Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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19/07/2011


El expediente millonario sobre los hombros de Lastiri


El PRI poblano no tiene armas ni soldados con qué oponerse al régimen morenovallista. El debate sobre la Reforma Electoral y especialmente sobre la vigencia del mandato del próximo gobernador, los ha desnudado. Ni la dirigencia encabezada por Juan Carlos Lastiri, ni el coordinador de la fracción tricolor en el Congreso, José Luis Márquez, pueden oponerse frontalmente al proyecto aunque así lo desean. ¿Las razones? Que uno y otro cargan pesados expedientes del pasado en forma de auditorías y procedimientos administrativos de responsabilidad. Cadáveres de su etapa zavalista guardados en el armario que amenazan salir caminando para degollar a ambos. Márquez abandonó la Subsecretaría de Sedeso junto con su jefe político, Javier López Zavala, quien le dejó la silla al hoy líder estatal para operar los recursos rumbo a la interna y la elección constitucional. El destino de ambos hoy está unido por sus firmas en el proyecto estrella de la dependencia: Unidos Para Progresar. Ambos saben que una hoja fina amenaza sus cuellos y por eso pretenden echarle la bolita a la dirigencia nacional sobre la postura que asumirán. Trasladar la negociación a un espacio superior donde sus intereses y libertad queden resguardados. Un espacio en el que Moreno Valle deberá comprar más caros los consensos y recurrir a la intermediación de Elba Esther.


La hoja de ruta del morenovallismo calculaba que para esta semana se obtendrían los consensos necesarios sobre el minigobernador y para la próxima podría estarse aprobando en el Pleno. El tiempo es una prioridad dado que cada día que acerca al 2012 es un elemento más de descomposición del escenario local. Para privilegiar la reforma se aceptó incluso dilatar otros asuntos importantes, como la caída de Víctor Manuel Hernández Quintana. Y los tiempos se hubieran cumplido a la perfección si Juan Carlos Lastiri no le hubiera pasado la bolita caliente al CEN nacional: bastaba asumir el costo político y así continuaría viviendo en la tranquilidad del dinero con oscuro pasado. Los cadáveres jamás habrían saltado del clóset. Lo mismo aplica para José Luis Márquez. Pero entre ambos complicaron todo y entonces sus expedientes fueron desempolvados.


En los liderazgos locales del PRI se encuentra el veto principal al minigobernador: si los próximos comicios se van a celebrar en 2016, cuando Enrique Peña Nieto ya sea presidente de México, ¿Por qué retrasar el regreso a Casa Puebla? Los tricolores piensan en la lógica de la restauración autoritaria, en el retorno de los brujos. Sin embargo, en el CEN hay una lógica diferente: homologar los procesos locales para que la elección a gobernador se empalme con la de presidente es un atentado contra el federalismo. ¿Por qué? Porque hace pender la lógica de la elección local de las coyunturas posibles a nivel nacional. Imagine los dos últimos procesos electorales locales si se hubieran llevado a cabo el mismo día de la elección del Ejecutivo federal. En la ola de Vicente Fox, un panista hubiera arribado a Casa Puebla, y probablemente hubiera ocurrido lo mismo en el 2006, aunque entonces el rival hubiese sido el PRD y no el PRI. En el 2018, la coyuntura nacional puede barrer con la estatal.


Por ello la visión del CEN tricolor: la homologación debe aprobarse en el sentido de que la elección de gobernador en Puebla vaya aparejada a la renovación de la Cámara de Diputados, es decir, los comicios intermedios. En concreto, aprobar al mandatario de cuatro años siete meses para que el próximo mandatario de seis años se elija en 2021, años de los comicios intermedios. Así, lo que ocurra en Puebla dependerá de las lógicas estatales y no de las nacionales.


Pero Rafael Moreno Valle tiene un proyecto. Y los aliados necesarios para convencer a Enrique Peña Nieto y Humberto Moreira para que sean ellos quienes avalen al minigobernador de 22 meses. Específicamente Elba Esther Gordillo pese a sus horas bajas. El problema es que el calibre de negociación cambia: no es lo mismo presionar a Lastiri con su libertad, dados los antecedentes relatados por Mario Alberto Mejía y los depósitos misteriosos —e ilegales— en siete cuentas, que ceder a las peticiones de Peña Nieto y de Moreira.


Que nadie se engañe: el gobernador Moreno Valle está dispuesto a una negociación racional con el CEN tricolor, así que apuesta a que tendremos minigobernador de 22 meses. Pero tampoco está dispuesto a olvidar quién encareció la negociación: Juan Carlos Lastiri. Así que nadie se sorprenda si un día ve caminando por la calle al dirigente estatal del PRI y le cae encima un expediente de varios millones de pesos. Serán accidentes comunes y corrientes en los días por venir.

 



 
 

 

 
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