Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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20/08/2010


La guerra tonta de la semana


En su obra inmortal sobre la conflagración armada, Klausewitz establece tres tipologías clásicas sobre las guerras: estratégicas, preventivas e inútiles, y concluye que estas últimas no existen. Dado que un enfrentamiento esencialmente es un desgaste de recursos materiales, humanos y financieros, la guerra siempre debe tener un objetivo: la conquista de tierras o ventajas tácticas o, en su defecto, la resistencia anticipada a una guerra futura en situación de debilidad. El corolario teórico es que nadie inicia una guerra sin expectativas de ganancia. En este sentido, la declaración de guerra ordenada por el rector es, a todas luces, absurda: prácticamente la guerra tonta de la semana, porque nadie tiene nada qué ganar.


El enfrentamiento de ambos a lo largo del sexenio marinista tenía un sentido, porque los dos buscaban la candidatura del PRI al Gobierno estatal. En otras palabras, disputaban la misma silla. El hoy rector se alejó de su antecesor para acercarse al gobernador Marín y ser considerado como una carta sucesoria. La derrota tricolor, sin embargo, provocó que ambos corran en pistas diferentes: uno espera hacerse de los restos del naufragio y/o convertirse en coordinador de la bancada priísta en el Congreso; y al otro le restan tres años de rectorado. Cualquier aspiración común, por ejemplo, la senaduría, se mueve en la expectativa del mediano plazo de por lo menos año y medio. ¿Qué se pelean Agüera y Doger? Desde el punto de vista estratégico, nada.


Agüera acusa a Doger con índice de fuego: lo hace responsable de la guerra sucia ejecutada por el libelo digital Acento 21, pese a que en esta misma semana los diarios El Columnista y CAMBIO probaron que el sitio pertenece a Fátima Monterrosa y Daniel Pensamiento Liévano, reporteros de Televisa y Notimex respectivamente. Luego, a través de un sobrino resentido, la acusación gira a un presunto intento del exrector por retornar políticamente a la Máxima Casa de Estudios a través de Fernando Lavadié, un operador de tercera, espía chino. ¿Con qué objetivo? “Vender consensos o información al nuevo gobierno? El muchacho debe ser tonto: el único regreso interesante de Doger a la UAP sería para postularse nuevamente al cargo de rector, algo para lo que está imposibilitado jurídicamente. Y dos, para impulsar un perfil rumbo a la sucesión de Agüera, un fenómeno que ocurrirá hasta dentro de tres años. Todo lo demás es ociosidad y pérdida de tiempo para los objetivos auténticos de Doger: controlar al nuevo PRI en el final del marinismo.


¿Qué ganaría Doger pagando a dos periodistas del ámbito nacional para desprestigiar a su tocayo y enfrentarse de paso con un grupo importante de empresarios cuyos nombres también han aparecido en el libelo electrónico? ¿Podría destronar a Agüera del rectorado? ¿Disminuir el prestigio de su sucesor a través de un pasquincillo sin credibilidad? ¿Manchar su trabajo? ¿Enemistarlo con alguien? A simple vista no aparecen motivaciones.


Ahora supongamos que Agüera, tras la embestida ordenada ayer, logra expulsar a Doger de la comunidad universitaria. ¿Con ello detendrá los supuestos ataques del hombre que le cedió el poder? ¿Le cerrará el paso a alguna aspiración dentro de la institución universitaria? ¿Lo matará de hambre quitándole su pensión? O, por el contrario, ¿le dará incentivos a Doger para que desde su curul en el Congreso lo incordie los siguientes tres años? ¿No podría promover en su papel de diputado investigaciones contra los manejos financieros de la institución?


Sin embargo, ya con la guerra declarada desde el bando agüerista, lo único que falta es que se active el ventilador y se suelte la mierda de ambos lados. Seguro los dos contendientes terminarán bañados y perderán, a los ojos de la ciudadanía, un capital importante de credibilidad que les puede servir en el futuro para continuar su carrera política. Los periodistas ya eligieron bando, pero el proceso electoral nos enseñó que los medios van por un lado y los ciudadanos por otro, así que los primeros no podrán influir a los segundos. Los calificativos de corruptos y ladrones se aplicarán por igual a Doger que a Agüera.


Como lo único que pueden ganar ambos contendientes es desprestigio, en lo personal creo que asistimos a la guerra más absurda de la que se tenga memoria. Una guerra sin coordenadas ni lógica. Ambos deberían recordar que se encuentran en el bando que perdió la gubernatura, y que Moreno Valle aplaudirá con felicidad el enlodamiento de dos priístas que sobrevivieron al naufragio, y que juntos podrían presentarle una sólida oposición.

 

Ésta no es una guerra de intereses, sino de egos. Lo mejor es ir a comprar unas palomitas y sentarnos a ver el teatro de las operaciones.

 



 
 

 

 
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