Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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18/06/2012


El tabasqueño arte de jalarle los güevos al tigre



El lopezobradorismo es un movimiento recargado respecto de hace seis años.


Nuevos y viejos actores se aglutinan alrededor del profeta de la honestidad, pero las masas crecen.


En el 2006, y en el mejor momento de su vida política, Andrés Manuel apenas pudo reunir en su cierre de campaña a 10 mil poblanos en la plancha del zócalo de Puebla.


Nada que ver con la euforia en el estadio Hermanos Serdán el sábado pasado. Nuevos y viejos militantes de la izquierda local se impusieron un reto: si no podemos llenar un estadio, menos podremos ganar Puebla y la Presidencia de la República.


Encerrado en el laberinto de las diferencias partidistas entre PRD, PT y Movimiento Ciudadanos, un nuevo elemento aglutinador pone orden y tiene más poder que cualquiera: los brigadistas de Morena.


Al tabasqueño siempre le hizo falta un cuerpo de pretorianos a su lado, sólo pendientes de su líder, de sus necesidades y objetivos.


Nada de petistas, perredistas o exconvergentes, siempre dispuestos a venderse al mejor postor por un plato de lentejas.


En el estadio Hermanos Serdán los brigadistas de Morena tomaron el poder. Las coordina una misteriosa mujer llamada Amelia, la única todopoderosa dentro del foso de invitados especiales. Le sigue en papel de brigadier José Agustín Ortiz Pinchetti.


Todo el resto de actores locales se supeditan a sus órdenes.


Terminados los pleitos tribales, la conjunción de esfuerzos produjo el mitin más exitoso de la izquierda local en toda su historia.


12 mil en el graderío del estadio.


16 mil sillas en el campo de juego.


Y otros 12 mil que se quedaron parados.


En total, alrededor de 35 mil poblanos que en su mayor parte llegaron por sus propios medios y colapsaron los alrededores del estadio, pese a que sospechosamente en el nuevo puente 5 de mayo alguien decidió que era buena idea darle mantenimiento.


En otras palabras: 25 mil poblanos más que en 2006.


Nada mal para quien sigue por lo menos 10 puntos detrás de Peña Nieto, según encuestadoras tan prestigiadas y certeras como Consulta Mitofsky.


***


El López Obrador del 2012 es más humano que el del 2006.


Descendió del trono de Mesías Tropical para convertirse en un Profeta de la Honestidad.


Esa humanización es resultado de un conjunto de factores.


A diferencia de lo ocurrido hace seis años, al tabasqueño ahora lo acompaña una familia.


Beatriz Gutiérrez Müller posee el carisma de la inteligencia, lejos de la telegenia de La Gaviota.


Ahora, estar rodeado de su familia le da el toque de espontaneidad del que carecía.


El momento en que la pareja López Obrador-Gutiérrez Müller se tomó las manos en el centro del escenario, junto a una niña extraviada con camiseta amarilla del PRD fue de lo más aplaudido.


Al nuevo López Obrador también le viene bien la nueva pancita del hombre entrado en años.


Pero al candidato presidencial lo distingue el talante de su nuevo discurso.


Hace seis años escogió como estrategia la confrontación dialéctica de la lucha de clases. Por el bien de todos, primero los pobres era su lema.


El López Obrador recargado es el arcángel de la lucha contra la corrupción. De la descopetada a los salarios de la burocracia dorada. De los ahorros por 300 mil millones de pesos que permitirán financiar el desarrollo nacional.


Mientras el tabasqueño hablaba una y otra vez de la honestidad, el rostro de José Juan Espinosa se ensombrecía.


Él, personificación de la corrupción de la izquierda poblana, extorsionador de alcaldes evidenciado en grabaciones al estilo Bejarano, tendrá lugar en el proyecto del tabasqueño si llega a Los Pinos.


La duda, el sábado por la tarde en el Hermanos Serdán lo carcomía.


***


Cuarenta años después de sus primeras correrías en el echeverrismo, Manuel Bartlett y Porfirio Muñoz Ledo son compañeros de viaje otra vez. El abrazo fraterno entre ambos al finalizar el mitin del Hermanos Serdán mostró que el priismo se lleva en el corazón sin importar el vehículo de militancia.


Nuevos y viejos actores de la izquierda poblana, aquellos que se convertirán en elite de la elite si el tabasqueño llega a la Presidencia, dominaron el foso y los lugares de invitados especiales. Se trata de una mezcla heterogénea en la que lo mismo conviven exmarinistas como Jorge Vázquez, jóvenes promesas como el candidato por Tepeaca, Miguel Carillo, y tristes realidades como Mario Vélez Merino.


Además de Bartlett destacaron ¿priistas? como Alejandro Oaxaca e Ignacio Mier.


Y por supuesto, pirruris ligados históricamente a la derecha como el abogado Mario Bracamonte, encargado de dar el discurso de bienvenida al tabasqueño.


Sí, se trata de un movimiento incluyente, en el que caben los partidos a los que López Obrador aborrece pero ya no necesita, gracias a Morena.


Es claro que la presencia de los dirigentes nacionales Jesús Zambrano y Alberto Anaya lo incomoda.


Son personajes enanos para tanto líder.


***


La movilización de López Obrador era seguida minuciosamente desde la Casa del Señor de los Cerros, como si algo oliera en el ambiente.


Casi por pura invocación, el tabasqueño tiró jabs de derecha a izquierda, golpes al aire, invocaciones sin sentido.


Como dirían en el pueblo, le jaló los déstos al tigre que dormía tranquilo y sólo veía pasar la elección del 2012.


El tabasqueño orilló a Moreno Valle a tomar bando.


El tiro, dicen, será derecho.


Y entonces sabremos si el llenazo en el estadio Hermanos Serdán será una anécdota más de la segunda derrota presidencial de López Obrador.

 

Eso, o su primera estación de llegada a Los Pinos.

 

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