Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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16/11/2011


La narcoviolencia como lógica del 2012


Accidente o atentado, un porcentaje mayoritario de mexicanos tiene sus propias conclusiones acerca del helicopterazo que le costó la vida a Francisco Blake. No le importan los peritajes ni las conclusiones a las que llegue Dionisio Pérez-Jácome y sus expertos de la SCT. Para el 60 por ciento de los ciudadanos, explicó ayer Francisco Abundis en un Foro Internacional sobre la Prevención del Delito realizado en Puebla, la sentencia es inapelable: la muerte del secretario de Gobernación fue un acto doloso producto de la lucha del crimen organizado. Si hemos de creer al director de la firma Parametría, la violencia se ha convertido en una de las lógicas fundamentales en la vida diaria de los mexicanos. La sofisticación del crimen organizado para convertir balaceras y atentados en actos de significado mediático tuvo éxito. Michoacán representaría una escalada de esa sofisticación, como ya lo fue el asesinato del candidato a la gubernatura de Tamaulipas Rodolfo Torre Cantú. O como lo han sido la muerte de alcaldes electos en funciones y hasta de un diputado federal. Si la violencia se ha asentado como lógica nacional, ¿qué nos espera en 2012? ¿Por qué no un atentado puede dar un giro a las presidenciales del próximo año?


Desde un análisis de seguridad nacional no puede descartarse que el crimen organizado decida intervenir en las presidenciales del 2012 con un acto de violencia de grandes efectos mediáticos. La posibilidad, sin embargo, horroriza a la comentocracia nacional que se niega a pensar en tal supuesto. Pero si el crimen organizado ya entendió que sus actos violentos pueden tener significado político-electoral, el escenario de un acto que altere las pautas del camino a Los Pinos se convierte en un escenario posible. Y por tanto, una irresponsabilidad negarse a explorarlo.


El baño de sangre nacional hace tiempo abandonó la lógica del enfrentamiento de bandas por disputas territoriales. El asesinato selectivo de autoridades y candidatos ya es una realidad como parte de la escalada y la sofisticación. También lo son los ataques con efectos mediáticos al estilo de los granadazos en Morelia y el Casino Royale en Monterrey. El homicidio del candidato tricolor a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, cambió el sentido de la elección en esa entidad. Y con menores resultados pero en Michoacán enrarecieron el ambiente con la ejecución del alcalde de La Piedad y la publicación de un desplegado en el diario AM de esa ciudad, amenazando de muerte a todos los que votaran por el PAN o portaran un distintivo de ese partido.


Si la violencia ya es una lógica político-electoral para el crimen organizado, parece inevitable que el Estado mexicano deberá superar ese reto en 2012. Todo depende de qué quieren los criminales, lo que en los hechos se traduce en qué es mejor para su negocio del trasiego de drogas. ¿Prefieren un país que elija a su próximo presidente y Congreso de la Unión en estabilidad? ¿O les conviene que continúe el baño de sangre nacional porque en el río revuelto pueden pescar mejor? Los capos del narcotráfico, ante todo, son empresarios de lo ilícito. ¿Qué conviene a su negocio?


El análisis de seguridad nacional va un paso adelante para situarlo en la sofisticación: ¿Le conviene al narcotráfico la restauración del viejo edificio piramidal del PRI y una eventual victoria de Enrique Peña Nieto? El análisis de seguridad nacional no puede pasar por alto esta pregunta que pone los pelos de punta casi a toda la elite de poder. Por supuesto, no se trata ni de una profecía o deseo, sino de un escenario plausible de la realidad violenta nacional.


La influencia de posibles actos violentos, sin embargo, es un territorio inexplorado por la academia y la prensa. Romper el tabú parece un acto de mal fario o mal de ojo. Pero no es así por lo menos para los altos mandos del Ejército. La milicia sí tiene dentro de sus escenarios posibles la aparición del narcotráfico como un poder fáctico que tratará de influir los comicios del próximo año.


La dificultad del análisis de seguridad nacional parte de la multiplicidad de actores, grupos, capos y cárteles que dominan el trasiego de drogas. La fragmentación de los grandes conglomerados ha dejado personajes visibles como “El Chapo” Guzmán, “El Lazca” o “El Mayo” Zambada. Pero debajo de ellos ahora se ubican multitud de liderazgos de bajo perfil pero con capacidad de fuego. Cada uno persigue objetivos diferentes y cualquiera puede hacer daño.

 

En la mente de muchos mexicanos existe la creencia de que los cárteles cobraron la vida de Juan Camilo Mouriño y de Francisco Blake. Las versiones oficiales no logran convencer dado el sospechosismo que domina la vida nacional y la desconfianza en las instituciones públicas. Por tanto, hay una duda razonable de que puedan influir en la lógica electoral del 2012. Con esa simple posibilidad los criminales han obtenido un gran triunfo.

 



 
 

 

 
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