vienen a cuento luego de que el candidato fallido encontró a su igual, es decir, otro parricida, Fernando Morales Martínez, caso único de golpeteo a su padre biológico y político. El famoso “Parri” una y otra vez ha criticado a Melquiades Morales Flores, y una y otra vez también se ha beneficiado de usar su nombre para alcanzar una diputación local, y luego, una federal. En el 2010 no dudó de hacer a Zavala su dios personal, pero tras la derrota, tampoco se inhibió para criticarlo y endosarle la responsabilidad única de la derrota.


Javier López Zavala y Fernando Morales Martínez, la dupla de los parricidas, unieron sus destinos para bajar a Blanca Alcalá y a Enrique Doger de la dupla de exalcaldes al Senado. Por supuesto, el chiapaneco no tiene oportunidad y únicamente hará el trabajo sucio para el hijo de Melquiades. El fuego de ambos parece dirigido a Blanca Alcalá antes que para el exalcalde, pues la falta de comprobación de sus últimas cuentas públicas ante el Congreso la hace más vulnerable. La expresidenta municipal se encuentra en el rostizador porque todavía debe hacer enfrente a la acusación de malversar 700 millones de pesos de las arcas del Ayuntamiento, y aunque de momento las comparecencias fueron detenidas por Eduardo Rivera, todo indica que serán reactivadas conforme se acerque el final de año para lastimar su potencial electoral.


Habría que revisar las encuestas, pero es difícil que a Fernando Morales lo conozca más allá del 15 por ciento de los poblanos. Y aunque Zavala sí tiene un porcentaje más alto de conocimiento, sus negativos lo hacen un candidato inviable. ¿Podrá la dupla de los parricidas detener a la dupla de los exalcaldes, Alcalá y Doger? La batalla apenas comienza y, por supuesto, que habrá juego sucio. Y mucho dinero.

 

**** Aclaran nuestras fuentes. Es absolutamente improbable que Laura Escobar asuma la titularidad de Sedeso cuando Néstor Gordillo renuncie para ir a la candidatura a la diputación federal del distrito XII. Su especialidad es la operación electoral, no el Desarrollo Social, uno de los problemas fundamentales de la entidad. Y Barceló, amigo personal de Luis Maldonado Venegas, no llega a moverle el tapete al titular de la SEP. Ese sí va a abuelear.

 



 
 

 

 
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