Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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18/05/2011


Los nuevos parámetros de la relación prensa-morenovallismo


Un apunte para culminar el caso Arabian y sus repercusiones. Frente al discurso aquél de un divorcio evidente entre el gobierno morenovallista y la prensa local, la renuncia de la secretaria de Desarrollo Social ha mostrado la tesis contraria, es decir, que en su condición de un gobierno de origen democrático y con alta legitimidad, Rafael Moreno Valle valora a los medios de comunicación como un contrapeso del poder. Un mecanismo externo de corrección a la actuación del gobierno y los funcionarios. O, en otras palabras: quienes difunden la versión de que la administración estatal ni ve ni oye a los medios poblanos son precisamente aquellos que formaron parte de la corte marinista que, en efecto, ni vio ni oyó a la prensa poblana porque la tenía comprada. A lo largo del sexenio de Mario Marín apenas rodó una sola cabeza por señalamientos de los medios: me refiero a Gabriel González Molina, el vendedor de espejitos que despachaba como comisionado de Competitividad y que dio un curso a precandidatos a diputados federales del PRI, según la exclusiva de CAMBIO. Pero el marinismo debió entregarlo previa detención de la PGR cuando declaraba en las instalaciones de la FEPADE. Marín nunca escuchó las críticas contra el resto de sus funcionarios pese a los señalamientos concretos. El exgobernador desactivó a los medios gracias al otorgamiento de convenios y prebendas, y así sus funcionarios cometieron toda clase de excesos.


La relación entre prensa y poder es una de las ecuaciones fundamentales de la democracia liberal. Los medios de comunicación permiten que los ciudadanos tomen decisiones a la hora de votar y ejercen de centinela de los intereses públicos. Sin embargo, la prensa es además un mecanismo externo de corrección para los funcionarios públicos, pues al señalar errores, negligencias y corrupción, el gobernador puede poner un alto a prácticas que arrastren a su administración. Tras el escándalo Cacho, Marín negó este papel a la mayoría de la prensa poblana, y prefirió cooptar. Entonces, todos sus funcionarios obtuvieron una “patente de corso”: se volvieron inmunes a las críticas de los pocos medios que estábamos dispuestos a criticar. ¿Qué hubiera ocurrido si Marín hubiese atendido los múltiples señalamientos de corrupción de los secretarios de Obra Pública y de Salud? ¿La Célula se hubiera convertido en elefante blanco tras las denuncias de retrasos y sinsentidos en las obras? ¿El Centro Expositor habría tardado más de tres años en construirse si se hubieran atendido los señalamientos de retrasos injustificados?


La prensa poblana, vista con suspicacia, es un enemigo que atiende intereses inconfesables, empezando por los propios. Pero vista con ánimo democrático, es un mecanismo de apoyo para corregir desviaciones internas de la propia burocracia. El ejemplo perfecto es el caso Myriam Arabian: la información sólida publicada en CAMBIO y retomada por varios medios más no fue tirada a la basura ni ignorada. El gobierno atendió la publicación y seguramente realizó sus propias investigaciones encontrando que en la realidad sí había una orden de aprehensión. Y aquí viene el detalle fundamental: en lugar de encubrir y proteger a la funcionaria, como lo habría hecho Marín, le dio una licencia para darle una salida digna y, al mismo tiempo, evitó pagar un costo en la opinión ciudadana que sea capaz de minar su legitimidad democrática. O que se le acuse de actuar de forma semejante como lo hacían los gobierno priistas.


Al proceso ha ayudado la evidente disminución de la tensión entre la fuente gubernamental y el gobernador Moreno Valle. Previo al cumplimiento de los cien días, por primera vez ambas partes se sentaron a dialogar. Los reporteros preguntaron sobre su relación con los medios y el gobernador respondió claro: demandó a la prensa poblana manejar la información apegada a la realidad y emitir críticas con argumentos y objetividad para mantener a los ciudadanos informados sobre las acciones y los errores de la administración.


En esa oportunidad, en el diálogo con los reporteros, fijó los parámetros esperados: “Sin duda somos un gobierno como cualquier otro, un gobierno que es humano, el cual puede cometer errores y cuando sea así los reconoceremos de frente….Asimismo, quiero que digan las cosas con objetividad, si cumplimos con los compromisos que digan que cumplimos al cien por ciento con ellos, y si no que digan cuáles no se cumplieron. Es necesario que los medios manejen la información acorde a la realidad, así como el gobierno hará su tarea”.

 

El caso Arabian evidencia que Moreno Valle respondió a los parámetros que él mismo fijó: información objetiva y sustentada en la realidad. Y así, Arabian salió del gabinete. En el descenso de la presión, por último, no puede olvidarse a cuatro operadores fundamentales para bajarla: Fernando Manzanilla, Luis Maldonado Venegas, Marcelo García Almaguer y, por supuesto, Norberto Tapia, asentado ya en Comunicación Social tras los agotadores cien días en que tuvo que conocer el ritmo imparable del gobernador.

 



 
 

 

 
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