Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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17/02/2012


Voto retrospectivo para decidir a los senadores


A reserva de confirmar al litigante Mario Bracamonte como la segunda fórmula de las izquierdas, la baraja de aspirantes a senadores luce completa para que los poblanos podamos discernir sobre aquellos que nos representarán en la Cámara Alta. De acuerdo al sistema electoral, el partido ganador meterá su fórmula de dos senadores a la nueva sede de Reforma, y el segundo lugar únicamente a uno. Por su peso específico, la parte central de la batalla la llevarán Manuel Bartlett, Javier Lozano Alarcón, Blanca Alcalá y Víctor Hugo Islas quienes protagonizarán una carrera inédita por lo cerrado. Uno de ellos arrastrará a su pareja al paraíso presupuestal. Teóricamente, la segunda fórmula es la más debe trabajar para poder asegurar su ingreso, así que buena parte del debate recaerá en Augusta Díaz de Rivera, Juan Carlos Lastiri y Enoé González Cabrera. ¿Quiénes de ellos merecen el voto de los poblanos?


La democracia representativa caracteriza a las elecciones como el momento culminante de la participación de los ciudadanos. Los padres fundadores sostenían la teoría de que puestos a elegir, los seres humanos naturalmente escogeremos lo mejor. Nuestros representantes, diputados y senadores se convierten en una aristocracia republicana. Pero a esa idea romántica, con el curso de los años, se ha impuesto un realismo absoluto. Hace tiempo que los mexicanos elegimos no a los mejores, sino a los menos peores. Algo que Bovero denominó hace unos años la kakistocracia: el gobierno de los peores. Pero en periodo de campaña, los candidatos buscan hacernos creer, convencernos, que en efecto se trata de los mejores. Que nadie entiende mejor nuestras preocupaciones, que saben ponerse en nuestros zapatos, buscar respuestas y en suma, representarnos mejor.


Conforme pasan los años me convenzo de que otorgar nuestro voto conforme a lo que vemos y oímos en un periodo de campaña, una retahíla de propuestas simplificadas que en muchas ocasiones no tiene nada que ver con las funciones que la Constitución encomienda a nuestros legisladores, es un error. ¿Por qué? Por el simple hecho de que ninguna ley obliga al candidato ganador a cumplir sus propuestas de campañas. El cumplimiento de ellas puede ser un asunto de legitimidad, o incluso de ética. Pero una vez que han obtenido el mayor número de votos, incluso podrían cambiar radicalmente de programa, y aun de partido. En otras palabras: los poblanos perderemos control sobre los ganadores del 1 de julio. Para bien o para mal, es el diseño de la democracia en el mundo.


Por ello creo más que nunca en el sistema de voto retrospectivo. No darles el voto por lo que prometen hacer en el futuro, sino por lo ya han hecho en el pasado. Revisar y cuestionar su pasado como funcionarios públicos y legisladores. Escudriñar en sus cuentas pendientes, en los logros en su desempeño y en los intereses que cuidaron o destruyeron. El cerebro emocional, han demostrado los neurocientíficos como Antonio Damasio, planea el curso del futuro conforme a los sucesos que nos marcaron en el pasado. Si la mayoría de nuestras decisiones las tomamos así, por qué elegimos a nuestros gobernantes del futuro sobre lo que dicen que harán en el futuro.


Desde el punto de vista del voto retrospectivo, la carrera por el Senado es tremendamente rica a partir de la postulación del exgobernador Bartlett, al que se puede enjuiciar por lo hecho en Puebla, por su pasado de villano autoritario o su reconversión en santón de la izquierda. Alguien a quien su partido le dio todo, excepto la Presidencia, pero que ahora traiciona. Otro tránsfuga, Javier Lozano Alarcón, saltó del PRI al PAN convenencieramente de la mano de Felipe Calderón para convertirse en secretario del Trabajo. La retrospectiva debe mirar a su actuación en el caso de los mineros, la liquidación del SME, su participación en la quiebra de Mexicana y tantos escándalos más. ¿Y por qué no? Escudriñar sus pleitos de familia, el odio a su familia paterna y su eterna oscilación entre el DF y Puebla.


Víctor Hugo Islas ha sido varias veces diputado local y federal, y en ninguna legislatura dejó recuerdo. “El cachetes de chicharrón” ya pisó la Cámara Alta entre 1997 y 2000, y no se le recuerda algo relevante salvo su sumisión a Manuel Espino. ¿Vale la pena darle la confianza a alguien que abiertamente ha demostrado ser un inútil? No lo creo.


Protegida del Yunque, Augusta Díaz de Rivera ya recorrió el escalafón completo desde una regiduría en Atlixco hasta una diputación federal. ¿Alguien recuerda una postura destacada o una iniciativa de ley perdurable en la sociedad? El abogado Bracamonte proviene de una familia de juristas exitosos, aunque su árbol genealógico lo ubica en la derecha. ¿Cómo defenderá posturas de izquierda?


El voto retrospectivo acerca de la dupla tricolor es especialmente atractivo. Alcalá y Lastiri tienen una larga carrera política y su pasado evidente puede escudriñarse con amplitud a partir de sus cuentas pendientes ante los órganos fiscalizadores de los recursos. Ambos fueron señalados por la Auditoría Superior de la Federación, y la exalcaldesa todavía debe comprobar ante el OFS un pliego de mil millones de pesos. Lastiri es un marinista confeso y en 2010 operó los apoyos para la campaña zavalista desde los UPP de la Sedeso. Su clóset es amplio y se pueden encontrar muchos cadáveres.

 

Vale la pena escudriñar el pasado para no creer en promesas fáciles. Mi propuesta es el voto retrospectivo. ¿Qué encontraremos en la biografía política y personal de los candidatos al Senado?

 



 
 

 

 
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