Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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20/01/2011


La guerra cesó con una paz precaria: el modelo de pago por evento


El PRI desistió de forzar las matemáticas políticas para alcanzar la Gran Comisión y prefirió negociar posiciones administrativas en el Congreso local que originalmente no le correspondían y fortalecen su posición. La operación de emergencia encabezada por Rafael Moreno Valle y aterrizada por Fernando Manzanilla recondujo la guerra al interior de Compromiso por Puebla, por lo que los cuatro partidos llegarán juntos al órgano de gobierno del poder Legislativo, y por ende, a la toma de protesta. La verdad acerca de cómo se solucionó la primera crisis del sexenio se encuentra en algún punto medio de ambas premisas. Es cierto que José Luis Márquez, respaldado por Marín, no quiso romper los acuerdos con el morenovallismo, pero tuvo elementos para forzar la pelea. Y del otro lado, tras la sorpresa inicial, los aliancistas espabilaron e iniciaron el cabildeo personalísimo —con amigos y enemigos— para reparar lo que solitos habrían quebrado. La paz al interior de Compromiso por Puebla, sin embargo, luce precaria. Los 20 diputados que azorados asistieron al exabrupto de José Juan Espinosa y ahora el regreso a la mesura, intuyen que el chantaje sí paga. Saben que cada uno de ellos puede inclinar el fiel de la balanza, por lo que ahora el gobierno morenovallista sufrirá en cada votación para asegurar lealtades de los propios y, cuando se cansen, siempre podrán recurrir al PRI, partido al que nunca asquean los pactos debajo de la mesa.


Como lo anunciamos ayer, Guillermo Aréchiga perdió, y perdió mucho. Su relación con Fernando Manzanilla se encuentra francamente deteriorada, según los testigos de la reunión que ayer mantuvieron los coordinadores de las fracciones parlamentarias. Su enojo es evidente, puesto que José Luis Márquez ganó lo que él perdió en un juego de suma cero. El tricolor claudicó gracias a que dispondrá de la Secretaría General del Congreso, la Dirección de Apoyo Parlamentario, la subdirección administrativa y tres posiciones en Comunicación Social. Eran posiciones del Panal, pero ahora serán del PRI. Y con anuencia de Moreno Valle, lo que se traduce como una censura explícita a los errores cometidos por el “Profe”. El partido magisterial se descarriló por los errores de uno de los hombres más cercanos a Elba Esther Gordillo.


Queda en el ambiente si Moreno Valle cedió al aparente chantaje de José Juan Espinosa, una vez que voces insidiosas del búnker de la transición filtraron que la postura del “Niño Naranja” provenía de su molestia porque a su esposa Nancy de la Sierra no le entregaron el IAPEP u otra posición relevante. En política las claudicaciones siempre son sospechosas. ¿Por qué Espinosa moderó su tono al final, anunció que apoyará a Memo Aréchiga y hasta tendrá un asiento en la Gran Comisión con derecho a voz, pero no a voto? ¿Qué le dieron a cambio?


La cuestión es grave, puesto que cayendo en el chantaje naranja el morenovallismo enviaría una pésima señal a los poderes fácticos y los grupos de presión. La política sería reducida a algo así como el “pago por evento”. En efecto: en vísperas de cada votación trascendental —reformas legales o nombramientos—, diputados interesados harán correr la especie de que no votarán, que se rebelarán e incluso están dispuestos a ir a las últimas consecuencias. Darán declaraciones tronantes a los medios e incluso abandonarán las sesiones de forma espectacular. Mientras tanto, forzarán negociaciones para obtener prebendas a cambio de su voto. El gobierno morenovallista puede haber iniciado una política del chantaje por la vía legislativa. Una tortura a mediano plazo.


La decisión de incluir en el organigrama de la Secretaría General de Gobierno una Subsecretaría de Enlace Legislativo puede resultar un exceso dado el sistema unicameral de 41 diputados, pero en realidad creo que es una iniciativa brillante de Manzanilla. Con diferencias tan cerradas y la amenaza de posibles chantajes, muchos ojos deberán estar al pendiente de la relación y temas con el poder Legislativo. Siempre será mejor el exceso de celo que el exceso de confianza. Es una prueba, además, de que el morenovallismo es sensible para enmendar los errores cometidos. Y eso es siempre una buena señal.


En todo conflicto siempre hay ganadores y perdedores. Es inevitable en cualquier ejercicio de confrontación: de hecho, es su naturaleza. Nadie arma una pelea para perder. Pero en conjunto, el morenovallismo perdió en su primera prueba con la realidad. La transición ya se acabó, ese espacio sin ley en el que cada grupo buscó su reacomodo como quiso. Las obligaciones de gobernar son muy diferentes a las borracheras de la victoria o las ansias de persecución. Gobernar significa tomar decisiones y todas las decisiones son costosas, puesto que benefician a unos y perjudican a otros. La hora de gobernar llegó ya: todos los puntos de vista deben ser incorporados y meditados. Se acabó la cómoda transición en que todo era expectativas y ningún costo. Si esta prueba fue difícil, a los operadores del gobernador electo les quedan como 365 días multiplicados por seis. Hay un sexenio por delante.

 



 
 

 

 
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