Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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18/10/2010


Moreno Valle no tendrá lucha sucesoria ni delfín


El proyecto más importante del sexenio de Rafael Moreno Valle, el auténtico giro copérnicano, permanece oculto todavía incluso para muchos de los seguidores más leales del gobernador electo. Por sus alcances y por su trascendencia, hará que su nombre permanezca perenne en la historia de la entidad relacionado con una voluntad democrática inquebrantable. No en balde será el primer proyecto en someter a la primera Legislatura en la que el PRI no tenga mayoría. Se conoce genéricamente con el nombre de Reforma Electoral. Cualquiera pensaría una simple modificación al Código Electoral y sus instituciones reguladoras. No, irá más a fondo: tal reforma busca esencialmente modificar el calendario político de la entidad para cumplir el mandato federal de la homologación de las fechas de las elecciones. De acuerdo al proyecto inicial, el próximo gobernador sería electo en julio de 2018 para empatarlo con las elecciones presidenciales de ese mismo año, pero Moreno Valle termina su mandato el 31 de enero de 2017 de acuerdo con las disposiciones actuales. ¿Qué ocurriría en ese lapso de año y medio? Dado que el mandato no puede prorrogarse, tendríamos un mandatario de tipo provisional, designado únicamente para cubrir esos 18 meses, quizá un poco más en lo que se entrega el poder al mandatario electo para el periodo 2018-2024. Las implicaciones de tal reforma electoral en realidad la trascienden para convertirla en una auténtica Reforma Política. ¿Por qué?


Muy simple: el sexenio de Moreno Valle será el primero en el que no habrá lucha sucesoria y terminará con la lógica primaria del sistema político mexicano: el futurismo. Primaria y también contaminante. El nuevo gobernante, desde el principio de su trayecto, comienza vislumbrando el final y con esa lógica acomoda sus piezas políticas. Sus hombres cercanos inician una carrera silenciosa pero cruenta por ganar el título del delfín. Los grupos, empresarios y los medios se alinean conforme a esa batalla que durará seis años. Los periodistas ocupan ese tiempo en desentrañar y especular los movimientos sucesorios, su actividad favorita. Tras años de puñaladas, movimientos, golpeteo, por fin ocurre el parto. Un parto que puede ser feliz, como el que tuvo Melquiades Morales con Mario Marín, o infeliz como tuvo éste con Zavala. El parto del nonato.


Rafael Moreno Valle no tendrá lucha sucesoria porque no tendrá nada que legar, a menos que piense que vale la pena soportar una lucha inclemente por una miserable gubernatura de año y medio. En algún sentido, el gobernador electo será Alfa y Omega, principio y fin. La decisión por supuesto, indicado un altísimo contenido democrático que parece fácil pero es increíblemente difícil para el hombre de poder: renunciar a intentar imponer a un sucesor. Porque a estas alturas del México pluralista lo más que se puede es intentar, sin garantías de lograrlo: Marín soñó con ser el primer gobernador en poner gobernador, y todo terminó en pesadilla.


Para el hombre de poder la tentación es enorme y fuente de numerosos conflictos al interior del gobierno y del grupo en el poder. La lucha es salvaje, y el mejor ejemplo vive en Javier López Zavala, quien a la larga terminó pagando la acumulación de poder y los enemigos que genera. El gabinete suele partirse en dos o tres, y ello lo paga el trabajo de la administración pública. Ya se sabe que los políticos reptan, pero de alguna forma siempre permanecen con la vista en el futuro.


El término es académicamente incorrecto, pero el único aplicable a la situación que generará la Reforma Política en el sexenio morenovallista es la despolitización. Y sólo bajo esa lógica puede entenderse que las tres principales carteras del gobierno, Gobernación, Finanzas y Educación Pública, sean entregadas a personajes no poblanos. Por definición, ni Fernando Manzanilla, ni Cuauthémoc Sánchez Ocio ni Luis Maldonado Venegas podrán usar sus secretarías para generar un proyecto sucesorio. No podrán por carecer de poblaneidad y no querrán porque no habrá trono que recibir. Despolitizadas y sin lucha sucesoria, Gobernación, Finanzas y Educación Pública serán las dependencias motor de una auténtica revolución en la administración pública, y los burócratas podrán dedicarse al servicio público y no en poner sus estructuras al servicio de tal o cual personaje.


Sin futurismo, el único nombre que brillará en el firmamento poblano será el de Rafael Moreno Valle. Como lo dijimos, Alfa y Omega, principio y fin.


Mañana, otras reflexiones que llevan a Moreno Valle a tomar la decisión más importante del sexenio.

 

*** Sobre las semejanzas de la transición mexicana del 2000 y la poblana del 2010, no tiene pierde la columna “Puebla en perspectiva” del diputado electo Mario Riestra Piña. En su carácter de politólogo egresado del CIDE, se asoma al debate sobre las semejanzas y diferencias entre las coyunturas políticas que enfrentó Vicente Fox y que hoy enfrenta Rafael Moreno Valle. No se lo pierda.

 



 
 

 

 
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