Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
[email protected]
[email protected]


16/12/2010


2010: el año de la revolución silenciosa de los poblanos


El editor se encuentra en problemas para cabecear el anuario. ¿Cuál sería el titular adecuado para un año de vorágine? Varios vienen a la cabeza: 2010: el año en que murió el marinismo. O mejor aún: La caída del Proyecto Transexenal. Más sensacionalista: Liquidan a Mario Marín. Por supuesto, es un lado de la historia. El otro también requiere una cabeza adecuada: Moreno Valle rompe los pronósticos. También: surge la dinastía morenovallista. O más institucional: Monumental Victoria de la Oposición. De alguna forma, son las dos caras de una misma moneda. La lucha por la gubernatura, la victoria de la oposición y la derrota del régimen son los vértices de un triángulo que definieron el 2010, el año más agitado de nuestras vidas. Sucesos dignos por reseñar que ocuparán varios tomos de la historia política de la entidad. La elite termina el año de forma muy distinta a como comenzó, los días de vinos y rosas cuando el oficialismo se volcó en vítores a la figura de Javier López Zavala, pese a que las encuestas lo mostraban como un candidato débil. Mientras unos se entregaban a la soberbia, Rafael Moreno Valle se empeñaba en la construcción de una alianza pluripartidista sobre los ejes del PAN y del magisterio gracias al apoyo de Elba Ester Gordillo.


El final del 2010 será dramático para algunos, cruel para otros y lleno de emociones para la nueva casta en el poder. Antes de Navidad, por ejemplo, Mario Marín estará desalojando Casa Puebla y preparando la entrega-recepción a la oposición, para luego vivir la incertidumbre de imaginar si Moreno Valle y Elba Esther cumplirán la promesa de impunidad que le hicieron. Javier López Zavala, en un solo año, fue del cielo al infierno: el inicio del 2010 lo sorprendió esplendoroso y al final, en la ignominia. Parece difícil imaginar un fasto tan contradictorio: rey y mendigo en apenas 12 meses en los que perdió la gubernatura, una notaría y la dirigencia estatal del tricolor. Su error fue no parar a tiempo tras la derrota, pues se sometió a un desgaste innecesario. Su carrera política se encuentra en un receso: sólo el tiempo podrá revelarnos si era un político sólido o un invento sexenal.


A tablas salió Enrique Doger: su gran victoria, sin duda, es sobrevivir al marinismo que luchó incesantemente todo el sexenio por ponerlo tres metros bajo tierra. Terminó su travesía al desierto con una diputación local, pero muy lejos de la gubernatura a la que aspiró e incluso, de la reedición de su alcaldía. Su momento crucial fue decidir entre permanecer en su partido o renunciar para irse a la alianza opositora. Quizá hubiera ganado más, pero mantiene su amistad con Rafael Moreno Valle y ello puede abrirle nuevas puertas para el futuro. En el caso de Doger, nunca más un político fueron sus circunstancias.


El PAN, aliado al magisterio de Elba Esther Gordillo y dos partidos de izquierda, obtuvo una victoria doble y accede a Casa Puebla por primera vez en su historia. El corazón de los militantes, sin embargo, no vive en el gobernador electo sino en Eduardo Rivera, el joven exdirigente que gobernará la capital con todas las oportunidades del mundo para crecer en la historia política de la entidad. A una reticencia natural al inicio de su campaña, su victoria sobre Mario Montero fue arrolladora. Al amparo del morenovallismo sufre de menos expectativas que el gobernador, por lo que tendrá más margen de maniobra. No queda claro qué tipo de relación tendrá con el gobierno estatal, pero por lo visto en los meses de campaña será cordial, pero firme antes las presiones y los manotazos que lleguen desde Casa Puebla.


Los actores políticos destacaron en el 2010, pero el premio se lo lleva la sociedad poblana que protagonizó una insurrección silenciosa, altamente democrática, a través del sufragio. Hartos de un régimen abusivo, los poblanos salieron a votar masivamente sin dejarse amedrentar ni comprar para provocar un cambio en el poder. Pese a su victoria, el electorado poblano tiene altas expectativas en el nuevo gobierno y de momento espera siguiendo con atención. Nuestro reto, como ciudadanos, es mantener el nivel de exigencia y utilizar los modernos recursos tecnológicos para hacerle saber a la nueva elite aquéllo en lo que está de acuerdo y aquéllo en lo que no.


Por pura lógica, Rafael Moreno Valle es el hombre en la cima del mundo. Un trabajo paciente y dedicado, disciplinado y estratégico le permitió construir una alianza de poderes fácticos y generar un entusiasmo ciudadano pocas veces visto. Las puertas nacionales que ya tenía abiertas ahora se le han abierto de par en par e incluso, tiene la posibilidad de construir un proyecto presidencial. El requisito imprescindible es hacer un buen gobierno, que a lo mejor ni siquiera basta dado el altísimo nivel de expectativas ciudadanas. Tiene en su mano todos los elementos para construir una nueva era. En sus manos están depositadas las llaves del futuro.


El año de la vorágine termina con la triste partida de Salomón Jauli Dávila, un hombre que tocó los corazones de muchos poblanos y en los que vivirá mucho tiempo. El tiempo nos dará a su familia y amigos la resignación.

 

¡Adiós al 2010 y bienvenido el 2011! Nos volvemos a leer el próximo 4 de enero.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas